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lunes 25 de septiembre de 2017 
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 Historia de la Astronomía en Argentina: El Observatorio Nacional Argentino

Santiago Paolantonio1*
spaolantonio@argentina.com
Edgardo Ronald Minniti
2*

EL OBSERVATORIO NACIONAL ARGENTINO1
El final feliz de una intrincada trama internacional

 

1. Basado en el trabajo presentado en las V Jornadas de Historia de Córdoba, Semana de Córdoba 2004, Córdoba y su Historia siglos XVI al XX, 1 al 3 de Julio de 2004, con la inclusión de imágenes.
2. Premios H. C. Pollock 2005, Grupo de Investigación en Enseñaza, Difusión e Historia de la Astronomía, Observatorio Astronómico, Universidad Nacional de Córdoba.

Los conceptos, a veces llevan a una interpretación simplista de los hechos, solapan la complejidad de los acontecimientos, ocultando la multiplicidad de intereses, protagonistas y factores de poder en juego, aún en aquellas situaciones que se aíslan para su consideración puntual, en la búsqueda de una mejor comprensión de acciones confusas o inciertas. Es entonces cuando del historiador se exige esa sutil condición particular que bien puede denominarse imaginación histórica, para recrear hechos que llegan fragmentarios, dispersos y aparentemente inconexos, para dotarlos de la fuerza vivencial necesaria a su esclarecimiento.

Hoy nos distrae un pequeño grupo de extraños que, con especial dedicación y profunda profesionalidad del espíritu humano, transformaron la Argentina, proyectándola al primer nivel internacional. Las distinciones que los países más avanzados otorgaron al país por sus logros en campos hasta entonces restringidos a ellos, hablan elocuentemente de la capacidad y potencial desplegado por la nación y esa gente, en procura de sus objetivos de grandeza común. Del acontecer, no fueron ajenos ni el Chacho Peñaloza, ni López Jordán, como participes secundarios imprevistos e indirectos. Su protagonismo no fue producto de la decisión caprichosa de algún iluminado, ni de esos accidentes tan particulares a que nos acostumbra el hecho histórico habitual. Resultó la consecuencia de diversas causas concurrentes, en particular la voluntad y el esfuerzo personal. Dos ejes tuvo la acción: el multifacético Domingo Faustino Sarmiento y el genial norteamericano Benjamin Apthorp Gould, ese hombre destacado en la elite científica europea que, despreciando reemplazar a Gauss en la cima del poder y del conocimiento, optó por venir a la Argentina, a jugar su prestigio profesional detrás de proyectos dictados por su maestro de Bonn, el célebre Argelander.

Figura 1. D. F. Sarmiento.

La obra está allí, frente a nosotros y perdura, para orgullo de la Nación, aún cuando sus actuales integrantes ignoran en su gran mayoría las situaciones determinantes de la misma.

La raíz

Sin tener conciencia de ello, Sarmiento camino al exilio en Chile el 18 de noviembre de 1840, comienza a transitar la senda del Observatorio Astronómico.
Fue durante su permanencia en dicho país, cuando servía a Mont, que entabló relación y trató muy de cerca al  Teniente Gilliss, Director fundador del Observatorio Astronómico emplazado durante 1849 en el Cerro Santa Lucía, Santiago de Chile, por la expedición norteamericana que comandaba, con quien se vio ligado por una particular amistad. Cuando el mismo se ausentó para regresar a Norteamérica, le obsequió como recuerdo un pichiciego (armadillo). Años después, desde el país del norte diría en una carta  con cierto humor recordando el hecho: “el único clamiforus que existe en Estados Unidos”. Es evidente que ese contacto le brindó la información necesaria para tomar conciencia de la importancia que tenían las determinaciones de posiciones celestes y las consecuencias de las prácticas astronómicas para el progreso de los países en vías de expansión. Dicha persona, a su vez, es citada por Gould en su primera carta a Sarmiento, en la que destaca el conocimiento que de Gilliss tenía Sarmiento, poniendo en evidencia conversaciones previas sostenidas por ambos sobre el tema central que le preocupaba personalmente: la expedición astronómica austral.

Figura 2. El observatorio sobre el cerro Santa Lucía en Santiago de Chile



Se estima con muy poco margen de error, que sería Gilliss quien hubo impuesto al astrónomo norteamericano Benjamin Apthorp Gould las bondades de Córdoba para la observación astronómica, y seguramente de la predisposición de Sarmiento para apoyar la empresa. Debemos recordar que Gould fue amigo de Gilliss, y es él quien realizó los cálculos de las observaciones de paralaje de Venus y Marte que aquél efectuó en Chile.  

Gould cuyos estudios lo volcaron primordialmente a la astronomía de posición, trabajó en este sentido mientras dirigió el Observatorio Dudley en Albany y luego de renunciar al mismo, en su observatorio particular. En la época, era evidente la necesidad imperiosa de estudios precisos del cielo austral, solo débilmente observado por unos pocos astrónomos en forma no sistemática. Gould estaba especialmente al tanto de esta situación por haber trabajado en Alemania con Argelander, quien estudió exhaustivamente el hemisferio norte celeste con un grado de profundidad aceptable para la época. Fue él quien examinó el estado de avance de las observaciones astronómicas y destacó el gran desequilibrio entre el conocimiento de los hemisferios celestes boreal y austral, conocimiento más que necesario para seguridad en la navegación internacional de altura, con veleros de gran porte y fijación de posiciones terrestres en sitios remotos. 

Figura 3. James Melville Gilliss.

Por ello en un comienzo Gould planificó una expedición similar a la del Teniente Gilliss y puso sus esfuerzos en su concreción.

Embajador Sarmiento

El día 5 de mayo de 1865, Domingo F. Sarmiento desembarca por segunda vez en Nueva York muñido del cargo de Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República Argentina. Son oscuras las razones de su designación. Se sostiene habitualmente que la causa es alejarlo de la arena política local. Sin embargo nadie puede desconocer que ello ocurre cuando comienza a ponerse tirante la situación regional, desembocando en la guerra con el Paraguay, terminada la guerra de Secesión en Estados Unidos. La Argentina contaba con planes incipientes de desarrollo, que requerían mano de obra especializada y profesionales de todo orden. Además es acompañado por el propio hijo del Presidente, "Bartolito" Mitre, que le hace de secretario, lo que permite presuponer un carácter más que especial para la misión.

Figura 4. D. F. Sarmiento embajador en E.E.U.U. (Sentado a la izquierda). Parado a la derecha
“Bartolito” el hijo del Pte B. Mitre.

Desatada la guerra, en Estados Unidos existía no solo una clara opinión contraria a la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay), sino que las simpatías gubernamentales y populares se inclinaban abiertamente a favor de Paraguay, llegando a convertir a Solano López en un héroe mítico que defendía una pequeña nación.

Innegables son las relaciones que el flamante embajador establece con oficiales de alta graduación y profesionales confederados que le ofrecen sus servicios; como así con proveedores de armas y otros suministros bélicos.

No por ello descuida el amor de sus amores, la educación. Dieciocho años antes había visitado el país con el objeto de estudiar la misma por encargo del gobierno chileno, donde desempeñó una intensa actividad magisteril, que dio por resultados la fundación del Colegio Normal en Santiago, entre otros.

Si bien aquella visita fue relativamente breve y en condiciones de extrema precariedad económica, son abundantes las anécdotas de las difíciles situaciones pasadas entonces por ello, le permitió establecer contacto con una prominente familia de educadores de Nueva Inglaterra, la de Horace Mann, cuya viuda - Mary Peabody - lo vincularía con los máximos exponentes de la cultura y educación estadounidense.
Como consecuencia del extravío de sus credenciales al cruzar el istmo de Panamá al viajar desde Perú a Nueva York, por pérdida de uno de sus baúles, no pudo asumir oficialmente su rol hasta que recién en noviembre llegaran los duplicados de los papeles habilitantes. Sin embargo le fue permitido participar en Washington desde el palco oficial de la revista de tropas del Potomac, con la presencia del Presidente Johnson, los generales Shermann, Grant y Meade. Desfilaron entonces 200.000 hombres.


Figura 5. Mary Peabody Mann.

Característica de su atípica conducta personal, fue la actitud de fijar su residencia en Nueva York, en lugar de hacerlo en Washington, destacando con ello su firme voluntad de acercarse lo más posible a lo que constituiría el eje de su actuación: Boston. Centro educativo y radiador de cultura de un nivel sorprendente para la época y productor de la mayoría de los dirigentes, empresarios y científicos, que habrían de regir los destinos del país en la segunda mitad del siglo pasado.

Fue incesante su producción de artículos en los diarios locales, buscando volcar la opinión pública a favor de Argentina. Con ese mismo fin fundó el periódico Ambas Américas. Su tesón y los contactos que estableciera, ayudaron a vencer la reticencia primaria y el egoísmo puesto de manifiesto por la prensa en un principio. ¡Argentina contaba con alguien que sabía hacerla ver en una sociedad que le era adversa!
El desaliento lo tocó directa y profundamente. Como consecuencia de un hecho bélico, perdió la vida su hijo Dominguito.

No obstante esa carga - o tal vez como consecuencia de ella - redobló su actividad y dio comienzo a la etapa más productiva de su estadía en el lugar.

A mediados de setiembre visitó en Concord a su muy íntima amiga Mary Peabody Mann, viuda entonces.
Esa notable, extraña y magnífica relación trajo consigo los contactos más celebrados y benéficos para su persona y el país.
Nadie puede desconocer que por su intermediación se concretó el vínculo Sarmiento - Gould y se desarrolló el programa que dio como consecuencia el viaje de las famosas maestras norteamericanas a la Argentina, que tanta trascendencia tuvieron en el desarrollo de la educación moderna en el país y la aniquilación de un medievalismo pernicioso en los primeros niveles de formación.

Ella tradujo al inglés y favoreció la difusión de Civilización y Barbarie - o el Facundo si se prefiere -, destacada obra del ilustre sanjuanino que llegó por ello a conocerse y merituarse más en el exterior que en nuestro país.

Estableció relaciones con Emerson. Frecuentó la Biblioteca de Cambridge, donde fue invitado a suscribir el libro de visitantes ilustres. Para ello se le facilitó la pluma que había utilizado Jerónimo Bonaparte y el general Grant.

Reunió gran cantidad de información sobre economía, política, educación y derecho que trajo consigo al país, haciendo suyo aquello de que es un requisito elemental para la libertad, la supremacía de la ley; como así que la educación es la base para la verdadera libertad de los pueblos. Esos preceptos, constituyeron su bandera, una enseña que no arrió jamás.

En carácter de Miembro Honorario de la Rhode Island Historical Society, dio una conferencia en una de sus reuniones generales, en Rhode Island.

Asistió a las reuniones de la Asociación de Maestros Nacionales en Indianápolis. Promovía incansablemente la cooperación intelectual entre ambas Américas.

El 15 de junio de 1867 embarcó para Francia con miras a visitar la Exposición de París y a su amigo Thiers, regresando el 23 de julio a Nueva York.

En Pensilvania conoció a Ida Wickersham, otro de los amores de su vida y la única relación que por sus características peculiares, también debe tenerse en cuenta, dada la influencia que tuvo en la conducta posterior del embajador. 1868 trajo consigo el fin del mandato de Mitre, su visita al oeste de Estados Unidos, el otorgamiento en Ann Arbor del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Cincinatti, el retorno a la Argentina y su elección como presidente de la Nación.

El 23 de julio de 1868 el Merrimac, al separarse del embarcadero en Nueva York, cierra el peculiar periplo por tierras del norte de tan especial hombre público. La partida y el pesimismo que sentía por los resultados de las elecciones que se llevaban a cabo, ensombrecían su faz. Recién en Río de Janeiro vería asomar el sol de su futuro con las primeras noticias de su triunfo.

El contacto

Sarmiento, luego de visitar a su amiga Mary Mann en Concord,  y de almorzar con Waldo Emerson, a mediados de setiembre de 1865, en virtud de los vínculos de ella, es invitado a concurrir a Cambridge, donde conoce entre otros hombres de ciencia, al astrónomo Benjamin A. Gould. Como se expresara, todo hace suponer que aquella primitiva relación con Gilliss fue el eje sobre el que giró la relación inicial con Gould, conforme lo indica el propio Sarmiento, al enviar a la Argentina copia de la primera carta que le cursara éste; como así su respuesta a la misma, hábilmente utilizadas mediante su difusión periodística para promover su persona con fines políticos.

Figura 6. Benjamin Apthorp Gould.

Al día siguiente del encuentro inicial, Sarmiento se traslada a Boston y se aloja en la casa del astrónomo, casado con una Quincy Adams, poderosa familia bostoniana, a la que no le son ajenos presidentes, intendentes y políticos diversos. Visita su observatorio particular donde queda impresionado con la observación de débiles estrellas circumpolares y el instrumental de que dispone. Se vincula además con diversas personalidades y organismos educativos de la zona, particularmente la Universidad de Harvard, que visita durante dos días - para interiorizarse del funcionamiento de sus Institutos -  y la Asociación de Educadores de Massachusetts.

Figura 7. Mary A. Quincy Adams de Gould. Hija del presidente de la Universidad de Harvard, pariente de varios alcaldes de Boston y nieta de dos presidentes de EE.UU.

Ya para entonces Gould había precisado los objetivos, conforme sus propias palabras: “después de estudiar e inquirir mucho acerca de los parajes más adaptables  a observaciones astronómicas, he arribado a la convicción de que la ciudad de Córdoba en vuestra República, por su posición geográfica, la pureza de su atmósfera, la excelencia y salubridad de su clima, y el conveniente acceso para los materiales requeridos para un Observatorio; así como también por estar libre de los temblores de tierra, que tan frecuentes son en la parte occidental de aquel Continente, reúne condiciones favorables para un Observatorio Astronómico, superiores a cualquier otro punto que pudiera ser convenientemente elegido.”, en contra de lo aseverado por algunos investigadores que Sarmiento lo convenció para encaminarlo hacia Córdoba.

No puede dejar de destacarse que con posterioridad en una correspondencia privada, Gould se queja del error a que fue inducido en el vamos, pues las condiciones ambientales cordobesas no eran precisamente las más propicias para el ejercicio astronómico continuado, por sus vientos frecuentes - que hacían modificar abruptamente las condiciones de transparencia atmosféricas - el polvillo de su atmósfera  y la bruma nocturna común en ciertas épocas del año, quitaban calidad a un porcentaje no despreciable de noches.

Entusiasmado, Sarmiento alerta a sus amigos de la ciudad mediterránea sobre los planes de establecimiento del Observatorio en la misma, mencionando inclusive la posibilidad de la instalación del observatorio “en los altos” aledaños a la ciudad y les pide que vayan preparando las facilidades para su emplazamiento. Este hecho denuncia también que los deseos de Gould estaban apoyados en un cabal conocimiento indirecto no solo de las condiciones, sino del sitio propuesto.

Es indudable que para octubre de 1865, Sarmiento ya había hecho suya la factibilidad de un observatorio en Argentina, conforme lo expresa en la respuesta a la requisitoria del astrónomo. Sin olvidarse ni un instante de ello, recuerda a Gould en varias oportunidades, particularmente en su divulgado discurso de Providence.

Establecido sólidamente el vínculo, Gould logra una promesa condicionada de apoyo pleno, luego de formalizar el pedido por una nota dirigida a Sarmiento el 14 de octubre de 1865, prontamente contestada el día 16; que se ve frustrada circunstancialmente en enero de 1866, por la carta que desde Argentina le dirige directamente el Ministro Dr. Eduardo Costa; la misma impone la imposibilidad de llevar adelante los planes en tal sentido apoyados fervientemente por el representante argentino, por razones de índole económica, derivadas de la guerra con el Paraguay.

Gould, que a todas luces hace caso omiso de esta respuesta, no ceja en la búsqueda del compromiso necesario para concretar su proyecto. En procura de ello, organiza para el miércoles 3 de abril de 1866 una reunión social en casa de Rutherfurd, en el 179 de la 2da Avenida,  Nueva York, con la asistencia de diversas personalidades de distinto carácter y rango, a la que es invitado el Embajador Sarmiento. Todo parece indicar que fue el objetivo central de la misma su concurso, constituyendo una clara evidencia de su "labor de seducción”.

Deslumbrado y con una excelente fotografía de la Luna bajo el brazo, días después brindará en una larga carta detalles del encuentro, demostrando un gran entusiasmo por tal despliegue de técnicas novedosas, resultado de la casual reunión del dinero, las artes mecánicas y el ingenio yanqui, como ponderaría el propio Sarmiento, en una poco conocida misiva que recuerda aquella reunión:

Figura 8. Lewis Morris Rutherfurd. Inventor y astrónomo aficionado.

"He aquí los que me acuerdo: Mr Ballarfairlod, el célebre viajero que ha recorrido la Europa a pié a descrito la Hungría, visitado la Laponia y la Siberia, recurrido la Turquía y el Asia; poeta y literato célebre además, Mrs. Failord hija del célebre astrónomo alemán Hancen De Gotha - Mr Eheiniger pintor de paisajes y de historia. Mr Anmaises Rovd el primer profesor de física de los Estados Unidos - General Pinton profesor de la Escuela de Minas - Profesor Mr Russel secretario de la Sociedad Histórica - Mr Bell fiscal del distrito de Nueva York. Varios otros abogados, jóvenes y señores sin contar con el astrónomo Gould huésped de la casa y a cuya intersección debimos tan científica reunión. El dueño de casa es un sabán que a los dones de la fortuna y a los gustos artístico de que es muestra su habitación reúne dos cualidades singulares, una es la de ser uno de los mecánicos más ingeniosos, y la otra es el primer fotógrafo del mundo. Con dinero para los gastos, con hábiles manos para ejecutar las máquinas y aparatos que concibe para la realización de sus ideas, y con los mejores aparatos fotográficos, un día se propone fotografiar la Luna, con sus montañas, valles, y espantosos barrancos o abismos, y obtiene ejemplares más grandes que el natural, con asombro y alegría de todos los astrónomos del mundo. Animado con tan completo éxito le emprende con el cielo estrellado, inventando aparatos asombrosos para someter el microscopio al telescopio, y dejar en negativo estampado, las estrellas con sus magnitudes, y distancias. Las Pléyades (las siete cabrillas) estando en el camino de la Luna, sirve para medir por las sucesivas, ocultamiento la distancia a la Tierra. Todo está en medir exactamente la distancia de la una a otra. El mapa o la mensuración obtenida, a más de los sufrimientos que importe, observación tan prolija, demanda seis meses de trabajo. Mr Rutherfurd dentro de su gabinete sobre tapices muelles, obtiene la copia en vidrio de las Pléyades y 40 estrellas vecinas más, y entonces la mensuración puede hacerse a la punta del compás. Mr Gould ha sido llamado de Jombridge para revisar y apuntar la memoria que anunciará al mundo astronómico la sencillez del resultado, de que le darán las gracias por las penas y tiempo que va a ahorrar. Tendremos mapas estelares más exactos que los de topografía. He aquí un resultado obtenido por la casual reunión del dinero, y de las artes mecánicas, y del genio yanky".

Se me hace una seña, me escabullo del salón y soy introducido al Sancta Santorum laboratorio del mágico. Allí está un telescopio el segundo en poder de los Estados Unidos: aquí el salón de trabajos erizado del único micrómetro existente en la tierra, pues este es el primero inventado; ''Tercospectrum'' para la descomposición de la luz con el cual ha podido determinar el valor de la que arroja casa sustancia mineral, y por tanto saber que los habitantes del Sol, careciendo de oro, plata, cobre, aunque otros metales tengan deben usar greenveaes, o papel moneda para sus transacciones comerciales, Mr Rutherfurd ha perfeccionado la fuga de los cristales que forman los prismas, e inventado un aparato para agrandar y achicar a voluntad el círculo, haciendo siempre que coincidan las tangentes de los ángulos, operación que se hace al tanteo, y demanda horas de fastidiosos ensayos. Mas allá está el laboratorio o botica de la fotografía - más allá está el taller del mecánico, rabee, herrero, broncero, óptico, etc, etc. Como recuerdo de haber sido iniciado en los secretos de la astronomía práctica, el autor me obsequia una fotografía de la Luna
".


El arribo

Con Sarmiento en la Presidencia y una partida presupuestaria para el Observatorio Astronómico, se dicta el decreto de designación de Gould como director organizador del emprendimiento, autorizándoselo a contratar dos ayudantes con una inversión de $ 4.500 anuales.

Figura 9. Detalle de la foto de la Luna obtenida y firmada por Rutherfurd.

Gould, notificado de la decisión, procede a contratar cuatro ayudantes por ese importe: Hatway, Rock, Thome y Davis. Jóvenes universitarios de destacada actuación posterior. Asimismo, acelera la confección del instrumental que tenía encargado en Europa para la misión propia y restablece los contactos con los principales observatorios del viejo continente para asegurar apoyo a su nueva empresa.
Con ese bagaje y su familia, se traslada al país.

La Nación informa a sus lectores a fines de agosto de 1870 que en breves días partirá para Córdoba el Doctor Benjamin A. Gould acompañado por el Inspector de Colegios Nacionales “con el objeto de ver donde se ha de plantar el Observatorio”. El Inspector pasaría luego de cumplir con sus funciones en Córdoba, a visitar colegios de Salta, y Tucumán. Es evidente, que ese particular cicerone tenía expresas instrucciones del Ministro Avellaneda para guiar al ilustre astrónomo en su introducción a Córdoba.

Esa misma noticia hace que el 8 de septiembre, El Eco de Córdoba indicara a los “buenos cordobeses” la conveniencia de una manifestación popular a Mister Gould que debe llegar muy luego (sic). Remarcando “que ese sabio conozca que al pueblo de la ciudad le es simpático, no como pretendieron hacerles creer los fariseos de la prensa”. Destaca el diario que Gould con sus observaciones astronómicas, dará fama y renombre a Córdoba. Insistiendo en que “nosotros anticipadamente debemos pagar este inestimable servicio”.

Figura 10. Córdoba en la década de 1870 (vista desde el Observatorio).

La llegada se produjo el día 8 de septiembre en horas de la noche. La prensa no permanece indiferente"; dos días después se manifiesta “Su venida es un acontecimiento para nos y por eso al felicitarlo de su feliz arribo, nos congratulamos al saber que Mr. Gould forme un buen juicio del pueblo de Córdoba, ya en lo que respecta a la totalidad de sus habitantes, ya también en sus costumbres y educación social”. Esta vez la figura del Inspector Nacional de Escuelas, su acompañante, el señor José M. de Torre, ha pasado a segundo plano.

Se aloja en casa de unos amigos en el centro de la ciudad, rechazando hacerlo en un hotel.

 Concedido un margen de descanso por el no fácil trayecto desde Buenos Aires a la ciudad mediterránea, el domingo 11 después del atardecer, el Rector y el  Vicerrector de la Universidad acompañados por un nutrido grupo de alumnos se acercaron al alojamiento de Gould para manifestarle la bienvenida en nombre de esa Alta Casa de Estudios. Se hallaba presente la Banda del Colegio Monserrat, dirigida por el Profesor Inocente Cárcano. Gould dirigió emocionadas palabras de agradecimiento y complacencia a los presentes, lamentando no poder hablar todavía el rico idioma español y recalcando notablemente, que le producía una profunda honra poder unir su nombre al de la Universidad de Córdoba. El Rector, Dr. Lucrecio Vázquez, respondió en su nombre y en el de los catedráticos y estudiantes, destacando el significado de la presencia del sabio en Córdoba. Se compartieron algunos vasos de cerveza. La familia Gould se sentía feliz por tan cálida recepción. Tras los apretones de manos, los estudiantes se dirigieron en manifestación a la plaza central enarbolando banderas argentinas y norteamericanas.

Los vecinos se hallaban gozando de la retreta cuando las ruidosas exclamaciones de los manifestantes, acompañadas de bombos y platillos, los sorprendieron. No era usual en la villa sucesos imprevistos tan ruidosos. El temor de un disturbio de proporciones determinó que “pusieran en derrota a las damas y algunos tantos caballeros que se encontraban endulzando el oído con la armonía de la música”.
Desde su alojamiento en el centro, la familia del astrónomo se trasladó a la hermosa quinta de José María Aldao, situada al lado de las instalaciones de la Exposición y frente al paseo Sobre Monte. Esa quinta por sus características y confort, era la mejor casa de recreo de Córdoba. Evidentemente, la ciudad se preocupó por distinguir al sabio, quien, por otra parte - como se verá - venía dotado de oscuros atributos de poder.

Contemporáneamente, en Buenos Aires, que no quería ser menos, se proyectó de inmediato la construcción de un Observatorio en instalaciones de la Universidad de esa ciudad, previéndose una inversión de $ 30.000.

El caballo de Gould

La historia tiene sus paradojas.

Gould desde un comienzo se felicitaba por el caballo que le habían cedido las autoridades para su uso personal.  Constituía una herramienta fundamental para el tranquilo recorrido de los aledaños de Córdoba en búsqueda del sitio ideal para emplazamiento del observatorio. Así, con Pompeyo Moneta durante largas horas superaron las anfractuosidades de los alrededores, en particular de los altos.
 
En él, el noble animal demostró la calidad de su andar, su porte, resistencia y nobleza. Gould no pudo callarlo y manifestó su complacencia en una carta a Sarmiento, donde le dice: "la gente de Córdoba es muy bondadosa; las cercanías son encantadoras; tengo un caballo, anteriormente propiedad de su antiguo amigo el Chacho (por cuya ejecución le estoy muy grato, porque ha puesto al Dr. Cáceres en situación de prestarme este excelente animal, que es a mi juicio el más ligero en Córdoba), y hago diariamente excursiones en alguna dirección, volviendo con grandes cantidades de botín floral." (trascripción textual carta del 26/2/1871)

Figura 11. El Chacho Peñaloza y su caballo.

No podía ser para menos en un animal con tamaño pasado, pues el mismo, ni más, ni menos, era el que perteneciera al Chacho Peñaloza, el célebre riojano, y lo acompañara hasta el momento en que cayera su cabeza a cercén en manos de las fuerzas del general Oribe.


Primeros pasos oficiales

No fueron fáciles los primeros pasos dados en Córdoba en procura del tan ansiado Observatorio. Hubieron de vencerse no solo las limitaciones propias de un total desconocimiento de la plaza y el idioma, sino los aspectos burocráticos necesarios para la concreción de los sueños. La soledad sitiaba. Por suerte, un franco apoyo del Ingeniero Moneta Jefe de la Oficina de Ingenieros, la cálida ayuda de personalidades locales como los Cáceres y los Vélez, y la simpatía de la población en general - que le llamaba cariñosamente “el pikinglis” a Gould haciéndose eco de una humorada de la prensa - despertada por su atípico quehacer y costumbres, le fue permitiendo instalarse con firmeza en “Los Altos”.

A los pocos días de su llegada, el Dr. Gould escribe a la Contaduría General detallando los gastos realizados en las compras de instrumentos, edifico y otros ítems, nota que habrá de ser el primer documento de su gestión. El 24 de septiembre el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, el Dr. Avellaneda, entusiasta partidario del emprendimiento, le hace saber que las cuentas han sido aprobadas, y que posee un saldo a su favor de 971 pesos, una enorme suma por entonces, consecuencia de las compras  a cuenta en Estados Unidos y Europa realizadas durante su viaje. Esta es la primera nota oficial que recibe el Observatorio.

Córdoba expropia los terrenos que habrán de utilizarse para el emplazamiento de la institución a crear, después de algunas diferencias con el Departamento Topográfico ¡sobre la posición cierta del eje del predio por supuestos errores de cálculo! y los entrega sin condiciones para su utilización con ese fin.

 El empeño por las duras, difíciles tareas iniciales de erección de la infraestructura necesaria, no perjudicó la labor astronómica. Haciendo alardes de su proverbial espíritu práctico, de inmediato dispuso que sus ayudantes comenzaran a observar y registrar la posición y brillo de las estrellas visibles a simple vista, ayudados tan solo con un anteojo de teatro, en función de un programa elaborado por Gould tomando como base la organización y experiencia recogida por Argelander en la elaboración de su Uranometria Nova desde Bonn.

Llevar el agua necesaria para los trabajos de albañilería y los materiales constituyó toda una empresa, ya que por las diferencias de nivel y anfractuosidades del terreno, no era fácil lentamente con el tiempo. También una hazaña casi, subir por las tardes desde la ciudad y descender de noche, sorteando cárcavas y arrostrando el riesgo de transitar arrabales peligrosos entonces. El acceso se efectuaba, trasponiendo la empinada barranca hoy desaparecida.

Allí, desde la terraza de la casa ocupada por Gould, la residencia de Aldao, lejos del collar de rojizas luces ciudadanas, sus vistas se elevaban para precisar aquellos débiles puntitos que fugaces, pugnaban por dar solución de continuidad a las caprichosas figuras constelacionales, enlazándolas. Mirar, precisar brillos y posiciones, registrar los valores con linternas “sordas” debidamente diafragmadas, abrigarse del intenso frío nocturno, eludir los reclamos ininterrumpidos de las vinchucas y otros insectos, no tornaban fácil la labor, precisamente.

Pero esa firme voluntad característica, fue venciendo la natural resistencia a toda obra del hombre. Los cimientos estaban echados. Las paredes, tímidas en un comienzo, empezaron a elevarse rápidamente. Las disputas por los materiales y técnicas utilizadas, caldearon el ambiente. La terquedad de un capataz tan inexperto como inescrupuloso, provocó no pocas veces la ira del Director y sus duras reacciones. Pero la obra siguió adelante. Las observaciones continuaron. Los registros estelares y el inquieto divagar de carretillas, cucharas, baldes con mezcla, fue llenando de actividad durante todo el día, allí mismo donde un afloramiento de cenizas volcánicas no dejaba que el pasto creciese. Cuando el Sur soplaba fuerte y la sequía hundía sus falanges en la región, la ciudad se cubría de un fino polvillo blanco “del Observatorio”  como se empezó a decir entonces, antes que los jardines y la urbanización escondieran esa blanda piel indeseable.



Figura 12. Exposición Nacional en Córdoba, 1871.


El refugio comenzaba a tomar forma. El agua fluía con más seguridad desde la acequia gracias a una bomba de la Exposición. Pronto trasladarían al lugar desde la ciudad vecina su residencia, que se tornaría permanente para esos inquietos hombres de las estrellas.

El último invierno puso un blanco níveo que cubrió las ondulaciones hasta el horizonte, llevando lejos el calor del verano inicial. El primer cumpleaños cordobés habría de celebrarse con las instalaciones prontas a su inauguración. Vientos propicios soplaban todavía desde la Cruz del Sur. Córdoba abría al mundo las puertas de su Exposición y se aprestaba a recibir a las más altas autoridades de la Nación.

Figura 13. El Observatorio Nacional Argentino el día de su inauguración, 24 de octubre de 1871.

Córdoba de las estrellas tendía sus brazos al universo, abriendo al mundo las puertas de su Observatorio en Octubre de 1871.

La muerte visita la familia

Evidentemente la vida de Gould fue marcada por ambos extremos de la condición humana: la buenaventura y la adversidad. La primera caracterizó sus relaciones sociales y logros profesionales, la segunda, signó a fuego su familia.

El 8 de febrero de 1874, cuando aún no se habían cumplido 4 años de estadía en el país, la familia Gould festejaba el cuarto cumpleaños de "Benjamincito", el único hijo varón,  llegado a Córdoba con solo unos meses de edad.

Era día domingo y habían decidido tomarse un buen descanso. Con ese fin, los esposos, sus dos hijas mayores, Benjamín y el aya Albina Fontaine - "Viny" - en compañía de una pareja de jóvenes ingleses, se trasladaron en carruaje a la costa del Río Primero (Suquía), a una distancia de algo más de legua y media de camino desde la ciudad, a un pequeño caserío que se conocería como San Jerónimo, sitio de asiento del molino de Gavier, al que estaban invitados. El paraje se caracterizaba por sus acogedores sauzales. Era silvestre, con quintas próximas en dirección a lo que sería posteriormente Villa Belgrano, que ocupaban toda aquella región donde muchas familias pasaban el verano. 

Llegaron a él por el camino que conducía a La Calera, desviando a la derecha con posterioridad a la Quebrada del Infiernillo, hoy nominado El Tropezón. Precisamente trasponiendo el actual "Puente Quince" aún son visibles las ruinas de tal molino.

El calor reinante era intenso. Como consecuencia de ello Gould y su señora permanecieron en la casa, mientras las dos niñas requirieron permiso para internarse en la corriente bajo el cuidado de Viny, en un lugar tranquilo y una playa acogedora.

Entonces, el río no tenía regulado su cauce y estaba sujeto a los caprichos de las precipitaciones en las cumbres distantes de su vasta cuenca.
Cuando Lucrecia, a la que llamaban "Lulu", la menor de 10 años de edad se internó, el agua la arrastró y de pronto se hundió. Su hermana Susan, de 12 años, corrió a auxiliarla y también fue arrebatada por la corriente; ante esta visión, el pánico invadió a la institutriz que, sin quitarse la ropa, se arrojó al agua en un intento desesperado por salvarlas. Alcanzó a tomar a una de ellas, pero todas fueron arrastradas.
Al medio día, el pequeño Benjamín anunció llorando a sus padres que no podía encontrar a sus hermanas, según Gould el pequeño manifestó que ellas "se fueron debajo del río". "Lulú se fue debajo del río, Susy corrió y cayó, Viny también..." A partir de ese momento se inicia una búsqueda frenética. Solo hallaron las ropas de las niñas  y sus amplios sombreros de paja con cintas blancas, anticipando el peor de los desenlaces.

Figura 14. Lucrecia y Susana Gould.


Se pidió ayuda al observatorio y en la ciudad los primeros en enterarse fueron los amigos de Gould: Roger, el Dr. Green y Tristán Malbrán a la sazón vicecónsul inglés, que de inmediato comenzaron la búsqueda remontando ambas márgenes del río, con la esperanza de encontrarlas con vida prendidas de algún raigón. La búsqueda fue vana. Se agregó de inmediato a la misma personal del Observatorio y vecinos que diligentes comenzaron a rastrillar la zona. Recién a las seis de la tarde pudieron ubicarse los cuerpos de las infortunadas víctimas, retenidos por el estacado de la toma de agua para el Paseo Sobre Monte, en proximidades del hoy "Puente Tablada"; algo más de una legua aguas abajo del sitio inicial. Esto dio origen al error actualmente difundido de que el mismo es el lugar donde Gould se hallaba con su familia pasando el día. Las crónicas precisas de la época lo desmienten y confirman la versión de una rápida creciente imprevista que las arrastró, dada la distancia recorrida por los cuerpos. Gould lloraba inconsolablemente mientras exclamaba  ¿Qué le diremos a la madre?
La inhumación de las dos pequeñas se efectuó el día siguiente lunes durante las horas de la siesta, en terrenos del observatorio, por no contar la ciudad con cementerio para quienes no fueran católicos. Sus tumbas fueron cubiertas de flores. Concurrieron en la oportunidad solo algunos amigos, funcionarios del gobierno y los ayudantes del observatorio. La mayoría no comprendió las palabras de despedidas formuladas en inglés por el padre. Sin embargo, la congoja y un silencio cargado de sentimientos acompaño aquella emotiva despedida.
La heroína Albina Fontain, "Viny", de solo 25 años de edad, fue sepultada durante la mañana con solemnidad religiosa en el cementerio San Jerónimo, el mismo 9 de febrero en el panteón de los Cáceres, sin dudas a instancias del amigo de la familia Gould, Santiago Cáceres. Ella era católica, de Digby, Nueva Escocia.
La madre solicitó que las niñas acompañaran a la heroica víctima en su descanso, pero no le fue permitido dar satisfacción a ese profundo deseo, pues la joven aya era católica y para ella habría sepultura en el cementerio local, mientras que para las niñas no por su confesión. Así por designios ahora extraños, se separaron en la muerte quienes en vida se amaron y fueron hermanas, hecho destacado por la prensa que se preguntaba cuándo contaría la ciudad con un cementerio para los llamados "disidentes".
El hecho tuvo honda repercusión en la ciudad, principalmente entre los amigos y conocidos que destacaban la calidad humana y belleza de las niñas. Fue ampliamente comentado por la prensa el propio día 10 y subsiguientes, que no ahorró palabras para la heroína irlandesa.
Gould al comunicar el triste acontecimiento a sus parientes, manifiesto que los restos fueron sepultados "en un cementerio protestante", con el evidente afán de llevar paz y resignación a sus espíritus; aún cuando el tal cementerio no existía todavía en Córdoba, pese a los reiterados reclamos que efectuaban los vecinos de distintas confesiones, incluyendo católicos, para que se habilitase, ya que se contaba con terrenos puestos a disposición con ese fin.
Es dable mencionar que algunos protestantes eran sepultados en predios pertenecientes a un cacique, en el extremo este del radio urbano, mediante el pago de un canon, en tierras sin delimitar y carentes de toda seguridad. Otros, eran trasladados en tren hasta la ciudad de Rosario donde se inhumaban en un cementerio de esa religión.

Se tienen referencias de que los cuerpos fueron posteriormente trasladados a Norteamérica y sepultados definitivamente en Mt. Auburn, Boston.
Esta circunstancia no está del todo aclarada para los autores, por lo que continúan investigando la cuestión, ya que el viaje en que se habría llevado los restos, no sería el definitivo de la familia Gould, sino uno intermedio, circunstancia que separaría a los deudos por mucho tiempo, ya que su permanencia en el país se prolonga sin fecha cierta de retorno, no resultando por ello del todo plausible. Sí se inclinan a creer que lo que existiría en Mt. Auburn sea un monumento simbólico recordatorio del desgraciado suceso y de homenaje a las víctimas. No pueden olvidar que el propio Gould engaño a sus familiares respecto del lugar primario de inhumación de las pequeñas. De darse ello, las mismas se hallarían aún en el predio del observatorio, en un sitio necesariamente próximo a la entonces residencia del director, como era de práctica en las sociedades del norte.
En abril de ese año, 1874, Gould viaja con toda su familia por primera vez a Estados Unidos desde su llegada a Córdoba, con la intención declarada de recuperarse de este desastre. Estos acontecimientos marcaron sin duda la vida de Gould y constituyeron un factor importante en las ulteriores decisiones del sabio respecto de su actividad y alejamiento.

Gould Francmasón

Gould entró a la logia cordobesa pisando fuerte. Lo hizo no sólo como representante de una de las corporaciones más poderosas del mundo, sino con el grado 33°, la máxima jerarquía en el ordenamiento según el antiguo rito escocés. Vino como Miembro Representante del Consejo Supremo de la Jurisdicción Norte de Estados Unidos.

Ni bien arribó al país presentó en Buenos Aires sus poderes ante el Gran Maestro y Autoridades del Consejo Gran Oriente de la Masonería Argentina, siendo aceptado con tal jerarquía e incorporado a la cofradía.

Arribado a Córdoba, pasa a integrar en calidad de Hermano Visitante la Logia N° 34 Piedad y Unión, de la que fueran fundadores Luis Cáceres y Perrín, entre otros, en la década de 1860. Dos nombres por otra parte, vinculados con su persona y el Observatorio.
En mayo de 1871 fue nombrado Miembro Honorario de dicha Logia.

Debemos destacar que no se encontraba solo: Burmeister, los Doering, Brakenbusch, Latzina, Bachmann, Pilcher Briscot, etc, formaron parte de la misma, junto con destacadas personalidades de la ciudad además de los nombrados: Clariá, Conil, Dominguez, Olmedo, etc.

En julio de 1876, el Supremo Consejo encomienda al “muy poderoso hermano Benjamin Apthorp Gould” hacerse cargo de la ceremonia de ascenso al Grado 32° de Pedro A. Conil y Benjamín Dominguez, lo que muestra el nivel masónico de los mismos.

Circunstancias no del todo claras, pero evidenciando diferencias de criterio con los integrantes de la jerarquía local, inclusive - es probable - de principios base de conducta, lo llevan a fundar junto con el pastor protestante inglés  J. H. C. Spilbury y otros ingleses y norteamericanos, la Logia Souther Cross en abril de 1877, aduciendo como base para funcionamiento de la misma el idioma inglés. No se tienen noticias de que hayan pasado a formar parte de la misma alguno de los integrantes del grupo “de los germanos” de la Academia. Puede estar ello motivado en el conflicto competitivo que se generara entre Gould y Oscar Doering.


Figura 15. Científicos masones, C. Burmeister, E. Bachmann, F. Latzina, O. Doering.

 Esta logia comienza a funcionar utilizando la sede de la citada entidad local. Ello de por sí habla del poder sustentado por Gould en la estructura, que asimila esta escisión.

La recién fundada es presidida por el mencionado pastor, quien recibe el grado de Honorable Maestro bajo la jurisdicción del Gran Oriente de Inglaterra y en la “Obediencia Provincial” con asiento en Buenos Aires.

Esta Logia decae en el transcurso de 1877 y llega a detener sus actividades. En un intento por remozarla,  el 31 de octubre de 1877 en reunión plenaria, por unanimidad sus integrantes  designan  a Gould  en su dirección para revitalizarla. Por nota del 11 de noviembre subsiguiente, declina expresamente tal distinción dada la representación superior de que se halla investido.

La misma se paraliza el 15 de diciembre de 1877 hasta marzo de 1878.

Tambaleante, perdura hasta mayo de 1881 en que es designado como supremo el Comandante Olympides E. Pereyra; quien al asumir su cargo, rindió honores a Gould por su supremacía.

Estando interinamente Pitt en la “Veneratura” (dirección), ingresan Bachmann y Seeltrang, presentados y patrocinados por Gould y Brakenbusch. Este hecho habla elocuentemente de que la militancia activa del sabio en la masonería no decayó en ningún momento y constituye nuestra primera referencia de la intervención de "los germanos" en la misma.

Destacable es también que John M. Thome, ayudante principal de Gould y sucesor del mismo, en 1877 se incorpora a la cofradía no a través de estas logias, sino por intermedio de la Logia Hermanos Unidos de la localidad de Villa María. Otra prueba de lo aseverado al comienzo, haciendo evidente la necesidad de conservar el secreto y borrar toda huella de esa actividad para evitar la sanción social, sin descartar esta hipótesis la posibilidad de un manejo regional de la actividad por parte del maestro y económica por parte del interesado.
No debe olvidarse que entonces ya era el hombre de confianza de Gould y no actuaba sin su beneplácito.

Gould y la sociedad Argentina

No puede uno dejar de considerar en forma especial la relación de Gould con la sociedad argentina, estructurada en grupos humanos disímiles y con intereses sociales, políticos y económicos muchas veces contrapuestos. Tanto, que la misma al arribo del sabio, recién puede decirse que comenzaba a unir sus pedazos, como consecuencia de una prolongada guerra civil y contra la barbarie indígena.

Desde el vamos y por la propia naturaleza de sus amistades iniciales, en particular el presidente Sarmiento, quien fue el primero en agasajarlo a su arribo con una cena muy especial, se vinculó con los grupos progresistas del poder nacional y las clases acomodadas de Rosario y Córdoba. Su relación fue siempre con aquellos de mayor poder económico por la propia dinámica de su quehacer, que requería del apoyo irrestricto de los mismos para no fracasar en el intento por falta de apoyo financiero. En ello demostró ser un hábil piloto de tormentas
Ya en Buenos Aires trabó amistad con Wheellright, los Vélez y con Santiago Cáceres, llaves inapreciables para ingresar a las sociedades de Rosario y Córdoba, ganándolos para su causa.

Hombre mundano y de amplia experiencia en el trato con toda clase de gente, desde los protagonistas de la guerra civil de su país hasta miserables campesinos irlandeses en sus campañas de geodesia astronómica en Europa, no le eran ajenas las condiciones peculiares de los nativos de este país, cargados de necesidades y perros; modismos extraños y plagas.

A todos trató con singular respeto y habilidad cortesana, constituyendo prueba de ello los comunes artículos divulgados en la prensa local, que muestran a un hábil publicista. Si bien criticó ácidamente algunas condiciones imperantes, especialmente en los arrabales de Córdoba, particularmente aquellos que lo afectaban directamente por su cercanía al observatorio, que era víctima común de las depredaciones y su instrumental blanco nocturno de armas de fuego, desdeñando las pobres condiciones culturales imperantes factor decisivo en su conducta de rechazo, valoraba los atributos humanos de sus habitantes y luchó indirectamente para erradicar el flagelo de la incultura desde su puesto de poder masón y sus vínculos científicos y personales, favoreciendo el progreso.

Gould logró para la Argentina una particular consideración en el mundo, como no se hubo hecho nunca con anterioridad y su influencia fue determinante para que se considerara a la misma como un país moderno, con derecho pleno a la ciudadanía del mundo y no una tierra de indios como era estimada hasta entonces en algunos ámbitos académicos, como consecuencia de los relatos de aventureros que recorrieron su vasta extensión, buscando solo la ventaja económica; actitud posible gracias a la firme voluntad y apoyo de un visionario: Sarmiento y al férreo tesón de un realizador: Avellaneda, patriotas a quienes el país debe institucionalmente mucho más de lo que suele otorgárseles.

El retorno

Gould llega a la Argentina con la expectativa de quedarse tres años. Los trabajos se atrasan por la guerra franco - prusiana, la falta de dinero, de personal idóneo y muchas otras causas menores.

Aunque el trabajo científico desarrollado a lo largo de casi quince años fue realmente extraordinario, diversos nefastos acontecimientos influyen en Gould; entre ellos se destacan la muerte de sus hijas mayores, la de su esposa y finalmente la de su asistente Stevens, por un rayo en el propio observatorio.

Cuando en 1883 fallece Mary A. Gould, el sabio deja sus hijos al cuidado de parientes en Estados Unidos, y regresa solo a la Argentina con la firme idea de su retorno definitivo a Boston en fecha próxima. Llega a Córdoba el 17 de noviembre de aquel año, y confiesa en una carta a un amigo de la Sanitary Commission que: "Será más difícil que nunca la vida para mí de ahora en adelante por la triste separación con mis niños y mi hogar", anticipando la soledad que sufriría en el último año de estadía en el sur.

En carta dirigida a Sarmiento el 10 de octubre de 1884 el director escribe: "siento que tengo derecho a volver a casa". Pero es su deseo dejar los trabajos emprendidos terminados, además de dar solución a ciertos problemas existentes con algunos de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias, que también gravitaban anímicamente.

Sus planes fijaban enero de 1885 para su esperado retorno, pero las tareas se "niegan a terminar" y debe esperar hasta fines de febrero para poder  hacerlo.

El 10 de enero de 1885 escribe la nota de renuncia al Ministro Eduardo Wilde, en la que realiza una pequeña reseña de los tres lustros de su dirección del Observatorio Nacional Argentino. No olvida agradecer a ninguno de sus ayudantes y en especial a Thome; cierra con las siguientes palabras: "... y cualquiera sea el cielo bajo el cual me hallare, siempre será vivo mi amor y gratitud para el pueblo que me ha amenizado la vida y me ha acompañado en mis pesares.". El 28 del mismo mes se emite el decreto aceptando la renuncia firmado por el Presidente Roca y el Ministro. El decreto es acompañado por una misiva en la que destacan los logros del sabio y el agradecimiento del Gobierno Nacional. 

El 9 de febrero de 1885 le escribe al gran sanjuanino: "mi incapacidad total, en mi condición presente de exhausto..."; ya no podía esperar más. En esta misiva recapacita sobre su fortuna de encontrar a lo largo de 15 años de permanencia en el país un continuo apoyo de parte del gobierno. Solo recuerda amargamente los problemas de comunicación en la gestión del Dr. Marcos Paz (para esa época jefe de la policía de Bs As), secretario del ministro Pizarro. En referencia al ministro declara: " creo que siempre ha estado dispuesto, pero como no sentía un especial interés por la ciencia, llevaba su atención a otra cosa". Agrega a esto el problema que con los "gringos" tenía su subsecretario el Dr. León. Solo cuando personalmente habló Gould con Pizarro se limaron asperezas.

El Observatorio quedará en manos del único asistente que permanece en la institución de los cuatro que llegaron aquel 1870, J. M. Thome. 
Por recomendación del mismo Dr. Gould, el Ministro designa como director de la Oficina Meteorológica a Gualterio G. Davis. El nuevo director dirigirá la Oficina desde el recientemente inaugurado edificio, durante muchos años hasta su traslado a Buenos Aires.


Figura 16. John Macon Thome.

El 6 de febrero Gould firma la última nota oficial, correspondiente a un resumen de cuentas; y el 1 de marzo es director del Observatorio Nacional el Dr. Thome quien continuó diligentemente la gran obra emprendida.

El 26 de febrero anuncia que sale para Buenos Aires el sábado 28 por la tarde, esperando llegar a aquella el 2 de marzo (da como dirección postal la casa de Gardner B. Perry, Cuyo 188 de esa ciudad). Sin embargo algunas cuestiones pendientes lo atrasan nuevamente y no puede tomar el tren de ese día.

Finalmente viaja a la capital y queda en ella poco tiempo. En el vapor inglés Pleides de la compañía Lamport y Holt se embarcó con destino a Río de Janeiro, donde hizo trasbordo al vapor inglés Derwnt de la marina real que partió para Nueva York el 15 de marzo de 1885. Llega a destino el 14 de abril, y se establece en Wollaston Massachusetts.

Los ciudadanos de Boston lo reciben calurosamente como a un héroe, los diarios se hacen eco del hecho.  El 6 de mayo se realiza un meeting en su honor, presidido por Leverett Saltonstall.

Otra Medalla de Oro

A las múltiples distinciones recibidas por el Dr. Gould, como la Medalla de Oro de la Sociedad Real Inglesa, o los distintos premios obtenidos a lo largo de su carrera, se agregó la Medalla de Oro otorgada por la Sociedad Geográfica Argentina en Buenos Aires el 9 de Marzo de 1885, en un acto muy emotivo, en el que las palabras correspondientes fueron encomendadas al ilustre Domingo Faustino Sarmiento, ya anciano, que entre otras muchas cosas llenas del sincero sentimiento del país y sus hombres que despedían al sabio con motivo de su partida, expresó: " Desempeño honorable Mr. Gould tan noble encargo, no diré solo con gusto, sino como un privilegio que me es acordado por una escogida porción de mis compatriotas, a fin de ser el intérprete de sus sentimientos de gratitud en nombre del país y de estimación de los servicios prestados y del empuje dado a las ciencias, en nombre de la humanidad civilizada."

"Me honran demasiado con esto último; pero en cuanto a sentimientos personales me dan lo que reclamaría como mío, ¿quién creéis que os estima en el país más que yo, Mr. Gould..."

Y siguieron largas palabras llenas del profundo reconocimiento por la entrega de su obra y su vida al país.

Gould, para entonces agobiado por la pérdida de su esposa, con su salud decaída, pero con profundo sentimiento, respondió significativamente:

"Ud., señor Sarmiento me ha atribuido el honor de haber hecho algo en pro de este país querido. Permítame contestar que Ud. y el país han hecho todo por mí. Cuando tuve el privilegio, veinte años hace, de entrar en relaciones con Ud. Y se principió en compañía de Emerson, Longfellow, Lowell, Agassiz, Pierce y la señora Mann, la amistad con la cual me ha honrado desde entonces; Ud ha sabido lo que era el colmo de mi ambición, conseguir la oportunidad de estudiar el cielo austral."

"Es Ud quien me proporcionó la oportunidad anhelada; es la República Argentina que me ha hecho fácil valerme de ella; es el Gobierno Nacional que en sus varias formas, bajo tantas administraciones distintas siempre me ha provisto de todos los medios y recursos necesarios; es el pueblo argentino que me ha acompañado en mi tarea, apoyándome con sus simpatías y animándome con su cariño."

Emotivas palabras que muestran elocuentemente un espíritu de progreso y un afán de sabiduría que deseamos no se extingan nunca, para beneficio de las generaciones futuras

Epílogo

Muchos hechos y reflexiones derivadas, han quedado en el tintero. La limitación del espacio otorgado y la necesidad de traer a cuenta solo aquello poco conocido más destacable del basamento de una historia que, junto con la de la Academia de Ciencias, ayudaron a la transformación cierta del país y dejaron sus frutos aún hoy aprovechados por este poco memorioso pueblo nuestro.
No solo fue astronómica la incidencia, lo fue principalmente civil, porque su realización del cielo, la Uranometría Argentina, sirvió a los navegantes de los mares australes por años y a los habitantes del sur del planeta, para fijar su posición. También estuvo la Oficina Meteorológica, hoy dependiente de la Fuerza Aérea, que organizó y presidió durante toda su estadía sin percibir retribución alguna extra, ni descuidar sus otras obligaciones. La determinación de las posiciones geográficas de los puntos más importantes del país, mediante sacrificadas expediciones con personal e instrumental del Observatorio, al que solo se brindaba el transporte, no viáticos. Los trabajos medulosos en los foros nacionales e internacionales para la fijación de las unidades de medidas, en procura de ordenar el caos existente. La unificación de la hora en el país utilizando el meridiano de Córdoba, hasta la adopción del de Greenwich como referencia origen. La emisión de las señales horarias por telégrafo, de una importancia particular por el desorden imperante (¡En Rosario al arribo de Gould se empleaban tres horas distintas: La local, la de las empresas navieras y la del ferrocarril!) Las reuniones artísticas en la peculiar sociedad cordobesa de entonces y la difusión de la obra del poeta Longfellow en el país, dejan un recuerdo y un compromiso que no cerró con la entrega de una medalla de oro en la despedida.
No podemos desconocer que fue esa la gente que nos dio las llaves de apertura de ésta, la Era del Espacio, demostrando con hechos que, cuando se quiere, se puede; no importando las condiciones económicas adversas. El país estaba en guerra. Se hallaba acosado por los malones, las pestes y las luchas intestinas. Aún así, se realizó una obra trascendente, con una firmeza y empuje, dignos de admirar e imitar en nuestros supuestos desvalidos tiempos.

Bibliografía

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· Academia Nacional de Ciencias - Fototeca y Mapoteca - Imágenes y docum. varia.
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· Archivo Histórico de la Municipalidad de Córdoba - Fototeca y Mapoteca - Imágenes y Documentación Varia.
· Autores Varios - Recepción en Boston al Dr. B. A. Gould por sus compatriotas de aquella ciudad y cercanías - 22 de Junio de 1874 - Imprenta Americana - Bs. As. 1874.
· Bischoff; Efraín Hugo - Historia de Córdoba - Editorial Plus Ultra - Bs. As. 1979.
· Bischoff; Efraín Hugo - Historia de los Barrios de Córdoba- B Editores - Cba 1986.
· Chacon Jacinto - La Quinta Normal y sus establecimientos agronómicos y científicos - Imprenta De la Moneda - Santiago de Chile – 1886.
· Diario El Eco de Córdoba - Córdoba 1870 a 1886.
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· Diario La Nación - Buenos Aires - 1870 a 1890.
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· Galvez; Manuel - Vida de Sarmiento - Editorial Tor SRL - Bs. As. 1952.
· García Castellanos; Telasco - Sarmiento y su influencia en Córdoba - Academia Nacional de Ciencias - Córdoba 1988.
· Gesualdo Vicente D. - Historia Argentina - Ediciones Océano - Bs- As- 1985.
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· Gould B. A. - Informe del Observatorio Astronómico 1870- OAA - Córdoba 1871
· Gould B. A. - Informe del Observatorio Astronómico 1871- OAA - Córdoba 1872
· Gould B. A. - Informes del Observatorio Astronómico y Oficina Meteorológica de la República Argentina 1873 - Imp. Litog. y Fundic. de tipos a vapor - Bs. As. 1874


*Ing. Santiago Paolantonio, Grupo de Investigación en Enseñanza, Difusión e Historia de la Astronomía
Museo Astronómico B. A. Gould D. F. Sarmiento
Observatorio Astronómico Córdoba



 

 
 
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