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lunes 25 de septiembre de 2017 
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Imagen superior: SN 1987 A, la supernova que brilló el 23 de febrero de 1987 en la Gran Nube de Magallanes.(Imagen: Hubble, Nasa).

La supernova más brillante de la historia

Por Mariano Ribas*

 


"Apareció una nueva estrella, de inusual tamaño, resplandeciente y que ofuscaba la vista, causando alarma... se la vio de ese modo durante tres meses, en los recónditos confines del Sur, más allá de todas las constelaciones que se ven en el cielo"

La cita aparece en los anales del monasterio benedictino de Saint Gallen, en Suiza, y describe un espectáculo sin igual en toda la historia de la astronomía: la supernova del año 1006. Esta impresionante catástrofe estelar fue observada por todos los pueblos de la Tierra, causando asombro, curiosidad y mucho temor. Y no era para menos, porque su aspecto era el de una amenazante llamarada que iluminaba todo el cielo nocturno, brillando tanto como la Luna. Fue la supernova más brillante de la historia.


Una antorcha en la madrugada

Era la madrugada del 1ø de mayo del año 1006. De pronto algo comenzó a brillar más y más en la constelación de Escorpio. Al principio era un puntito de luz semejante a una estrella modesta, pero con el correr de las horas el puntito se convirtió en una mancha luminosa mucho más brillante que el planeta Venus. En distintas partes de la Tierra muchos observadores se percataron de la "nueva estrella". Y todos sintieron miedo. Uno de ellos fue el egipcio Ali ibn Ridwan: "...era un cuerpo circular, de dos y medio a tres veces el tamaño de Venus. El cielo resplandecía a causa de su luz, que era mayor que la de la Luna en cuarto". El y muchos más fueron testigos de una supernova: el catastrófico final de una estrella gigante que explota, arrojando al espacio pavorosas cantidades de materia, luz y energía.


"Un cometa de aspecto horrible"

La supernova del 1006 fue la más brillante que haya registrado la historia. Tanto, que podía verse con facilidad durante el día. Y a diferencia de otras anteriores -e incluso de algunas posteriores- fue cuidadosamente observada por todas las civilizaciones del mundo. Todos quedaron atónitos ante semejante fogonazo de luz en el cielo, tal como les sucedió a los astrónomos chinos de la corte imperial, que la definieron como una "estrella invitada". En Europa la supernova causó pánico, e incluso muchos la confundieron con un cometa amenazante: el francés Alpertus de Mertz la describió como "un cometa de aspecto horrible que emite llamas en todas direcciones". Las descripciones de este tipo fueron la regla en casi todos los relatos que se conservan, ya sean europeos o asiáticos. Y una constante: casi todos los observadores coincidieron en señalar que la supernova era una terrible señal de los cielos, un aviso de inminentes catástrofes, hambrunas, guerras, epidemias y otros augurios por el estilo.


La estrella invitada continuo ardiendo en los cielos de la Tierra durante algunos meses, mientras su brillo declinaba lentamente. Finalmente, luego de algunos años, dejo de verse a simple vista.

A la caza de un fantasma

Casi mil años más tarde, los astrónomos modelo siglo XX se lanzaron a la pesca de los restos de la supernova. Y para ubicarlos, comenzaron a revisar documentos europeos y asiáticos de la época del estallido. Teniendo en cuenta algunos datos claves que aparecían en los distintos relatos (como por ejemplo las referencias a las constelaciones, o a la posición del Sol) los científicos fueron ubicando con cierta precisión la zona del desastre. Y finalmente dieron en el blanco: descubrieron una pequeña fuente de señales de radio (bautizada PKS 1459-41) que coincidía con la zona sospechosa. Ya en plena década del ´70 pudieron observar al pálido cadáver estelar gracias a un poderoso telescopio ubicado en el norte de Chile: era una cáscara de gas en expansión, un fantasma flotando en la oscuridad del espacio.


Imagen superior: Remanente de supernova PKS 1459-41.(NASA)

Esperando la próxima

Todos los días alguna supernova explota en algún rincón del universo. Se trata de un fenómeno rutinario a escala cósmica, pero raro a escala local: en una galaxia solo ocurren unas pocas por milenio. Por eso mismo, observar una en la Vía Láctea es todo una rareza. Tan es así, que luego de la del año 1006, sólo hubo otras tres supernovas “locales”: en 1054, en 1572 y la más reciente, en 1604. Todas fueron lo suficientemente luminosas como para llamar la atención hasta de los más distraídos, pero ninguna de ellas pudo compararse con la fenomenal explosión estelar del 1006.

Hace casi cuatro siglos que nuestra galaxia no produce supernovas. La pausa ha sido larga, y los astrónomos saben que ya es hora de que aparezca la próxima. Tal vez sea cuestión de días, meses, o años, nadie lo sabe. Pero hay que estar atentos: en cualquier momento, y tal como sucedió hace casi mil años, una poderosa luz puede encenderse en los cielos.

**Lic. Mariano Ribas es Coordinador del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires). Astrónomo amateur desde 1985. Dueño de 3 telescopios y "fanático" de los cometas. Periodista científico. Ha publicado decenas de artículos en revistas locales, y desde hace 5 años es redactor de artículos científicos (mayormente de astronomía) en el diario Página 12. Hasta la fecha lleva publicados 146 artículos en este diario. Ha dictado cursos en diversas instituciones locales y actualmente da "Curso de Astronomía General" en el Planetario Galileo Galilei, con una asistencia de 160 personas.

Comentarios o consultas dirigirse a: manoribas@yahoo.com

 

 
 
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