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martes 19 de septiembre de 2017 
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Imagen superior:Pequeño modelo que ilustra el aspecto que tendrá el nuevo telescopio (VTL ) que se espera entre en operaciones en Abril del 2004 en Cerro Paranal

Telescopios Monstruos

 

Por Mariano Ribas*

 


Desde los tiempos de Galileo, los telescopios no han hecho otra cosa que crecer y crecer. Al principio, no eran más que pequeños tubos que utilizaban lentes o espejos de unos pocos centímetros de diámetro. Pero hoy en día, los telescopios más grandes del planeta son moles de cientos de toneladas, tan grandes como edificios de siete u ocho pisos. Sin embargo, y a pesar de contar con maravillas ópticas como el Telescopio Espacial Hubble, los gemelos Keck I y II, o el cuádruple Very Large Telescope (VLT) -que, dicho sea de paso, todavía no está terminado- los astrónomos no están conformes. Y quieren más: ahora, la idea es pegar un salto monumental durante las próximas décadas, y construir telescopios de proporciones casi demenciales. Alcanza con decir que el proyecto más ambicioso apunta a un monstruo tan grande como un estadio de fútbol. Con estos aliados, la astronomía del siglo XXI rozará los límites del espacio y del tiempo, y seguramente, resolverá algunas cuestiones que, hasta ahora, el universo ha sabido guardar muy celosamente.

Imagen superior: Un momento de la construcción de la delicada óptica del Very Large Survey Telescope.

Una buena idea

Los telescopios monstruos son un sueño ya no tan lejano. Hasta hace un par de décadas, muchos científicos pensaban que la astronomía óptica se estaba acercando a un límite: parecía casi imposible construir telescopios reflectores (ver cuadro) mayores a los seis u ocho metros de diámetro. Y ese limite estaba marcado por la imposibilidad de fabricar espejos tan grandes sin que se deformaran por culpa de su propio peso. Pero a principios de los 90´, el estreno del Keck I, en la cima del volcán Mauna Kea, Hawai, demostró que el ingenio da para todo: en lugar de utilizar una pieza única, este aparato cuenta con un espejo compuesto (de diez metros de diámetro), formado por 36 espejos menores, perfectamente ensamblados y coordinados. Fue una gran idea, y marcó el rumbo a seguir. El Keck I -que luego tuvo un gemelo- salió de la galera del astrónomo Jerry Nelson y sus colegas de la Universidad de California. A poco de estrenarlo, Nelson dijo que a partir de este novedoso diseño, podrían construirse telescopios mucho más grandes. La mecha ya estaba encendida.


Extremadamente grandes

Ahora, este mismo equipo -asociado al Instituto de Tecnología de California- ya está pensando en lo que viene: un megatelescopio de 30 metros de diámetro. Y eso, equivale a multiplicar por diez la superficie y la capacidad colectora de luz del Keck I (que hasta ahora, es el telescopio más grande del mundo). Así, esta hipotética criatura podría ver objetos muchos más lejanos, o mejorar brutalmente las imágenes de los que ya están al alcance de los aparatos actuales. Claro, como no podía ser de otra manera, ese aparato se llamará "Telescopio Extremadamente Grande de California", o CELT, su sigla en inglés. El CELT tendrá la altura del obelisco, y su "ojo" de treinta metros estará formado por más de mil espejos. Pero este proyecto de 500 millones de dólares recién está en una tempranísima etapa de diseño.


Así y todo, la idea de construir telescopios monstruos ha contagiado a unos cuantos. E incluso, hay quienes se animan a fantasear con aparatos aún más grandes: en el Observatorio Nacional de Astronomía Optica, en Tucson, Arizona, ya andan dando vueltas los bocetos del "Telescopio de Máxima Apertura" (MAXAT), que tendría un espejo compuesto de entre 30 y 50 metros de diámetro. Y hay más: los suecos también se han subido a este tren, y quieren construir un telescopio de 50 metros de diámetro... ¿el nombre? Bueno, este es aún más rimbombante: "Telescopio Extremadamente Grande" (XLT). Puede sonar gracioso, pero la cosa va en serio, tanto que el astrónomo Torben Andersen, del Observatorio Lund, dice que "el XLT se hará pase lo que pase". Andersen y su equipo están trabajando en el tema desde hace años, y apuntan a un aparato bastante similar al CELT en cuanto a diseño, pero un poquito más caro: 750 millones de dólares. Una bicoca.

"La Lechuza"

Aún así, nada es nada al lado de la "Lechuza". Ya al borde del delirio, los astrónomos y técnicos del Observatorio Europeo del Sur (creadores del Very Large Telescope, instalado en el norte de Chile) apuntan a un coloso de 100 metros de diámetro (y más o menos la misma altura). Algo así como la cancha de River, pero tan alto como un edificio de 30 pisos... ¿y a este que nombre le podrían poner? Nada más y nada menos que "Telescopio Abrumadoramente Grande". Pero estuvieron ingeniosos, porque, a propósito, eligieron la sigla OWL (por "Overwhelmingly Large"), que significa "lechuza", un ave famosa por su agudeza visual. Más allá de los nombres, este Titanic de los telescopios parece marcar el límite de las más osadas expectativas de los astrónomos para el siglo XXI. Los europeos confían en su proyecto, pero algunos creen que se les está yendo la mano: hasta el propio Nelson no cree que se pueda llegar a algo semejante, al menos durante las próximas décadas.

Imagen superior: Diseño de la estructura que tendrá el OWL (Overwhelmingly Large).

Desafiando las fronteras

Evidentemente, todo este asunto tiene algún sentido: con estos telescopios, los astrónomos podrán buscar planetas alrededor de otras estrellas en forma directa (cosa imposible hasta ahora). E incluso, hasta determinarían sus características, como por ejemplo, si tienen o no atmósferas, o cuáles son sus chances para la vida. Yendo más lejos, podrían observar con lujo de detalles a las galaxias más lejanas (y primitivas), estudiando su origen y evolución. Y también, determinar con más precisión la cantidad de materia total del universo, y su ritmo de expansión, las llaves para conocer su destino final. Si, seguramente Galileo también estaría de acuerdo: el sueño de los telescopios monstruos bien vale la pena.

"Reflectores" (cuadro )

Al igual que todos los grandes telescopios de la actualidad, los monstruos del siglo XXI serán reflectores. A diferencia de los telescopios refractores, que utilizan un lente frontal, los telescopios reflectores tienen un espejo primario, que recibe la luz de los astros y la refleja hacia un espejo secundario, mucho más chico, que la concentra y la dirige hacia los dispositivos ópticos y electrónicos que formaran las imágenes definitivas. Como es imposible construir espejos de 50 o 100 metros de diámetro, estos gigantes contaran espejos primarios compuestos, formados por cientos de espejos menores ensamblados entre sí.

**Lic. Mariano Ribas es Coordinador del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires). Astrónomo amateur desde 1985. Dueño de 3 telescopios y "fanático" de los cometas. Periodista científico. Ha publicado decenas de artículos en revistas locales, y desde hace 5 años es redactor de artículos científicos (mayormente de astronomía) en el diario Página 12. Hasta la fecha lleva publicados 146 artículos en este diario. Ha dictado cursos en diversas instituciones locales y actualmente da "Curso de Astronomía General" en el Planetario Galileo Galilei, con una asistencia de 160 personas.

Comentarios o consultas dirigirse a: manoribas@yahoo.com

 
 
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