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martes 21 de noviembre de 2017 
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El cielo a simple vista o con binoculares

Cómo podemos obtener los mejores resultados de nuestras observaciones


Imagen izq: Eta Carinae.

Por: Silvia Smith

Cómo obtener los mejores resultados de nuestras observaciones

Para quien gusta de la observación del cielo, no hay obstáculo si de instrumental hablamos. El primer instrumento del que hemos sido dotados, son nuestros ojos. Con ellos podemos aprender a observar multitud de objetos, para aprovechar al máximo esta posibilidad, debemos tener en cuenta algunos detalles.
Nos vamos a referir a aquellos objetos que podemos visualizar tanto a simple vista como con binoculares. Convengamos como primera medida, que nuestros ojos tienen una capacidad de captar objetos luminosos limitada.

Primer instrumento de observación: Los ojos, su estructura

Para sacar el mayor provecho de nuestras observaciones, creo conveniente entrar en algunos detalles.
El conocimiento de este instrumento que la naturaleza nos ha provisto, nuestros ojos, les aseguro que es tan necesario, como conocer los binoculares o un telescopio, es increíble, que desconozcamos la estructura de los mismos, cuya perfección, aún no ha podido el hombre igualar con ninguno de los adelantos tecnológicos que ha creado.
El funcionamiento del ojo, para comprenderlo mejor, podemos compararlo con el de una cámara fotográfica, ya que la misma, simula a éste órgano y los elementos que lo componen.
Si miramos en un espejo nuestros ojos, veremos que los mismos tienen una abertura oscura y redonda, que es la pupila, ella es la que juega el papel de diafragma.
Cuando la cantidad de luz que penetra en los ojos es muy intensa, se disminuye el diámetro de la pupila. Pero cuando nos encontramos en la oscuridad, la pupila se dilata para poder recibir así la mayor cantidad de luz posible.
Se considera que cuando recibimos la luz diurna normal, el diámetro de la pupila es de aproximadamente 5 mm, en cambio, durante la noche, este diámetro aumenta para poder percibir mejor los objetos en la oscuridad, pudiendo llegar hasta 6 o 7 mm, según el ojo de cada uno.

Imagen superior izquierda: Estructura del ojo. Imagen derecha: Luego de una puesta de Sol, luz atenuada, donde los tonos comienzan a perder su coloración (Fot. S. Smith).

En la composición del ojo, tenemos en el centro lo que se llama el punto ciego, este punto, es completamente insensible a la luz, pero toda la parte que lo rodea de la retina, tiene unas células nerviosas sumamente sensibles a la luz. Estas células son de dos tipos: conos y bastoncitos.
Con los conos podemos diferenciar los colores, pero los bastoncitos, son más sensibles a la luz.
Cuando por ejemplo cae la tarde, y la luz es más tenue, fijense que los objetos parecen perder la coloración, ya que la iluminación, al ser débil, no influye sobre los conos, y aquí comienzan su gran actuación los bastoncitos, ya que como dije antes, estos, son los más sensibles a la luz.
Ahora, ¿Porqué vemos mejor con la vista lateral los objetos más débiles del cielo nocturno?, es porque en la parte frontal de la pupila, prevalecen los conos, que son menos sensibles a la luz, y alrededor, prevalecen los bastoncitos, capaces de captar mayor cantidad de luz. Es por eso, que cuando queremos capturar un objeto muy débil, se dice la famosa frase:"observen con el rabillo del ojo", esta, es a grueso modo la explicación, o sea, para capturar con nuestros ojos un objeto o estrella muy débil en el cielo, no debemos mirar directamente, sino, utilizar el "rabillo del ojo", donde tenemos distribuidos más ricamente los bastoncitos, que son quienes capturan mayor cantidad de luz.

Preparar los ojos para observar

Si estamos dentro de una habitación iluminada antes de salir a observar, tengase en cuenta, que el ojo tarda en acomodarse a la oscuridad entre 20 y 30 minutos, para así poder captar la mayor cantidad de luz posible de los objetos estelares. Quién no ha apagado la luz en la noche al acostarse, y la oscuridad es total, diríamos un verdadero manto negro, vemos a medida que pasan los minutos, si mantenemos los ojos abiertos, primero "bultos", pequeñas diferencias entre luces y sombras, al irse acomodando el ojo a la oscuridad, los objetos que nos rodean se vuelven más y más claros, hasta suele suceder, que nos levantamos molestos porque por alguna rendija de la ventana se cuela la luz exterior.
Esto sucede por lo dicho anteriormente, la pupila se dilata, y captamos mayor cantidad de luz.
Para obtener el mejor rendimiento de nuestra vista, lo primero, es tratar de permanecer en el lugar de observación, unos 30 minutos antes, evitando cualquier clase de luz que pueda hacer que nuestra pupila se achique. Antes de comenzar, debemos tener a mano todos los elementos que vayamos a utilizar, para no ingresar al interior de la casa y encender luces, o al automóvil, o una linterna de luz blanca, todos estos elementos, harán inútil el ejercicio anterior, por la sencilla razón, que al recibir luz, la pupila que ya había logrado su máxima dilatación, se volverá a reducir, y nuevamente tendremos que volver a permanecer a oscuras unos 30 minutos para lograr el máximo rendimiento de nuestros ojos. Si necesitamos encender una luz para observar un mapa, o hacer una anotación, encendamos una pequeña linterna roja, esta puede consistir desde una pequeña linterna que ya viene preparada para estos efectos, o un simple "ojo de gato" de los utilizados para transitar en bicicleta, o una linterna común a la que se le coloque un papel tipo celofán rojo y cubrir con el, la entrada de luz.

Cuántas estrellas podemos ver?

Según los cálculos, en todo el firmamento, el ojo humano normal, puede captar 6.000 estrellas con muy buen cielo, que no pasen de magnitud 6, pues ese es el límite considerado aceptable hasta el que puede llegar el ojo común, aunque existen casos de excepción a los que con cielos extraordinarios, personas muy bien dotadas, pueden distinguir estrellas débiles de magnitud 8.
En el hemisferio sur, solo tenemos a la vista 4.500 estrellas de magnitud 6.
Con binoculares, aún los más modestos, estas posibilidades, se multiplican extraordinariamente.

Nuestros cielos sureños

El cielo del Hemisferio Sur, tienen diferentes matices de qué podemos observar en la estación invernal y en verano, con objetos que podemos observar a simple vista, y mucho más, si poseemos un par de binoculares.
Sobre los binoculares, por más modestos que estos sean, nos darán muchas satisfacciones. Si no los poseemos y pensamos adquirir unos, la medida satisfactoria sería unos 7 X 50 (7, la cantidad de aumentos, y 50, los mm del diámetro). Con ellos estaremos más que felices. Recuerden siempre, que mayores aumentos, no significa ver mejor. Los binoculares siempre deben guardar una buena relación entre la cantidad de aumentos que posee y el campo que abarca, no es aconsejable mucho aumento y poco campo, por la sencilla razón de que al tener poco campo, no tendremos imágenes brillantes, y lo peor, es que las imágenes se hacen inestables, ya que la cantidad de los aumentos no se corresponden con un campo reducido.
Si poseen binoculares algo mayores, o les es difícil mantenerlos para tener una imagen estable, es necesario soportarlos sobre un trípode, si no lo tenemos, siempre hay algún método casero a mano para salvar el inconveniente, un palo en T afirmado en tierra, nos será útil (yo, lo he hecho cuando no tenía a mano un trípode, con un simple secador de piso).



Imagen superior: El cielo de Febrero, visto desde nuestro hemisferio luego de la puesta del Sol.



Izquierda: Este es un planisferio para el hemisferio sur, tiene dos caras, una, nos muestra el cielo como si estuviéramos parados observando hacia el norte (en este momento la posterior) , la otra, que es la que presento en esta imagen, nos muestra, qué podemos observar si estamos parados observando hacia el sur, el día 20 de febrero a las 22:00 hora. tiempo local (01:00 UT) en Buenos Aires. Foto superior: Binoculares de 9 X 63 sobre trípode. (Fotos: S. Smith).

Un buen libro que contenga cartas celestes, como por ejemplo la "Guía de Campo para las Estrellas y los Planetas" de Menzel, que sirve tanto para el hemisferio norte como para el sur, es un excelente apoyo para ubicar los objetos, así como obtener la descripción de los más interesantes.
Pero también, es sumamente útil, y no caro, un planisferio como el que muestra la imagen superior, que rota y podemos ubicar, día, mes y hora que deseemos, así, nos mostrará la porción aproximada del cielo que tendremos a la vista esa noche para poder observar. Este tipo de planisferios, vienen para el hemisferio norte y para el hemisferio sur, cuidado con eso al adquirirlo, deben solicitar uno que se corresponda con su ubicación.
Para poder comprender estos pequeños planisferios, aquellos que nunca los han utilizado, les recomiendo un simple ejercicio: sitúense en posición horizontal, tomen el planisferio y coloquenlo a la altura de sus cabezas, eso, les permitirá comprender mejor, pues estamos acostumbrados a ver las cartas "planas" y nos olvidamos que el cielo, no es un plano, es una bóveda que nos recubre. Esta simple acción, les permitirá imaginar cómo se ve el cielo realmente sobre sus cabezas.
Para los que observen con binoculares, recuerden, una vez concluida la observación, no les coloquen las tapas, pues la humedad o tanto el frío como el calor, provocarán condensación sobre la superficie óptica, esto, provocará hongos, que con el tiempo, pueden llegar a no ser posible limpiarlos cuando los lleven a su casa de confianza para este menester, ya que al pasar mucho tiempo, el hongo (o los metabolitos de estos) se "come" el vidrio, lo marca. Es preferible dejarlos destapados hasta que se ambienten al lugar donde van a guardarse. Un poco de polvillo sobre su superficie, les aseguro no les dañará, con una simple perilla de goma de esas que se adquieren en las farmacias, podrán echar aire sobre la misma y subsanar el problema.

 

 
 
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