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domingo 20 de julio de 2008 
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"El hombre y la aventura espacial"

Nota sobre medicina espacial

Imagen superior: Conflictos sensoriales y otros efectos. (Foto gentileza Aerospace Medical Association)

Por Sebastián Musso*

sebastianmusso@cielosur.com


El hombre es, por su propia naturaleza, conquistador, aventurero. Desde los navegantes del siglo XV hasta los actuales viajeros del espacio, los astronautas, estos hombres que cada vez en mayor número se aventuran a un medio totalmente diferente al que nuestros años de evolución nos han adaptado. Podemos mandar naves robots a estudiar los planetas y hasta podrán estas decirnos desde la distancia que Marte tiene un océano congelado bajo su superficie pero nada se acercará a la sensación de estar allí, uno de nosotros, como estuvieron aquellos hombres en la Luna entre 1969 y 1971. Los mismos que dieron pequeños pasos en nuestro satélite natural y conformaron así un paso gigantesco para la historia de la humanidad.

Y al soñar con ser astronautas y viajar por el espacio en un futuro no muy lejano. ¿Nos preguntamos si nuestros cuerpos soportarán tal travesía? La medicina espacial sí. Quienes más saben de esto son los cosmonautas rusos, desde los vuelos de principios de los ´60 otros siguieron los pasos de Yuri Gagarin. Este es el caso de Valery Polyakov quien en 1994-1995 estuvo nada más y nada menos que 437 días en la estación espacial Mir, una precaria "casa" en órbita alrededor de la Tierra.
Pero el espacio cobra su precio a cambio de mostrar de cerca sus maravillas. Los primeros días de viaje los astronautas sentirán una pesadez en sus cabezas que durará por cuatro semanas. En microgravedad, la presión se iguala en todo el cuerpo. El cerebro (que soporta más de lo habitual en la Tierra) cree que el cuerpo dispone de demasiada sangre y en tres días de misión las hemorragias pueden hacerle perder al astronauta hasta el 20%. Con menos sangre el corazón se atrofia y este es uno de los principales problemas a los que los médicos se enfrentan a la hora de preservar la estabilidad de los "nuevos navegantes" modelo siglo XXI.

Imagen superior: Desmineralización y pérdida de calcio otro de los efectos que sufren los aventureros del espacio. (Foto: Aerospace Medical Association)

Pero no es el único peligro. La sangre no se pierde tan solo en cantidad, podríamos decir que también en calidad. Se percibe una pérdida importante de glóbulos rojos y sus células precursoras, también de glóbulos blancos y principalmente de los conocidos linfocitos T que actúan contra las infecciones. Las misiones de transbordadores espaciales de la NASA han experimentado con bacterias y los resultados muestran claramente que estas se adaptan al nuevo medio mucho más rápida y efectivamente que nuestros cuerpos. Las bacterias en microgravedad se reproducen más rápido y son más resistentes y como dijimos antes, pueden enfrentan a un cuerpo encima debilitado.

A esta altura de la nota imagino que todas las ganas de imaginarse en el espacio pueden encontrarse, al menos, cuestionadas, sujetas a revisión a pedido de más información. Nuestro astronauta no solo tiene problemas en su flujo sanguíneo y en el corazón (como si esto fuera poco) también deberá exponerse a una fuerte radiación del exterior que provendrá de tres orígenes diferentes: radiación solar, la que siempre emite nuestra estrella pero que en periodos de 11 años y con picos cada 22 se incrementa notoriamente como ocurrió el año pasado; radiación geomagnética, que proviene de la propia Tierra y que "envuelve" el espacio donde los astronautas que se encuentran orbitando nuestro planeta realizan sus actividades; y finalmente la radiación galáctica que tiene como fuente a cada uno de los cuerpos celestes del Universo en mayor o menor medida.

¡Que vida ingrata la del astronauta! En microgravedad el cerebro entenderá que no necesita de los músculos para realizar actividades físicas que son totalmente livianas en el espacio. Ni siquiera tendrán estos que soportar la presión que en la Tierra ejerce la atmósfera sobre nosotros. Los astronautas perderán entonces una importante cantidad de masa muscular el primer mes de viaje. Tampoco los huesos serán importantes, el primer mes este viajero tendrá que pagar de peaje por ver a la Tierra desde afuera de un uno a un dos por ciento de su masa ósea, principalmente en las piernas, las vértebras inferiores, la cadera y el fémur. Sobre la cadera y la columna pondremos un capítulo aparte, al ser responsables del equilibrio el cerebro del astronauta entenderá que no son necesarios en un ambiente en que estar "parado" no es necesario y se consumirán a una tasa preocupante del 5% semanal hasta llegar al 20%. Solo si es un poco bajito y tuvo que soportar las cargadas de sus amigos en el colegio cuando era chico tendrá su recompensa en el espacio al descomprimirse los discos de su columna, el astronauta en consecuencia medirá unos centímetros más.

Este hombre que siempre se caracterizó por viajar, por explorar todo su planeta hasta el lugar más recóndito y ahora, lejos de todo lo que podría denominarse natural se aventura al cosmos convirtiéndose en lo que algunos llegaron a llamar el "homo espacialis" tiene que pagar un alto precio con su salud. Y no solo física, también psicológica. ¿Cómo se sentiría Usted si durante algunos meses solo pudiera ver por las pequeñas ventanillas de la nave un inmenso manto negro salpicado de vez en cuando por alguna estrella, lejana y poco brillante. En un hipotético viaje a Marte, que tardaría más de dos años entre ida, vuelta y lo que deban estar trabajando en el planeta rojo, los astronautas tendrán que permanecer todo ese tiempo en un lugar no más grande que el comedor de su casa junto con otros cinco compañeros sin ningún momento de privacidad absoluta.
No tendrán tampoco la tranquilizadora noción de arriba y abajo, de izquierda y derecha que no tienen ningún sentido en el espacio. Girando alrededor de la Tierra, por ejemplo en la Estación Espacial Internacional el sol saldrá 16 veces cada 24 horas sobre el horizonte con lo que tendrán que regular su sueño por el capricho de sus relojes o las órdenes de quienes coordinan sus vidas desde Tierra.

Foto superior: Cuidados por los efectos cardiovasculares negativos en el espacio. (Foto: Aerospace Medical Association)

Los primeros días en el espacio los astronautas no experimentan mucha sed y por el contrario orinan en gran cantidad con lo que normalmente se deshidratan. También su visión, producto del cambio de presión del que hemos hablado (más bien yo he escrito y Ustedes leído) se hace borrosa durante la primer semana. Luego, esta empieza a estabilizarse e incluso a mejorar con lo que algunos astronautas han divisado objetos en movimiento en la Tierra ¡a 250 kilómetros de altura!
Tampoco es cuestión, en estos viajes al espacio, de arrancar a todo lo que da. La aceleración de una nave podría llegar a 100 g tomando como un "g" la presión terrestre a nivel del mar. Un ser humano puede soportar 2g parado, incluso 3 g con relativa normalidad si se encuentra perpendicular a la dirección de la nave. A los 5g el astronauta sentirá un profundo dolor en sus extremidades y a los 7g perderá su visión para a los 8,5g dejar de bombear su corazón la sangre al cerebro. Como se ve, estos cambios de velocidad tendrán que manejarse con sumo cuidado.

También la "atmósfera" que sea respirable en la nave, nuestro cuerpo se mantendrá equilibrado con una temperatura que se encuentre entre los 5,6º C y los 31º C. El nitrógeno en la sangre forma burbujas que causan un dolor insoportable en las extremidades por lo que al aumentar la presión los astronautas deberán haber estado respirando solo oxígeno durante unas 3 horas antes para "depurarse". Por otra parte, sin suficiente oxígeno nuestras habilidades mentales se debilitan, perdemos coordinación, memoria y visión periférica.
¿Todo esto ocurre? Más bien deberíamos decir que todo esto puede ocurrir, hoy cada misión de los transbordadores orbitales de la NASA o las misiones tripuladas a las estaciones espaciales van acompañadas de médicos especialistas en esta nueva disciplina. También están monitoreados por otros desde Tierra. Tienen una dieta personalizada y el 70% del tiempo que están despiertos se encuentran haciendo gimnasia para contrarrestar los devastadores efectos de la microgravedad en músculos y huesos. Hoy ya suman decenas los que se han aventurado al espacio, primero fueron pilotos de prueba, más tarde científicos, en la actualidad tenemos los primeros "turistas espaciales" que pagan millones por estar allí, viendo al Universo desde el Universo la pregunta es, después de esta nota... ¿Todavía sueña con ser Neil Amstrong?

Sebastián Musso *
sebastianmusso@cielosur.com

(*) Presidente del Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata.
Co-Editor Cielo Sur

 

 

 
 
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