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domingo 20 de julio de 2008 
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MITOS EN EL SISTEMA SOLAR
Vulcano, tan escurridizo que… no existe


Por Sebastián Musso*
sebastianmusso@cielosur.com

 


Imagen superior: La visita de Venus a Vulcano, pintura siglo XVIII de Francois Boucher.

Adoro los libros viejos, me encanta revolver las mesas de las librerías de usados buscando casi, lo que se convierte en un tesoro, un título por mucho tiempo buscado o mejor aún, una sorpresa de algo no conocido. También disfruto de su olor, ¿se han fijado el increíble olor de los libros viejos? Estos nos remontan a historias fantásticas y los que aquí nos ocupan, los de Astronomía, nos muestran cómo era el Universo cuando estos se escribieron. Y no me equivoco (creo) al decir esto, si bien muchos de ustedes al leerme objetarán que el Universo es más o menos el mismo durante la brevísima porción de historia cósmica en la que la humanidad se desarrolló, en este minúsculo planeta ha sido muy distinta la imagen que hemos tenido de él a lo largo de ese tiempo. De alguna manera, podríamos decir que el Universo alguna vez giró en torno nuestro, al menos si tenemos en cuenta que las mentes mas prestigiosas de su tiempo y tras de ellas cualquier buen vecino al que se le preguntara pensaban eso.

En mi biblioteca me esfuerzo por tener los últimos libros del tema, no todos, no se puede por tiempo para leerlos ni mucho menos por su costo, mucho menor a lo que realmente valen y mucho mayor del que normalmente podemos pagar. Pero entre ellos tengo algunas reliquias, los clásicos de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno y Kepler y una enciclopedia de astronomía editada en 1901. Abriendo su primer tomo comienza la reseña del Sistema Solar y comienza con… Vulcano.

Durante mucho tiempo Vulcano ha sido un planeta más del Sistema Solar, aunque nunca haya existido su nombre aparece escrito en los libros de astronomía, en las reuniones de científicos, en la correspondencia que estos mantenían y en lo que cualquier persona que se considerara informada aceptaría como real, tan real como hoy nos parecen los agujeros negros, los cuasars o la materia oscura.

¡Las órbitas de los planetas! ¡A donde irán! ¡Vaya tema! Kepler hubiera dado la vida por los datos de la órbita de Marte según las observaciones del excéntrico Tycho Brahe y de alguna manera la historia nos muestra que hasta llegó a robarlos para con ellos elaborar su teoría del movimiento planetario. Estos “cuerpos errantes” (eso es lo que quiere decir la palabra planeta) siempre nos sorprenden moviéndose diferente de como predecimos que deberían y en las más de las veces tardamos mucho en dar una explicación convincente. Así ocurrió con Mercurio quien mantiene una órbita alrededor del Sol que podríamos decir se mueve en sí misma manteniendo como único punto coincidente con su recorrido anterior el perihelio (punto de mayor acercamiento al Sol). ¿Cómo explicarlo?

El matemático francés Urbain Le Verrier encontró en las influencias gravitatorias de un posible planeta ubicado entre Mercurio y el Sol las explicaciones al problema. El trabajo fue presentado a la Academia de Ciencias de París a finales de la década de 1850. En 1859 Le Verrier recibió una carta de un astrónomo aficionado, Lescarbault quien le comunicaba haber visto una mancha negra en el disco solar el 26 de marzo de 1859. Había visto la mancha durante una hora y cuarto mientras esta se movía cubriendo un cuarto del disco del Sol. Lescarbault se animaba a calcularle cuanto tardaría en ir de punta a punta del diámetro solar desde nuestro punto de observación en 4 horas y 30 minutos. Con esos datos Le Verrier le adjudicó a Vulcano una órbita de 19 días y 7 horas a una distancia del Sol de 0.1427 unidades astronómicas (una unidad astronómica es igual a la distancia media Tierra– Sol, aproximadamente 150 millones de kilómetros).


Imagen superior: Recreación pictórica de Vulcano. (Ilustración Silvia Smith).

El diámetro de Vulcano se estimó como considerablemente menor al de Mercurio y su masa en 1/17 de la de su consecutivo.

Ya el astrónomo alemán Kepler había creído ver un planeta más cercano al Sol que Mercurio, y mucho más cercano a la época que tratamos, el 8 de mayo de 1845 también se había visto algo cruzando el disco de nuestra estrella central. Por esos años, el profesor Wolf, un alemán que se suma a nuestra historia, y otro astrónomo del cual los libros no guardan su nombre encontraron una docena de puntos en el sol de los que calcularon dos posibles planetas, uno con periodo de 26 días y el otro que tardaría 38 días en completar su traslación.

Un aficionado de Manchester, el 20 de marzo de 1862 observaba el Sol entre las ocho y las nueve de la mañana cuando lo sorprendió una mancha que se movía a buena velocidad. No eran todas a favor, el astrónomo brasilero Liais buscó infructuosamente este planeta aún con telescopios más potentes que el de Lescarbault. Mientras tanto, otros ya no hablaban de Vulcano sino de todo un segundo cinturón de asteroides más cercanos al Sol que la órbita de Mercurio. Cada punto observado en el disco solar reabría el debate sobre si se trataba de una mancha solar (zonas de temperatura inferior a los 6000º de la fotosfera) o si era un miembro más de esta cada vez más poblada zona del Sistema Solar.


Imagen superior: Pintura de un supuesto cinturón de asteroides alrededor del Sol. (Ilustración Silvia Smith).

El 4 de abril de 1875, un conocido astrónomo alemán, Weber, vio otro punto moverse por la fotosfera, una de las capas más externas de la envoltura gaseosa del Sol, una especie de superficie de hidrógeno a 6000 grados centígrados. ¿Otro dato más al azar? No exactamente, Le Verrier había predicho que su planeta Vulcano podría volver a observarse el 3 de abril de ese año. También Wolf coincidía con esta fecha habiéndole calculado la órbita a “su” planeta en los 38 días que antes mencioné.

Pocos años más tarde pasó la moda, nadie volvió a ver ni uno de los antes numerosos objetos que dificultaban los cálculos de las órbitas y más aún, de su número exacto. En 1916, Albert Einstein publica su Teoría General de la Relatividad y con ella se logra explicar el movimiento de Mercurio, las manchas solares vuelven a ser solo eso y a clasificarse con la única intención de conocer los ciclos de mayor o menor actividad de nuestra estrella. Vulcano no aparece más en los libros de astronomía, nadie toma más en serio sus historias y solo aparece esporádicamente, entre las páginas amarillentas de algún viejo libro, atesorado en una biblioteca y con… ¿les dije cómo me gusta el olor de los libros viejos?


(*) Sebastián Musso es fundador del Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata, Argentina y presidente de esa institución durante 1999 – 2003
Coeditor Cielo Sur.
Periodista científico y divulgador.

 

 

 
 
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