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lunes 20 de noviembre de 2017 
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Exploración espacial: buscando la vida en Marte

Por: Alejandro Gangui*

La duda es una situación incómoda,
pero la certeza es una situación ridícula
.
Voltaire

 

Ya en 1877 Giovanni Schiaparelli, desde el Observatorio de Brera en Milán, observaba extrañas figuras geométricas sobre la superficie de Marte. Fue pocos años mas tarde que sus famosos "canali" (canales en italiano) tomaron notoriedad. Lógico es pensar que los astrónomos de su época encontraron por demás peculiares sus descubrimientos marcianos. No fue sino hasta 1886 que Perrotin y su asistente Thollon, en Niza, en ocasión de la instalación de un nuevo anteojo astronómico de 29 pulgadas de abertura, lograron confirmar los dibujos hechos por el italiano. Luego de algunos intentos infructuosos, observaron los canales (incluso canales dobles paralelos) aproximadamente como Schiaparelli lo había hecho años atrás: las pequeñas discrepancias entre las nuevas y las viejas observaciones constituyeron la mejor prueba de la existencia de los canales marcianos.

Imagen superior: Dibujo de los canales por Percival Lowell.

Pero será quizás mayor la notoriedad de estos canales luego de la obra de Percival Lowell en 1906. Lowell, un acomodado hombre de negocios de Boston, hizo construir su observatorio personal en Flagstaff, Arizona, y desde allí realizó mapas detallados de la superficie del planeta rojo, encontrando - e interpretando como posible evidencia de vida inteligente - no solo canales sino también otras regiones notables, como oasis, que serían así irrigados y convertidos artificialmente en zonas productivas en ese inhóspito paisaje marciano.

En la década de 1960 llegaron al planeta las sondas Mariner, que lograron atravesar con sus cámaras las impresionantes tormentas de polvo (que dan al planeta su color rojizo, procedente de la oxidación de rocas ricas en hierro), lo que le permitió a la Mariner-9 en 1971 descubrir volcanes y cañones que empequeñecen a sus pares terrestres (el volcán apagado Olimpus Mons tiene una altura tres veces superior al Everest). Luego siguieron las dos sondas Viking Orbiter y las dos Viking Lander en 1976, cuando éstas últimas se posaron en la superficie de Marte y llevaron a cabo complejos experimentos, y obtuvieron impresionantes imágenes panorámicas.

Años más tarde, en el verano de 1997, y lejos ya de las especulaciones sobre los canales, luego de un viaje de 500 millones de kilómetros y siete meses de duración, la nave no tripulada Mars Pathfinder de la NASA llegó al mundo vecino. Entre sus objetivos figuraron estudios meteorológicos y geológicos.

Imagen superior: Foto de Marte tomada el 10 de Marzo de 1997 por el telescopio espacial Hubble. Marte se encontraba en su punto más cercano a la Tierra, a solo 100 millones de kilómetros.

El descenso de esta sonda en suelo marciano no fue de los más suaves. Luego de usar un complicado sistema de paracaídas y pequeños cohetes para perder velocidad, en el último tramo, se abrieron unos potentes "air-bags" para amortiguar el tremendo impacto contra el suelo. El lugar elegido para el aterrizaje fue la región ecuatorial Ares Vallis, posiblemente el lecho de un cañón erosionado en el pasado por una corriente de agua caudalosa.

Pero esta sonda no fue la última; muchas fueron las misiones planeadas para los años siguientes. En particular, la Mars Global Surveyor (MGS), diseñada inicialmente para orbitar el planeta durante dos años -un tiempo algo superior a un año marciano- llegó en Septiembre de 1997 y en seguida sus descubrimientos dieron que hablar. Apenas entrada en órbita, su magnetómetro reveló un débil campo magnético marciano; más tarde, su cámara óptica enfocó la región de Cydonia, donde fotografías de baja resolución tomadas por la Viking Orbiter 1 en 1976 y peculiares juegos de luces y sombras se habían complotado para mostrar una misteriosa "cara de Marte".

Con diez veces mejor resolución, la fisonomía de este rostro se desvaneció y la cara desapareció de Marte y del imaginario colectivo.

Durante todos estos años, la sonda MGS estudió las nubes, vigiló tormentas de polvo y realizó la cartografía completa de la superficie marciana con inigualable precisión. Pero este fue un corto periodo de éxitos en lo que inicialmente se esperaba seria un vasto programa de exploración de dos décadas, una docena de naves y muchos, muchos millones de dólares.

En efecto, ya se creía olvidada la mala experiencia de la sonda Mars Observer: el 21 de Agosto de 1993 esta sonda perdió contacto con la base de la tierra, y ahora se estima que se habrá destruido o que estará errante, orbitando el Sol con un periodo de unos 500 días.

Pues bien, los eventos sucesivos la traerían a la memoria, pues una sonda posterior, la Mars Climate Orbiter, desapareció de los radares el 23 de Septiembre de 1999. Su destrucción fue debido a un error en el sistema de unidades utilizado en la navegación. Esto hizo que la nave se acercara excesivamente al planeta y, se presume, golpeara de lleno contra la atmósfera, destruyéndose. Siguiente golpe bajo: la Mars Polar Lander, perdida en Diciembre de 1999, aunque en algún momento se creyó percibir débiles señales de vida de sus emisores...

Si la Mars Pathfinder estudió las rocas, la Mars Polar Lander debía cavar en las zonas congeladas del polo sur marciano en busca de un elemento esencial para la vida como nosotros la imaginamos: el agua.

A pesar de la retahíla de bajas ya mencionada, las imágenes y datos revelados por los nuevos instrumentos ayudan a los científicos a hacerse una idea mejor del pasado del planeta. Una posibilidad, atractiva por cierto, es que en el pasado Marte fuera templado y húmedo. Sin embargo, los cauces secos de las fotografías plantean la pregunta: si hubo agua en el pasado, a dónde ha ido a parar?

Recientes estudios de los datos de MGS sobre la topografía y gravimetría marcianas hacen pensar que se ha descubierto un sistema de canales -ahora subterráneos y enterrados bajo sedimentos- que, miles de millones de años atrás, llevaban el agua desde las tierras altas del sur hacia el norte. Y no serían pequeños: las estimaciones actuales les confieren unos 200 km de ancho, miles de km de longitud y al menos entre 1 y 3 km de profundidad. Sin embargo, "resultados extraordinarios requieren evidencias extraordinarias" y el debate está abierto sobre si las pruebas son concluyentes o no.

Sin embargo la idea de vida en Marte ha desde siempre cautivado la imaginación. Hace varios años un grupo de Stanford/NASA anunció resultados de experimentos realizados sobre el meteorito de origen marciano ALH84001 encontrado en la Antártida. Su edad fue calculada en 4.500 millones de años y provendría del interior del planeta. Se piensa que 3.500 millones de años atrás, con Marte más cálido y húmedo que ahora, el agua habría logrado penetrar por fracturas hacia el interior, depositándose carbonatos.

Alrededor de 15 millones de años atrás un gran meteorito habría golpeado la superficie de Marte lanzando pedazos de roca fuera del planeta; luego de vagar por millones de años uno de estos fragmentos habría entrado en la atmósfera terrestre, cayendo en nuestro polo sur hace tan solo 13 mil años.

Los primeros análisis realizados en porciones internas del meteorito arrojaron resultados intrigantes sobre su composición: se observaron diversas configuraciones minerales características de la actividad biológica, y la presencia de trazas microscópicas que podrían deberse a fósiles de organismos como las bacterias. Otro indicio fue dado por el hallazgo de isótopos del azufre en el interior del meteorito. El azufre, es un agente oxidante y, junto con otros compuestos orgánicos, podría llevar al desarrollo de la vida. Sin embargo, resultados recientes del grupo de químicos atmosféricos americanos mostraron que las abundancias relativas de los diferentes isótopos del azufre de varios meteoritos marcianos pueden explicarse perfectamente por procesos puramente químicos en la atmósfera marciana, "sin" necesidad de bacterias u otro tipo de vida primitiva.

Si bien las recientes misiones espaciales no fueron diseñadas para realizar estudios sobre la posibilidad de vida en Marte, no cabe duda que futuras misiones si lo serán.

Observaciones actuales de la sonda Mars Odyssey muestran grandes extensiones heladas rodeando los casquetes polares, con temperaturas por debajo de la centena de grados bajo cero. Se encontraron además dos regiones ricas en Hidrógeno -cubiertas por otras capas más superficiales- cerca de los polos, cuya detección se llevó a cabo con el espectrómetro de rayos gamma de la sonda. Estas recientes observaciones sugieren que el hielo es la fuente del Hidrógeno detectado, lo que indicaría la presencia de agua sólida en las capas mas superficiales del planeta.

Este es un novedoso hallazgo científico y con implicaciones filosóficas de suma importancia, y que deberá ser ratificado por observaciones independientes. Es esto precisamente lo que las próximas misiones se encargaran de verificar, y en el futuro quizás también de recoger y enviar de vuelta a la Tierra muestras del suelo marciano.

Y ya falta poco para que comience una nueva aventura, ya que en breve partirán dos nuevas misiones no tripuladas de la NASA, las misiones "Mars Exploration Rover", bautizadas MER-1 y MER-2. y una de la Agencia Espacial Europea, la "Mars Express/Beagle 2". De tener el éxito que se espera, las sondas dejarán caer en diferentes lugares del suelo marciano sendos vehículos "todo-terreno" (rovers) que podrán desplazarse y estudiar la superficie de planeta -y buscar trazas de agua líquida que pudieron existir en el pasado- gracias a todo un conjunto de instrumentos sofisticados.

La Tierra y Marte guardan ciertas similitudes en que ambos son planetas de rápida rotación, con finas atmósferas dependientes de la topografía local y calentadas por el Sol y el intercambio de calor con el planeta, y con grandes cambios climatológicos estacionales. Sin embargo, una de las preguntas que mas intriga a los científicos es "por qué son tan distintos hoy?". Al momento de su formación, hace menos de 5.000 millones de años, la Tierra y Marte compartían condiciones similares. La comparación de la historia y evolución de los dos planetas responderá muchos interrogantes sobre el pasado (y posiblemente el futuro) de la Tierra.


Imagen superior:representación de uno de los rovers que explorarán la
superficie marciana desde comienzos del 2004 [cortesía JPL-NASA].

Por el momento nada de Marte nos hace recordar a aquella noche de Halloween de Octubre de 1938, cuando invasores marcianos ficticios declararon la guerra a la Tierra, durante la emisión de Orson Welles de la Guerra de los Mundos. "Teres atque rotundus [suave y redondo]", diría Lowell, "...y aunque su nombre recuerda al mas turbulento de los dioses, Marte es hoy uno de los mas tranquilos cuerpos celestes. En efecto, los antiguos parecen haber sido singularmente desafortunados: con Marte tan pacifico, Júpiter tan joven y Venus tan tímidamente envuelta en sus nubes, los nombres de los planetas concuerdan muy poco con sus temperamentos."

*Alejandro Gangui es investigador del CONICET y del Departamento de Física de la Universidad de Buenos Aires. Es miembro del Instituto de Astronomía y Física del Espacio, en Buenos Aires, donde trabaja con modelos teóricos que buscan explicar las observaciones recientes en la radiación cósmica del fondo de microondas, un vestigio del universo primordial. Acaba de completar la redacción del libro "El Big Bang, la génesis de nuestra cosmología actual" de próxima aparición en Editorial Eudeba.

Su sitio web es www.iafe.uba.ar/gangui.html

Este artículo es una extensión de un texto publicado por Alejandro Gangui en la revista Investigación y Ciencia.

 

 
 
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