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10 años del Centro de Estudios Astronómicos
1995- 5 de agosto - 2005 |
Por Sebastián Musso*
sebastianmusso@cielosur.com

Los inicios:
Hace rato que estoy frente al monitor de mi computadora preguntándome cómo empezar esta nota, y de lograrlo, cómo seguir. Me es difícil escribir sobre el Centro de Estudios Astronómicos relatando simplemente una correlación de hechos “históricos”, por otro lado, me resulta más difícil todavía conjugar esas historias en otra persona que no sea la primera del singular, sí, en estos años mi propia historia de divulgación científica y la institución, que junto con otras personas funde hace diez años, se confunden invariablemente.
El Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata nació un 5 de agosto de 1995. En un café en la intersección de las avenidas marplatenses Libertad e Independencia, en sus mesas del segundo nivel, nos reunimos aproximadamente 15 personas con un mismo sueño. Crear un grupo donde pudiéramos trabajar por compartir algo que amábamos. Gracias a un escribano presente entre los “astrónomos aficionados” se redactó allí mismo un boceto de estatuto que luego tuvo pocas modificaciones: “con el objetivo principal de estudiar y difundir la astronomía y ciencias afines”, dice, y quienes estamos en él aún hoy nos esforzamos por lograr esos fines.
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La primera conferencia que dictó el CEA como institución estuvo a cargo del licenciado Néstor Camino, astrónomo de Esquel, uno de los mejores divulgadores de esta ciencia que tiene Argentina y por qué no decirlo, hijo de nuestra vicepresidente: Lilia Villa de Camino. Apareció al salón Rufino Inda del Automóvil Club Argentino con globos, manzanas, nueces y piñatas para armar un sistema solar a escala junto con la presentación de un proyecto que estaba en sus inicios y hoy es una hermosa realidad en muchas partes de nuestro país y del mundo: La Plaza del Cielo, un complejo para la enseñanza de la astronomía.
Así, al próximo sábado comenzó nuestro primer curso de astronomía general, duraban algunos meses en aquel entonces y estaban divididos según temáticas generales: planetas, estrellas, galaxias y cosmología, astronáutica. En aquel tiempo algunos fotógrafos amigos me ayudaron a equiparme con cientos de diapositivas para apoyar las charlas. La Comisión Directiva estaba formada por un grupo de tías postizas que daban legalidad y respaldo a un grupo de adolescentes, raros por cierto, que tenían por afición, hablar cada sábado de los misterios del Universo durante horas. En mi caso particular, a esas tías debía sumar a mi madre y padre verdaderos, vocal la primera y presidente del Centro el segundo, hasta que fui mayor de edad.
Los sueños de entonces siguen intactos, “construir un observatorio” era uno de los delirios de entonces y sigue siéndolo aunque la historia del Centro nos muestra que el crecimiento es constante y que pronto algunas líneas como estas lo presentarán como realidad. Otras cosas, la mayoría, de las que han pasado, nunca nos atrevimos a imaginarlas y corresponde a las páginas más felices del CEA. En septiembre de ese mismo 1995 tres de nosotros viajamos a Villa Gessell, en esa ciudad se presentaba un proyecto que también nacía por esos años: el Observatorio de la Costa, junto con él una movida cultural importante me llevó a conocer en ese sitio y en el día de mi cumpleaños (un día antes del de él) al licenciado Luis Martorelli. Desde ese entonces sería un compañero de este viaje de los sueños que intermitentemente nos regalaría pinceladas de su generosidad, conocimientos y humildad (mientras siga con esta crónica lo nombrare más de una vez sin duda).
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Siempre tuvimos una misma idea, quienes dictábamos el curso, dábamos las charlas en distintos sitios de la ciudad y comenzábamos (esa actividad la he disfrutado yo sobre todo) a visitar colegios de todos los niveles, éramos aficionados a la astronomía, por lo tanto, no mucho nos diferenciaba de quienes nos escuchaban con entusiasmo y respeto. Por eso, nuestras actividades siempre fueron gratuitas. Los más comprometidos nos asociábamos al CEA para pagar los gastos de papelería, intentar comprar en un futuro no muy lejano algún equipo y mantener una estructura legal que la AFIP y la Dirección General de Personas Jurídicas nos recuerda cada año en múltiples oportunidades. Como decía, esa visión de nuestra tarea nos hizo siempre pobres y todo se hizo (se hace) muy a pulmón.
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Así fue como de 1996 a 1998 vagamos por distintas “sedes” del curso: del Automóvil Club Argentino nos mudamos a la Asociación de Residente de La Plata, un lugar apropiado pues en la sala que dictábamos el curso habitaban imágenes de aquella ciudad, con su Museo de Ciencias Naturales, su imponente Catedral y por supuesto, su Observatorio Astronómico. De allí fuimos a varias escuelas, algunas de ellas con porteros que se olvidaban de ir a abrir las puertas un inusual día sábado por la tarde haciendo que varias clases del CEA de aquel entonces se recuerden en plazas o cafés (donde las miradas comenzaban con sorpresa y en algunas afortunadas oportunidades terminaban con interés).
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En uno de esos cursos apareció como alumno César Galán, un locutor de la ciudad que estaba armando un programa de interés general que pronto se convertiría en uno de los ciclos culturales de la radio marplatense más recordados, y por desgracia, extrañado. En aquel “La Brújula” de cada sábado por la noche comencé mi tarea radial que luego apoyaría con tecnicaturas en periodismo y estudios universitarios del mismo tema. ¡El CEA estaba en los medios! Los programas de TV local buscaban nuestra ayuda cuando los eclipses se encontraban en las vísperas o cuando la noticia de algún acercamiento planetario, nave espacial a punto de lanzarse o palabras extrañas como conjunciones o manchas solares irrumpían en sus mesas de trabajo.
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Cada sábado, ahora en la Fundación Tecnológica, más de cincuenta curiosos del cielo se acercaban a nuestro curso de 1998, justo antes de que nos mudáramos a la Escuela Número 10 y de allí a un aula de la Universidad Nacional de Mar del Plata en 1999. El CEA tenía su propio telescopio que bautizamos CHOIQUE I, un recuerdo de nuestro logo, esa representación de la Cruz del Sur desde la mirada de los mapuches, como la pisada de un ñandú o choique en el medio del cielo austral. Con él y con otros telescopios, de nuestros alumnos, los sábados que las ganas y las casi siempre presentes nubes de Mar del Plata nos dejan, salimos en micros y autos fuera de la ciudad escapando de las luces y la bruma marina en busca de las estrellas y nebulosas que esperan nuestros ojos.
Nuestra presencia institucional era reconocida ya en Mar del Plata y fuimos por eso invitados a participar de las ferias de Organizaciones No Gubernamentales de los años 1998 y 1999. Entre los stands donde grupos de voluntarios contaban sus trabajos sociales junto con algunas pocas instituciones dedicadas a la educación destacaba nuestro espacio lleno de láminas de planetas y dos telescopios.
Un año de sueños y sorpresas:
En 1999 el CEA ya tenía sus integrantes desparramados por toda la zona, con gente que viajaba kilómetros cada sábado en busca de imágenes proyectadas desde diapositivas y filminas, algún que otro dibujo en el pizarrón y desde luego, historias de los personajes y hechos que hicieron y hacen al estudio de la astronomía. Para julio de ese año nos enteramos que un congreso de astronomía se realizaría en la ciudad de Santa Fe y allí viajamos, los que pudimos, para encontrarnos con quienes hacían cosas parecidas en lugares diferentes, para aprender de aquellos que se dedicaban a esto desde mucho antes que nosotros y para compartir esa experiencia maravillosa de lo que amábamos todos en aquel lugar.
Allí, un día creo que en la segunda jornada de trabajo, luego de la hora del desayuno y antes que comenzara la primera charla de ese día, en un pasillo externo del complejo de habitaciones donde nos encontrábamos, me dirigió por primera vez la palabra uno de los señores más respetados de la reunión. Me dijo que quería hacerse un tiempo para escuchar mi ponencia sobre un planetario para ciegos (algo que recién había creado), no dude en balbucear una respuesta y salir corriendo a contarle a mis amigos lo sucedido, esa persona que si ya adivinó su nombre al leer esta nota se estará riendo a carcajadas, era el Doctor Jaime García.
Volvimos de aquel sitio con un montón de folletos sobre centros de astrónomos aficionados y observatorios pero sobre todas las cosas, volvimos con algunas amistades que conservo y me enorgullecen. Al regresar, viví una de las cosas más local y maravillosas que me pasaron en mi vida, una nota de un supuesto canal de cable capitalino del que le había hablado hasta el hartazgo a mis amigos en el viaje se convirtió en una de las mentiras mejor armadas de que he sido víctima (si hay otra es tan buena que ni siquiera me he enterado, cosa que ahora que lo pienso empieza a preocuparme) y pocos días después me enteraba que se trataba de Sopresa y ½, un programa de Julián Weich el que me estaba llevando a Italia a conocer todos los sitios relacionados a mi gran ídolo: Galileo Galilei. ¿Por qué cuento esto? Ya dije que las historias personales se me confunden con las del CEA pero es uno de los mejores ejemplos que tengo para ilustrar lo que esta institución (este hijo mío) en realidad. Esa carta para cumplirme un sueño la había escrito una alumna del curso, alguien que tenía a sus padres, hermanos y pareja en la lista de posibles beneficiarios para el regalo de un momento inolvidable, sin embargo, me eligió a mí, la cara visible del Centro de Estudios Astronómicos, el que hablaba de astronomía cada sábado. Eso es lo que es el CEA, un grupo de amigos, un lugar donde conocer gente maravillosa, lo fue en 1999 y lo sigue siendo.
Ese año El Club de Leones Mar del Plata Norte nos brindaba su reconocimiento. Puertas adentro, seis alumnas escribían el Himno del CEA, con música y todo es una pieza con palabras de cariño hacia el sitio donde todos vivimos momentos mágicos, de vez en cuando solo por la calle, me sorprendo a mi mismo tarareando esa canción.
1999. El CEA viaja a Córdoba para conocer sus observatorios y para vivir una de las experiencias que marcan su historia, un verdadero viaje de egresados con la salvedad que nuestras edades oscilaban desde los 18 hasta los setenta y tantos aunque en rigor de verdad no recuerdo en ninguno de nuestros viajes que esas diferencias, ni otras, se noten en lo más mínimo.
Refuerzos de equipo:
El curso 2000 trajo una sana costumbre que aún mantenemos. Lo llamamos “refuerzo del equipo”, cada año nos visitan personalidades que protagonizan el estudio de esta ciencia y cuyos conocimientos generosamente impartidos en el marco de nuestro curso ayudan a enorgullecernos del nivel logrado. Leonardo Moledo (actual director del Planetario Galileo Galilei de Buenos Aires), Gabriel Otero, a mi gusto uno de los mejores profesores de astronomía que tiene Uruguay y un amigo entrañable que además de hacer una pizza exquisita me atiende maravillosamente cada vez que nos encontramos y Jaime García fueron los invitados de ese año. Todavía en mi estudio tengo guardados algunos instrumentos construidos por chicos del liceo de Montevideo donde Gabriel da clases para medir ángulos entre las estrellas y de vez en cuando repaso el video donde esta grabada la conferencia de Jaime García sobre supernovas, y otras explosiones en el cosmos en la que destacaba su segundo gran amor (asumo que el primero es su esposa): Eta Carina.
Un mes después nos encontraríamos con Jaime en unas Jornadas de Astronomía Amateur en Buenos Aires y un Encuentro de Planetaristas (locos que amamos los planetarios, que tenemos uno, o que queremos tenerlo). Fue el lugar donde conocí al “argentino que corrigió a la NASA”, Sebastián Otero poco tiempo más tarde sería simplemente, uno de mis mejores amigos.
Fue en ese 2000 donde un grupo de amigos del Círculo de Oficiales de Mar nos regalaba, además de un premio que se sumaba a nuestras vitrinas con especial gusto ya que venía de amigos, algo precioso para un grupo de aficionados a la observación astronómica: tres ojos de buey. ¿Qué hacer con ellos? La respuesta de un telescopio al menos era obvia pero cómo. Allí entra en la historia alguien que ya he nombrado, Luis Martorelli, era un profesional que meses atrás había tenido el gesto invalorable de escribir el prólogo de mi primer libro y siendo director del Laboratorio de Óptica de la Facultad de Astronomía de La Plata era la persona indicada para guiar nuestra tarea. Precisamente en el LOCE (Laboratorio de Óptica Calibración y Ensayo son sus siglas completas) se generó la curva para el vidrio de nuestro segundo telescopio, un newtoniano de 223 mm de abertura y 1350 mm de distancia focal: el CHOIQUE II.
Recuerdo que viaje especialmente a buscar esa pieza y una mujer de inusual amabilidad y dedicación para un extraño se acercó a casa de mi tía en Buenos Aires para dármela junto con un montón de indicaciones. Aprovecharé que por respeto nunca toca ni en una palabra mis notas para contar que esa persona hace lo mismo con decenas (quizás si digo centenas no este exagerando mucho) de personas que sueñan con tener su propio instrumento, sea para compartir esas observaciones con muchísimos otros como era nuestro caso como para deleitarse en la intimidad de sus jardines como es el caso de muchos otros por todo Argentina y otros países, algunos remotos. Esa persona era Silvia Smith, la editora de este sitio.
En el 2000 el CEA estuvo presente en la Reunión Anual de la Asociación Argentina de Astronomía, pude mostrar mi trabajo a los astrónomos allí reunidos, en la hermosísima Tafí del Valle con una anfitriona de lujo: la Doctora Olga Pintado. Como éramos mi padre, Jorge Musso, y yo lo únicos no profesionales en esa reunión nuestros conocidos no eran muchos y Olga se preocupó por hacernos sentir como en casa, desde allí se ha convertido en una de los científicos que más admiro pero por sobre todo en una de las personas que más quiero, tengo muchas anécdotas para fundamentar esto pero debo recordar que esta no es una nota personal sino del CEA. Mientras yo disfrutaba de los infinitos verdes de Tucumán otros cinco miembros de nuestra institución no la pasaban peor en el hermoso Valle Grande del sur de Mendoza, con un mes de diferencia se desarrolló allí una Star Party de gran nivel de exposiciones, los mejores cielos del mundo, vino y amigos… ¿Qué más se puede pedir?
Entre las cosas locas que hemos hecho se me viene a la memoria un ciclo de conferencias en Mar Chiquita, en un restaurante, mientras la gente degustaba una “picada astronómica” yo hablaba del tema. En aquellas oportunidades bromeaba con que la escena se parecía a la realidad donde el que representa la ciencia es el que menos come. Otros ámbitos eran más formales y el CEA se hizo presente en el ciclo cultural de Los Gallegos Shopping, ya van seis años sin interrupción, cada mes, una charla de astronomía es compartida con un nutrido auditorio, los temas todavía no se repitieron por suerte, por suerte también, muchas caras amigas se repiten desde entonces.
¿Otra mudanza? Sí, quedaban dos todavía. La primera fue a la sede de la Universidad de la Fraternidad Santo Tomás de Aquino (FASTA) de Mar del Plata. Raro sí, pero muy enriquecedor, nuestro curso estuvo con total libertad de pensamiento cobijado en una institución católica que permitió incluso que algunos de sus mejores profesores (de mis mejores profesores) se acercaran en esos años 2001 y 2002 para sumarse al curso. Jorge Estrella, un importante profesor de historia colaboró con la tarea de contextualizar los momentos históricos donde mentes brillantes como Nicolás Copernico, Galileo, Kepler, Newton o Einstein revolucionaban la ciencia. El licenciado Rodolfo Olivera, uno de los mejores analistas de política internacional de Argentina se acercó al curso del CEA para darnos una charla sobre el agua al tiempo que un filósofo y antiguo seminarista como Gerardo Medina disfrutaba cada participación cuando todo el mundo “quería comérselo” ante sus aseveraciones desafiantes.
Eran los tiempos en que muchos divulgadores de Mar del Plata también se sumaban al curso del CEA: Alejandro Arias venía a hablar de ecología y por esos tiempos a festejar con nosotros su premio recibido de la Corona Holandesa por sus trabajos de preservación de mamíferos marinos. Pedro Mazza visita el CEA periódicamente dándonos pequeños cursos de meteorología, un poco para saber más sobre el funcionamiento de nuestro propio planeta, otro tanto para poder predecir al menos a “grandes rasgos” lo que pasará en una ciudad tan cambiante como la costera Mar del Plata y por último para apaciguar nuestros insultos a sus amadas nubes cada vez que nos frustran una observación.
Venía de fuera de la ciudad uno de los científicos que conozco que más respeto profesa a quienes se acercan a interesarse por su trabajo: el Doctor Marcelo Arnal, alguna vez director del Instituto Argentino de Radioastronomía ubicado en Parque Pereyra Iraola. También era él quien nos atendía y atiende cada vez que el CEA hace sus viajes a La Plata para recorrer precisamente el IAR y el Observatorio Astronómico (donde también siempre hay un guía solícito a nuestras preguntas, se los recomiendo). Marcelo tiene la particular virtud de poder explicar las leyes de Plank o la escala de la ventana óptica del espectro electromagnético con ejemplos cotidianos o un creativo movimiento de sus manos cautivando a su auditorio al mismo tiempo que deja las ganas siempre de saber un poco más, lo cual quizás sea indispensable en alguien que quiere divulgar una ciencia tan amplia y en manos inexpertas tediosa como la astronomía.
5, 6 y 7 de Octubre de 2001. Lejos de Mar del Plata, en Asunción del Paraguay, siete miembros del Centro de Estudios Astronómicos asistíamos al Primer Congreso de la Sociedad de Estudios Astronómicos de esa ciudad. Tuve la oportunidad de exponer en el congreso y el regalo de dar un taller en una escuela de Asunción, con niños atentos y educados y profesores agradecidos al límite de la exageración. ¡Cuantos amigos nuevos hacíamos allí! Conocimos personalmente a esos amigos de mail que nos vemos lamentablemente poco como José Diniz de Brasil o Néstor Villalba, nuestro anfitrión. Recuerdo en una cena que entregamos el Premio Choique a Jaime García, es un premio que damos para agradecer a aquellas personas que nos hacen crecer, que nos brindan su conocimiento generoso y su amistad sincera. El premio es más que merecido.
Durante el 2002 nos visitaron por primera vez dos de las personas más queridas del CEA (dos de una lista digamos de cinco, los otros tres ya han sido nombrados): Sebastián Otero y Silvia Smith.
Sebastián Otero es hoy miembro honorario del CEA, un estudioso de estrellas variables que observa con su propio método, a simple vista, y con eso ha logrado resultados asombrosos. Publica sus estudios periódicamente haciendo quedar muy bien a los aficionados argentinos que tienen en él quizás uno de sus mejores representantes y por supuesto, honrando el nombre del Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata que aparece como entidad en cada paper por él redactado. Sebastián llegó en el curso de 2002 para no dejar de visitar la ciudad nunca más desde allí. Cada año no solo cuenta su trabajo a nuestros alumnos sino que contagia las ganas de dedicar una buena porción de nuestras vidas a esta ciencia.
La llegada de Silvia Smith marcó un antes y un después en nuestra institución. El tema de la construcción de telescopios era bien recibido en otros sitios pero no sabíamos muy bien cómo sería la respuesta en el CEA. La charla fue una de las más concurridas de nuestra historia, la gente escuchaba como hipnotizada y las preguntas no dejaban descansar a la disertante ni en la pausa ni luego de las tres horas de exposición. Todo sabía a poco. En la cena, uno de nuestros miembros propuso que Mar del Plata tuviera su propio taller de construcción de telescopios, fue Néstor Peretti. A la semana siguiente no solo teníamos su entusiasmo sino un espacio dentro del trabajo de Osvaldo Iokich para montar el “Taller Silvia Smith”. Ese espacio sigue hoy, gracias al apoyo de los Empleados de Casino de Mar del Plata y el entusiasmo de muchos que se acercan allí para construir su propio instrumento de observación. Es quizás nuestro mejor proyecto, siempre con la ayuda de Silvia y toda su gente maravillosa, nombrare a José Luis Da Conceicao pues se acerco especialmente a nuestro taller pero luego tuvimos muchas ayudas “a distancia” y la satisfacción de encontrarnos en otras ciudades para compartir nuestras experiencias.
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Imágenes charlas y Taller de construcción de telescopios del CEA en sus comienzos.
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En el 2002 nuestro viaje fue a City Bell, cerca de La Plata, para participar del Primer Encuentro de Constructores de Telescopios Cielo Sur. Éramos muy nuevos en el tema (aún lo somos) pero aprendimos muchísimo en él. Cómo olvidar al Ingeniero Chavasse explicarnos con minucioso detalle sus experiencias, José Luis Da Conceicao mostrarnos orgulloso su montura para telescopio hecha con partes de bicicleta y como un telescopio es para observar, Sebastián Otero y Cecilia Scalia nos brindaron sus amplios conocimientos sobre estrellas.
Nos acercamos al… solo el comienzo:
Durante el 2003 se repitieron los invitados pero no el lugar. Nuestra nueva casa era y sigue siendo el Museo del Mar, quizás el lugar más lindo que tiene Mar del Plata, un museo que alberga la tercera colección de caracoles más importante del mundo: 45.000 piezas. En una estructura edilicia difícil de describir con palabras, un espacio coqueto que da ganas de quedarse y sobre todo, volver. En él, un micro cine con cañón multimedial cambió nuestras diapositivas en presentaciones power point y la pantalla de 2 metros por 3 refleja cada sábado las imágenes de los mejores instrumentos del mundo, como así también animaciones, videos y gráficos explicativos. Su dueño es Pablo Sisterna, un doctor en física especializado en cosmología que periódicamente visita nuestro curso y su casa para mostrarnos los últimos avances en esa rama del conocimiento.
¿Viaje? ¡Por supuesto! Fue Gonnet y el Segundo Encuentro Cielo Sur de Constructores de Telescopios. Allí además se aprovechar al máximo las ponencias nos dimos el gusto de premiar a la Doctora Olga Pintado, a Cecilia Scalia, a José Luis Da Conceicao, a Silvia Smith y a Sebastián Otero. Todos ellos son una buena parte de estos 10 años que estamos festejando. Cabe destacar que este Premio Choique en el ámbito local se entregó también a Pedro Mazza, nuestro meteorólogo de confianza y de lujo, y a dos periodistas que nos ayudan invalorablemente en nuestra tarea de difusión de la astronomía: Ricardo Pérez Bastida y Pablo Salgado, con este último comparto desde hace cuatro años el micrófono de su programa, primero en LU9, Radio Mar del Plata y ahora en FM 105.1, la Emisora del Obispado. Otro espacio más donde la astronomía está presente, la ciencia en general se comenta y discute con los oyentes que participan y donde encontramos nuevos amigos que se suman a nuestros cursos.
Pero sin dudas el año 2004 fue el gran año del Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata, ya habían pasado más de 10.000 personas por nuestras actividades, cursos, conferencias, visitas a los colegios y observaciones. Ya no solo eran los medios locales sino en varias oportunidades corresponsales de medios de Buenos Aires se acercaban para consultar nuestro parecer sobre temas referentes a la astronomía. En 2003 el acercamiento de Marte a la Tierra había reunido 3000 personas en la costa marplatense para observarlo con nuestros telescopios. Y eso nos recordaba esas oportunidades de vivir la ciencia en público, como había ocurrido en los diferentes eclipses y algunos de los últimos alineamientos planetarios.
En abril, 22 miembros del CEA subimos a un micro que nos llevo a San Rafael y luego de un pequeño tramo final llegamos a Valle Grande a otra Star Party organizada por el Instituto Copérnico y Cielo Sur. Siempre que podemos viajamos en patota nos bromeaban nuestros amigos. Más allá de la disertación de César Barrio y la mía ese encuentro tuvo para el CEA un momento aún más importante. Al finalizar las actividades, luego de la entrega de diplomas les anunciábamos a todos que nuestro próximo encuentro sería… en Mar del Plata.
Imágenes San Rafael 2004.
Nos esperaban meses de mucho trabajo, de reuniones semanales con torta de Lilia Camino infaltable y recorridas interminables por la ciudad para contratar los servicios necesarios para que todos estuvieran a gusto. Mientras tanto, el curso seguía. En agosto del año pasado Gabriel Bengochea, del IAFE, visitó el CEA y en tres días consecutivos nos acercó un seminario intensivo de 12 horas reloj sobre cosmología. Terminamos con nuestras mentes agotadas pero teniendo una idea mucho más acabada de lo que nos rodea, una experiencia maravillosa.
En noviembre llegó el momento esperado, corridas, nervios y la apertura del Primer Congreso de Astronomía del CEA y el Tercer Encuentro de Constructores de Telescopios Cielo Sur. Fueron 39 ponencias llenas de contenido, didáctica y pasión de parte de profesionales y aficionados de todo el país y de otros como Uruguay, Brasil, Paraguay y Colombia que se hicieron presentes. Después de haber disfrutado de la hospitalidad de tantos durante tanto tiempo tuvimos la oportunidad de recibirlos en nuestra casa en cuatro días maravillosos. Más de 300 personas participaron del Evento, amigos que aún hoy recuerdan con cariño los momentos que vivimos. Leonardo Delgado Ariza, mi querido amigo de Bogotá Colombia, que vino desde la otra punta de nuestra América del Sur con las fotos sacadas por sus pequeños alumnos y videos animados de una caricatura suya que explica las maravillas de ese mismo Universo que compartimos. Fue “Beto” Soprano el presidente del Centro en este periodo, el periodo de más logros, el de más trabajo, él como otros se acercó al CEA hace algunos años y terminó queriéndolo como quienes lo formamos, llevándolo lo más alto posible, sin duda hizo un excelente trabajo.

De acá en más:
¿Más proyectos? Siempre. Hoy estamos comenzando a pulir con Sebastián Díaz un vidrio de 400 mm para el cuarto telescopio del CEA, el planetario para ciegos será una realidad palpable en pocos meses y todavía nos falta la sede. Cada sábado nuevas anécdotas se suman a nuestra historia, tan numerosas y desopilantes que por ser cauteloso con la ya prolongada duración de lectura de esta nota no llego a contarles. Solo quise mostrarles (y espero haberlo logrado) el espíritu de este Centro, de gente que ama las mismas cosas, que se junta con otras que aman lo mismo y le dedican su vida, visitándolos en Rosario, Santa Rosa, Suncháles, La Plata., Mendoza o Córdoba. Charlas de astronomía o cenas con amigos, brindis por los logros, premios festejados, llamados desde el otro lado de un programa de radio. Las miradas asombradas en una primera observación con telescopio, el aplauso después de cada charla, un aplauso para cada uno de los que hace este sueño posible. Este 5 de agosto, volveremos al café de Libertad e Independencia, ya no somos 15, somos cada vez más.

Imagen superior: Parte del CEA en La Plata.