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 NAVEGANDO LOS CIELOS AUSTRALES


Parte de este artículo fue publicado en Astronomía Digital Diciembre 2003


Por: Silvia I. D. Smith

Cuando tengas
preocupaciones,
alza la vista hacia
las estrellas y
habla de ellas a tus hermanos

Xokonoschtletl
(de “Lo que nos susurra el viento”)




Imagen superior: Navegando los Cielos Australes. (Crédito imagen Silvia Smith©).

Introducción

Viajando por la Patagonia Argentina, pensaba en aquellos audaces navegantes que se aventuraron por estas aguas y estas tierras, descubriendo nuevos cielos. Claro está, no era ésa su meta, la necesidad de encontrar otra ruta para las valiosísimas especias del Oriente, hacía que cualquier sacrificio poco significara, perder de cinco naves cuatro, valía la pena ante un cargamento de estos, la pérdida de cuatro naves y unos doscientos hombres en el camino, nada valían en comparación. Esta apremiante necesidad en el medioevo, se debía a que las posibles rutas a tan preciados bienes, estaban por un lado, en manos de Venecia, que había conseguido abrir una ruta por el Canal Grande, pero por otro, El Islam, ningún navío cristiano tenía permitido cruzar el Mar Rojo, así dividida Europa y la India, había que encontrar otra ruta para hacerse de tan preciados cargamentos.

La historia, la hacen los historiadores, algunos cronistas, tal vez no tan interesados en relatar la veracidad de los acontecimientos, mas que quedar en buenos términos con aquellos a quienes servían o respondían, tanto como salvar su persona en circunstancias difíciles, tal vez, no hayan sido fieles a la verdad. Es por esto, que en la investigación de los hechos históricos, nos encontramos con multitud de datos en franca oposición unos con otros.

Lo fascinante de la historia de la llegada a estas tierras, es la pasión personal de cada uno de aquellos que estuvieron involucrados, algunos de los cuales, dejaron una marca tan profunda que no creo ninguno de ellos haya podido calcular en su grandiosa medida.

Los descubridores y los cielos

Es difícil, casi imposible, llegar a saber si realmente fueron los primeros en tocar y cartografiar estas costas los navegantes portugueses, españoles e italianos. La historia relata, con cuidadoso análisis, acontecimientos escritos por cronistas, que pueden ser ciertos e indudables, pero también está la otra historia: la protohistoria, de ella se suelen tener alusiones no del todo claras; algunos mapas, cartas de navegación de procedencia que se pierde en el tiempo, han servido a los navegantes que luego hicieron ésta, la historia escrita, la que llega a nuestros días. Los astros como puntos de referencia (faros), era lo único que podían observar para orientarse. Durante el día, la observación solar que consiste en el registro del instante de paso de los bordes superior e inferior por un determinado círculo de altura. Los datos diarios obtenidos permiten medir las variaciones del diámetro del Sol. También se determina, mediante el seguimiento de su órbita aparente, la posición del punto de origen de las coordenadas ecuatoriales de las estrellas.

Esta extraordinaria pasión de explorar costas desconocidas se dificulta al no poder las embarcaciones seguir rutas reconocidas. Explorar regiones incógnitas, hace que un buen descubridor deba transmitir a los demás sus hallazgos, y debe fijar las posiciones absolutas, no las posiciones relativas a la última costa o puerto de recalada. Para ello hay que observar el rumbo y, calcular bien la velocidad, es por esto, que en esas épocas de navegación astronómica se podían calcular las coordenadas (la longitud y la latitud) en alta mar mediante la observación del Sol o de las estrellas (como ya mencionamos), siendo absolutamente preciso, un verdadero y profundo conocimiento de la Astronomía.

La latitud se podía calcular con cierta facilidad utilizando sencillos instrumentos de cálculo, pero no así la longitud, que es la referencia al meridiano en el que se encuentra la nave. A diferencia de las expediciones de los portugueses por África, en las que sin grandes variaciones de longitud se descendía 75º (desde Sevilla hasta la extremidad meridional de África), los españoles, al cruzar el océano, eran fieles a la misma latitud: avanzanban grados de longitud, que eran difíciles de calcular.

En general, la longitud se suponía calculando la posición según la distancia recorrida, siguiendo un rumbo dado; para ello se calculaba la velocidad según la experiencia y respecto a la estela que deja el navío sobre la superficie del mar, o calculándolo mediante la observación de hierbas u otros objetos flotantes. En cada turno de guardia se anotaba la velocidad calculada en una pizarra, dato que luego se pasaba al cuaderno de bitácora (libro en que se anotaban todos los acontecimientos de la travesía, y que se guardaba en la bitácora, armario próximo al timón). Con buenos vientos, esos cálculos podían resultar aproximados, pero si había vientos contrarios todo era puro azar.

Los marineros se guiaban por su instinto. Normalmente iban en dirección norte o dirección sur hasta alcanzar la latitud deseada. Entonces se dirigían, sin más preocupación, hacia el este o el oeste hasta tocar la primera tierra.

Ahora bien, si no se encontraban con maderas, hierbas, etc., flotando o ballenas que daban la idea de estar cerca de tierra firme, claro, las cosas se complicaban mucho, sobre todo, si pasan no solamente semanas, sino, muchos meses.

Fernández de Quirós dice en sus escritos:

"1. Anotar los vientos y mudanzas dellos, de los aguaceros, corrientes, pájaros, cardumes de peces y otras señales que son de tierra, y el paraje donde topare con ellas."
"2. Al salir y poner el sol y más veces si le pareciese convenir, hacer subir a los topes a dos hombres para explorar la mar a todas partes del horizonte."
"3. Si navegare con mar y viento y se hallare de golpe sin los dos, si fuere de noche, reparo y sonda y buena guardia, porque suele ser por interposición de tierra cercana."
"4. Si estando el cielo claro el sol, luna y estrellas salieren, o se pusiesen más altas que el horizonte, por ser señal cierta de tierra, si fuere de noche reparo y sonda y de día demandarla
."

El procedimiento clásico para orientarse en altamar, y la guía de los marineros, era la Estrella Polar, que indica el Norte, aunque como por aquellos tiempos la Polaris estaba más lejos del Polo Norte celeste que en la actualidad, mayormente, se hacía referencia a “Las Guardas” de la Osa Menor: Kochab y Gamma que a la inversa del movimiento de un reloj, hacían de guía nocturna al rotar sobre un punto imaginario que era el Polo Norte. No obstante esto, tomando como referencia a Polaris, como su altitud (es decir, el ángulo con que aparece en el horizonte) disminuye conforme se avanza hacia el Sur, señala la latitud. Al navegar en dirección Este u Oeste podía mantenerse también un curso recto y corregir errores de brújula manteniendo la latitud polar constante. Todos estos conocimientos y muchos más, debían tener estos arriesgados navegantes con naves que no creo podamos imaginar cuanta audacia era necesaria para hacerse a la mar tan desconocida como hoy lo es para nosotros el infinito Universo.

Américo Vespuccio

Imagen: Viñeta del mapa de Waldseemüller de 1506, Américo Vespuccio con su mapa).

Américo Vespuccio, era hijo de una influyente familia de origen florentino habiendo nacido en 1454.

Según alguna documentación, la cual hasta el día de hoy se encuentra en duda la veracidad de las cartas escritas por él, en las que da cuenta de su llegada hasta latitudes como el Puerto de San Julián (en la expedición que comandó Alonso de Ojeda por encargo del cardenal Fonseca. Primeramente, no habría sido éste el viaje que lo llevó hasta Puerto San Julián, ni tampoco el segundo viaje que realiza acompañando la expedición de cuyo comando se ignora el nombre llegando tal vez hasta las cercanías del Río de La Plata, sino, en un tercer viaje), dado que en ningún momento da datos precisos (como sí lo hace la expedición de Magallanes) sobre las costas recorridas, no obstante esto, vuelco aquí aquellos datos de archivo en los cuales, la historia dice que navegó estas costas de Sudamérica hasta aproximadamente lo que hoy conocemos como Puerto San Julián, de ahí, según la historia, cree que esta tierra que va costeando, es un nuevo continente, dando cuenta de demasiadas leguas de costa ininterrumpida para no considerarla un continente. Fue por el año 1499 que debido al interés comercial que tenía y también por la geografía, es que Vespuccio, aficionado a la lectura de libros sobre cosmografía, astronomía y mapas, se hace en Sevilla armador dicen algunos historiadores, pero no parecía tener el capital ni el conocimiento para ello, es por esto, que más bien parece haber estado ligado por lazos comerciales a este tipo de empresas lo que lo llevó, en, toda esta combinación, a explorar nuevas rutas comerciales acompañando expediciones, así, por las mismas razones que impulsaron a otros osados navegantes, Vespuccio, se hace a la mar buscando las anheladas rutas por Occidente.

Con los antecedentes de los viajes de Colón, Vespuccio, también se aventura en la navegación hacia el Oeste buscando la ruta hacia Asia por ese rumbo. Como todos, marcado por las lecturas de Ptolomeo y Marco Polo, avizora un futuro promisorio buscando un paso por el sur de las nuevas tierras descubiertas por Colón, en realidad, desconociendo que eran nuevas por cierto.

Sus anotaciones sobre la búsqueda de una estrella polar en el sur celeste, donde, deja sentado también que la estrella Polar, la Osa Mayor y la Osa Menor no se ven, pero sí se aprecian nuevas y notables estrellas, son de gran relevancia. Él, hace mención a “La Divina Comedia” del Dante en el pasaje del “Purgatorio” sobre estas estrellas que está observando nuevas para él, las cuales, le permitirán servir de guía en estas latitudes. Vespuccio, deseaba fervientemente ser el primero en descubrir una estrella polar que identificara el polo sur celeste, pasaba largas noches sin dormir para observar en el movimiento de las estrellas circumpolares sureñas, cuál de ellas en ese fascinante círculo, se movía menos, denotando así, la que podía identificarse como Polaris Australis, estas estrellas, absolutamente opuestas a las conocidas en el Hemisferio Norte e invisibles desde el mismo, deslumbran por su magnitud, belleza y abundancia a Vespuccio. La longitud en estas travesías hacia el Oeste, era un problema que desvelaba a Vespuccio como ha otros navegantes. Las tablas astronómicas de la Luna y los planetas lo obsesionaban. La noche del 23 de Agosto de 1499, debía producirse una conjunción entre la Luna y el planeta Marte, la misma, de acuerdo a los datos que poseía Américo de la ciudad de Ferrara, debía producirse cercana a la medianoche, pero ocurrió que al salir la Luna una hora y media luego de la puesta del Sol, Marte, ya había pasado por aquella posición en el Este. Vespuccio, utilizó este dato para hacer el cálculo de la distancia que había recorrido hacia el Oeste. El método, lo acercaba bastante más que a otros navegantes, como Colón, para hacer las estimaciones de distancias recorridas, pero aún, le faltaba la exactitud que solo podía dársela instrumental de precisión.

Recordemos, que según Ptolomeo*, era irrealizable cualquier emprendimiento por la ruta meridional, a lo largo de la costa africana. No olvidemos, que Ptolomeo, fue autoridad indiscutible en estos temas por 400 años. Según él, era imposible vivir bajo el Ecuador o en sus inmediaciones, su afirmación que bajo el Sol verticalmente ardiente no podía sobrevivir ser humano o planta de alguna especie, era indiscutible. Sus disquisiciones al respecto, llegaban a declarar la imposibilidad de navegar alrededor de este desierto de arena, ya que estas tierras inhóspitas se hallaban unidas hasta el Ártico así como también lo estaban hasta la Terra Incógnita Australis. Detrás del Cabo de Non, comenzaba el llamado verde mar de la oscuridad, allí, el calor solar hacía hervir el mar por aquellas latitudes, incendiándose irremediablemente las naves y cualquier hombre que tratara de hacer pie en estas tierras, se convertiría en negro. Sobre esto, Vespuccio escribe a Lorenzo de Médici:

Me parece excelentísimo Lorenzo, que mediante este viaje he impugnado con éxito la opinión de la mayoría de los filósofos, que afirman que nadie puede vivir en la “zona tórrida” a causa del intenso calor, pues en este viaje, hallé que sucede exactamente lo contrario. El aire es más puro y templado en esta región, y en ella vive tanta gente que su número es my superior al de los que viven fuera de sus límites. Lógicamente, y digámoslo en voz muy baja, la experiencia es, por cierto, mucho más valiosa que la teoría”.

*Esta referencia de escritos por Ptolomeo, se hace solo a fin de hacer comprensible la carta escrita por Vespuccio a Lorenzo de Médici, donde hace mención a este tema.

Pero, ¿Qué se necesitaba aparte de expertos navegantes para estas extraordinarias aventuras?, claramente, conocedores del cielo, con avanzados conocimientos en Astronomía, alguien que conociera ese otro mapa: el del cielo y el del inescrutable destino, ya que la astrología, también jugaba para estos hombres, un papel de importancia. Estos navegantes arriesgados, tenían esos conocimientos. entre ellos, tenemos también al gran navegante, absolutamente indiscutible, Fernando de Magallanes.

Fernando de Magallanes: Un navegante extraordinario

Imagen superior: Fernando de Magallanes.

Fernando de Magallanes (1480-1521), también tuvo que guiarse entre otras cosas, por estrellas que no le eran familiares. Fernao de Magalhais, a quien conocemos como Fernando de Magallanes y también Hernando, al haber renunciado a su nacionalidad portuguesa en favor de España.

Magallanes, hizo sus comienzos en la navegación a los 24 años con la flota de Francisco de Alemeida, éstos, fueron como los de cualquier joven embarcado, arriando velas, construyendo fuertes, luchar tanto en tierra como abordo. Así aprendió a obedecer y también a mandar, en este aprendizaje, para llegar a ser el navegante que fue, aprendió a conocer los astros, así como también, era un verdadero experto en vientos. En estos viajes, exploró las Molucas, donde se encontraban las más codiciadas especias.

Para el 1510, luego de cinco años, ya era oficial, no obstante esto, llevó una vida sumamente dura sin ningún tipo de reconocimiento en su país de nacimiento: Portugal.

Luego de muchos contratiempos, mal herido de guerra, cojo de una pierna, a los 36 años es un desocupado en apariencia, relegado y menospreciado por el rey Manuel de Portugal, se dedica a estudiar profundamente toda la documentación sobre mapas de las costas y bitácoras de las últimas expediciones a Brasil. Entre una de sus aparentes rarezas, cultiva la amistad de Ruy Faleiro, un personaje que parece ser el polo opuesto de Magallanes, hombre ilustrado en Astronomía, Cartografía y Astrología.

Poco se sabe del pasado de este hombre, de este jovencito nacido en el 1480, que luego haría historia. Cuando entra a revistar en la flota portuguesa a los 24 años, es solo un sobresaliente apenas. La historia, es apasionante y larga. Pero saltearemos gran parte de ella, para plasmar aquí, un retazo de esta gran aventura, la que tiene que ver con ésas raras constelaciones de las que tuvo conocimiento cuando buscaba este intrépido navegante el paso hacia otro océano que en Panamá, había avizorado Vasco Núñez de Balboa (había oído Balboa de la existencia de un Mar del Sur por los aborígenes, éste, en septiembre de 1513 se embarcó para Coyba con ciento noventa hombres y desde aquél punto, con sólo noventa que le siguieron, atravesó el Istmo de Panamá a pie, luego de una terrible travesía, divisó desde una gran sierra, el Mar del Sur a finales de septiembre de 1513. Ese mar, no fue denominado Pacífico hasta la llegada de Magallanes luego de atravesado el estrecho que lleva su nombre por el Sur).

Antonio Pigaffeta, el cronista de la gran aventura

Claro, que en gran parte, nada de esto habría llegado a nuestros días, sin la intervención de otro joven, Antonio Pigaffeta, un italiano de buena familia que se alistó para formar parte de esta flota expedicionaria que muy bien no se sabía hacia donde iba y que buscaba, era el gran secreto de Magallanes y Ruy Faleiro (Faleiro al fin no fue parte de esta expedición), hoy, podemos presumirlo, pero jamás sabremos en verdad, qué conocimientos secretos tenía Magallanes para ir con tanta seguridad en busca del ansiado paso hacia las Molucas navegando hacia el Oeste y llegando tan al sur como nadie conocido lo había hecho. Pigaffeta, fue el cronista de esta gran aventura. A través de sus escritos, podemos revivir gran parte de lo que sucedió en este extenso viaje.

Imagen Superior: Manuscrito del relato del viaje por Antonio Pigaffeta.

Allá en el sur más al sur que se pudiera imaginar, ya en la tierra que Magallanes denominó Tierra del Fuego debido a las fogatas que aquí y allá se avizoraban sin que pareciera que ser humano alguno habitara estas tierras, la Cruz del Sur y su extraordinario cortejo, acompañaban y guiaban a estos hombres. Estas estrellas, parecían ser la única compañía de cuatro fantasmales naves, las primeras en la historia en atravesar estas misteriosas aguas. Estas desconocidas nuevas constelaciones, eran unas de las guías que podían darle una salida de estas tierras hacia las Molucas.

Antonio Pigaffeta relata en forma muy escueta, ya que el no es versado en temas astronómicos, qué ve en estos cielos del siguiente modo, cuando se dirigían con rumbo al Brasil para aprovisionarse y seguir bordeando las costas hacia el sur en busca del ansiado paso:

Navegando con rumbo al Sur rebasamos la línea equinoccial, no viendo entonces la Tramontana” (la Estrella Polar del Norte).

Más adelante, en su diario, al ya haber logrado encontrar el paso y atravesar el estrecho después de grandes penurias, entrando en pleno Océano que hoy llamamos Pacífico, luego de tres meses de navegación y veinte días, habiendo hecho cerca de 4.000 leguas, siendo este mar completamente tranquilo (en apariencia, ya que bien sabemos hoy, que el Pacífico, no lo es tanto), se le da el nombre así de “Pacífico” y entre otras cosas relata:

Las constelaciones no están distribuidas en el polo Sur de igual manera que en el Norte, se ven dos grupos de pequeñas estrellas, de luz muy viva que parecen nubecillas, cuyo movimiento es apenas perceptible; ellas determinan el polo S.”, aquí, Pigaffeta, hace alusión a lo más destacado en estas latitudes, las que hoy llamamos Nubes de Magallanes.

Imagen superior : Gran Nube de Magallanes y Pequeña Nube de Magallanes. (©Copyright AlltheSky.com).

Los que desertaron, los que descubrieron

Retrocediendo un poco en el relato de esta historia, antes de cruzar el estrecho, El San Antonio, nave imprescindible para continuar el viaje del ya encontrado paso que Magallanes denominó Canal de Todos los Santos (que luego, la historia daría el nombre de quien descubrió este intrincado y peligroso paso: Estrecho de Magallanes), no se tenía noticias si ésta, que era la nave mejor pertrechada, la más grande y mejor provista de los víveres que eran escasos, había regresado a España en rebeldía o había naufragado (cosa que parecía improbable debido a la calma que permitió al velero Concepción regresar de la exploración encomendada al canal del sur), consulta Magallanes al astrólogo y astrónomo Andrés de San Martín, el único capacitado en la nave para leer algo en las estrellas, recordemos que Magallanes, como muchos en su tiempo, también confiaba en la ciencia adivinatoria, parece extraño, que avezados navegantes, que circundaron un continente desconocido, utilizando las estrellas como la mejor y más infalible de las guías, confiaran también en ellas para que les develaran a través de las ciencias adivinatorias, cual había sido la suerte corrida por el San Antonio en este caso. Es así, que ordena a San Martín, sacar el horóscopo para conocer cual había sido el destino de esta nave. Basado en realidad San Martín en la actitud de rebeldía demostrada por Esteavo Gomes en el consejo establecido para saber si se seguía a océano abierto a través del paso descubierto hacia las Molucas o se regresaba rumbo a España, vaticina que la nave había desertado.

Imagen superior : Mapa donde se puede observar lugar del naufragio de la Santiago y sitio en el cual la San Antonio traiciona la expedición. Se puede apreciar en detalle, lo intrincado de este paso, el cual nos da una idea de que Magallanes, que con tanta firmeza buscó este paso, tenía que tener algún conocimiento sobre mapas de origen desconocido para todos, algunos historiadores, aducen la posibilidad de la existencia de cartografía precolombina que pudiera haber utilizado.

Entre las vicisitudes, nuevos descubrimientos

Magallanes, decide seguir el viaje, un emprendimiento extraordinario, con naves que no estaban en condiciones y hombres con poco ánimo, se arrojan así al vacío más aterrador, bordeando esas nuevas e inhóspitas tierras que debido a los pocos indígenas con los que tomaron contacto en el Puerto de San Julián, la enorme estatura y el sorprendente tamaño de sus pies bautizan a estos hombres “patagaos” denominando así a estas tierras “Patagonia”.

Nuestro querido cronista Antonio Pigaffeta, anota algo que nos da la idea de cuán importante era que un comandante que lleva a cabo tal emprendimiento, tuviese los conocimientos y la habilidad, realmente extraordinaria, aparte de su tenacidad y una personalidad impenetrable como la que poseía Fernando Magallanes. Pigaffeta comenta lo siguiente mientras navegaban ya por el sur del Pacífico:

“La aguja de nuestra brújula indicaba siempre el N., pero desviándose algo del polo. Esto, lo había observado muy bien nuestro capitán general (Magallanes), por lo que cuando estábamos en pleno Océano, preguntó a todos los pilotos qué ruta anotaban en sus cartas y respondieron que la correspondiente al rumbo que les había dado. Magallanes les advirtió entonces que tenían que corregir sus anotaciones, a causa del error a que les inducía la aguja; porque esta se desviaba en razón a que en el hemisferio austral perdía alguna fuerza de atracción hacia el polo N.”

Esto, fue también notado por Cristóbal Colón en su primer viaje, quien debió ocultarlo a la tripulación por temor a que la misma se amotinara al sentirse perdida cuando navegaba rumbo supuestamente a las Indias (en realidad, a nuestro hoy Continente Americano).

Muchas penurias pasaron estos expedicionarios, hambre, terribles enfermedades, desaliento, todo hasta lo inimaginable en este viaje hacia la nada o ha demostrar algo con los hechos: la redondez de la Tierra. Es en una pequeña isla Massawa, en el archipiélago filipino, donde se hace una de las comprobaciones más grandes en la historia. Antes de desembarcar, Magallanes toma la previsión de bajar a su esclavo malayo al cual llamaban Enrique para que haga contacto con los lugareños, dada la tez oscura y el aspecto de Enrique, pensó acertadamente Magallanes, que éste, causaría menos resquemores en los lugareños, lo tremendo, lo inesperado, fue que los lugareños charlaron animadamente con Enrique, en una lengua que no le era extraña, comprende lo que dicen, es un reencuentro luego de años de haber sido arrebatado de su hogar. Este hombre, un esclavo desconocido, es el primero en cerrar el lazo al dar la vuelta al mundo, un momento extraordinario para la humanidad, este gran paso, no fue el del hombre al poner el pie en la Luna, pero fue el primer gran paso que dio la humanidad desde el Este hacia el Oeste, hacia el Sol o contra él, se vuelve al punto de donde se partió, a través de un esclavo malayo que fue sacado de Sumatra a latigazos, se demuestra que la Tierra, es redonda después de una larguísima y penosa travesía.

Entre la proeza que significó rodear la tierra bajo condiciones realmente terribles, hay eventos, que no fueron anotados o tal vez perdidos al ser destruidos por manos anónimas e interesadas en que esta gesta no se conociera en su total magnitud. Pero, que Antonio Pigaffeta, este cronista apasionado y cándido en algunos aspectos de su relato, anota algo en su diario de una relevancia extraordinaria. Esto, sucede en Cabo Verde, en él, toma cuenta de otro hecho sorprendente. Cuando bajan a proveerse de los víveres necesarios, la tripulación se asombra profundamente: es jueves, sí, jueves, cuando que a bordo de la nave Victoria es... ¡miércoles! Durante los dos años que duró este tremendo viaje, Pigafetta llevó rigurosamente su diario, día a día, en forma meticulosa, sorprendiéndose ante este hecho, consulta al piloto Alvarado, que ha llevado la bitácora con sus registros día por día también, y sí, de acuerdo a la cuenta, era indiscutiblemente miércoles. Esta observación de Pigafetta, maravilla a todo el mundo culto, ninguna de las brillantes mentes como Ptolomeo o Aristóteles, habían tomado en cuenta este “detalle”. El viaje de Magallanes, entre tantas otras cosas, aportó este nuevo conocimiento, el seguir la marcha del giro de la Tierra va “robando” una hora, o un día, nuevo conocimiento que revolucionó al mundo científico, pero parece haber pasado desapercibido en esta historia de navegar los mares y los cielos australes, cruzar inmensas masas de agua, bordear costas extraordinarias por sus riquezas y exotismo, o por la rudeza y hostilidad de sus tierras. Este nuevo conocimiento, también lo trajo la fantástica empresa de Magallanes.

Imagen superior : En este planisferio, ruta completa de la expedición desde que parte hasta su regreso, solo la nave Victoria con apenas 18 hombres abordo.

 

ALGUNAS OTRAS EXPEDICIONES A LAS TIERRAS AUSTRALES DE AMÉRICA DONDE SE OBTIENEN DATOS ASTRONÓMICOS

Pedro Sarmiento de Gamboa, Expedición al Estrecho de Magallanes (1579-1580)

Pedro Sarmiento de Gamboa (1532-1592), Almirante de la Guarda de Indias, al servicio de su rey don Felipe II, navegante, científico y escritor reconocido por su sobresaliente expedición a estas tierras para fundar población en las tierras descubiertas por Magallanes en su viaje por el estrecho que lleva su nombre, hace también descripciones de estos cielos australes y los fenómenos que en él detecta por primera vez en su vida.

Imagen superior : Portada del libro de Gamboa “Viajes al Estrecho de Magallanes” editado en Buenos Aires.

De entre las muy conocidas crónicas de Sarmiento de Gamboa, de un total de cuatro, datadas en 1582, 1583, 1584 y 1590, es de destacar estos párrafos donde describe en la secuencia que abarca el resto del viaje (la tercera de ellas) la travesía a través del Estrecho durante la cual investigó, las posibles salidas del paso, la desembocadura en el Atlántico y la ruta hacia España, cruzando en diagonal el océano. En esta última fase resolvió el problema del cálculo de la longitud, sirviéndose de la distancia angular de Sol a Luna, método que parece ser, fue el primer marino en emplear. Localizó en el cielo austral dos estrellas polares de “muy Pequeña circunferencia”, el polo sur celeste, lo describe como muy oscuro. Los llamados “luceros de Sarmiento”, de muy secundaria magnitud, fueron observados por éste mediante procedimientos muy rústicos, ya que no contaba con telescopio o artilugio que se le semejara para hacer exactas mediciones.

El rigor científico con el que escribe Pedro Sarmiento de Gamboa, es digno de destacar, hombre versado, curioso y detallista. En el libro de bitácora anota algo peculiar, relatado en forma totalmente desprovista de todo aquello que no sea rigurosamente científico: “Esta noche vimos un arco que llaman los filósofos Iris blanco, en contraposición de la luna que se iba a poner y de la reciprocidad de sus rayos, que por antiperístasis herían en las nubes opuestas” añadiendo luego –“Cosa es tan rara que ni la he visto otra vez, ni oído ni leído que otra persona la baya visto tal como éste, sino en la relación de Alberico Vespucio, que dice en el año de 1501 haber visto otro como éste”

Expedición de Cook en 1768 para la observación de Venus ante del disco solar en 1769

El navegante inglés James Cook efectuó tres importantes viajes hacia estas tierras australes, él fue quien dio comienzo a las navegaciones que, preparadas con objetivos científicos aumentaron los conocimientos geográficos, astronómicos y de la historia natural. En dos de los primeros viajes recorrió la parte más austral de América.

Zarpó de Plymouth en el Endeavour, equipado por la Real Sociedad, el 26 de agosto de 1768, con la finalidad de observar, desde alguna isla del Pacífico, el paso de Venus por el disco solar, que iba a producirse el 3 de Junio del año de 1769. Con este fin, se encontraba entre la tripulación, el astrónomo Green. Este viaje, duró aproximadamente 3 años, ya que Cook regresó 1° de junio de 1771 a su país.

Alejandro Malaspina, en la corbeta Descubierta, y José Bustamante y Guerra, en la Atrevida, el 30 de julio de 1789

Cuando recalan Puerto Egmont, entran en el puerto, en búsqueda de cualquier riachuelo para dar fondo frente a él. Malaspina, queda ciertamente impresionado por las islas Malvinas, relata detalles de sus bellezas naturales, en cierto modo especial. Daba la impresión, que había descubierto una especie de oasis después de tanto desierto patagónico. Cada uno de los científicos de la expedición, cumple con su cometido: Felipe Bausá hace marcaciones de importancia con el teodolito, Antonio Pineda reconoce el terreno y anota plantas y animales, Galiano y Venacci, son quienes realizan observaciones astronómicas.

Se establece en esta expedición también con precisión la longitud al oeste de Montevideo de 3° 52' 30" y latitud sur de 51° 21' 3".

Malaspina llegó a navegar en latitud de 60°43', lo que ocurrió el 6 de enero. Dan la vuelta al Cabo de Hornos en forma satisfactoria, siguiendo luego hacia norte. A su regreso se hallaron el 25 de diciembre de 1793, cruzando de poniente a naciente el cabo de Hornos, luego de haber estado en las islas Diego Ramírez. Desde el extremo norte de la isla de los Estados, la expedición tomó nuevamente rumbo a las islas Malvinas, para repetir sus observaciones astronómicas y reponer tanto a tripulación como pertrechos para proseguir sus viajes.

El 2 de Febrero, partieron de las Malvinas rumbo a Puerto Deseado, de allí, iniciaron la navegación hacia España, llegando a Cádiz el 21 de setiembre de 1794. Este viaje duró cinco años y tres meses, la ciencia, se vio ampliamente enriquecida con esta nueva expedición.

 

Bibliografía consultada:

“Magallanes” Obras completas de Stefan Zweig, volumen 9, Editorial Claridad, primera edición año 1937.

“Américo Vespuccio” Obras completas de Stefan Zweig, Editorial Claridad, segunda edición año 1942.

“Primer viaje alrededor del mundo” de Antonio Pigafetta, Ed. Elefante Blanco, editada originalmente en Madrid en 1899. Primera edición Elefante Blanco 2001.

“Lo que nos susurra el viento, la sabiduría de los Aztecas” de Xokonoschtletl, Ed. Plaza Janés.

"Historia de las Constelaciones" Ensayo sobre su origen por Alberto Martos Rubio, Ed. Equipo Sirius.

"Historia del Oriente, Egipto, Caldea, Palestina, Fenicia, Persia", por Albert Malet, París, Livraría Hachette & Cía., Boulevard Saint-Germain 79, 1910.

"Los Aborígenes de la Argentina" por G. E. Magrassi, Ed. Galerna.

"En busca de las Antiguas Astronomías", por E. C Krupp, Ed. Pirámide, S. A., Madrid, 1989.

“Tratado de la Esphera y del Arte de marear: con el regimiento de las alturas” Sevilla: Cromberger, 1535 (Obras Clásicas de Náutica y Navegación)
José Ignacio González-Aller Hierro (Compilador) Madrid: Fundación Histórica Tavera, 1998

“Viage al Estrecho de Magallanes”, por el Capitán Pedro Sarmiento de Gamboa. En los años 1579 y 1580 y Noticia de la Expedición que hizo después para poblarle. Madrid. Imprenta Real de la Gazeta. 1768. (Biblioteca Museo del fin del Mundo, colecciones reservadas. Ushuaia - Tierra del Fuego - República Argentina).

“Los Descubridores”, Volumen I: el tiempo y la geografía, por Daniel J. Boorstin, Ed. Crítica (Grijalbo mondadori) 1986.

“Viajes (El Milione”)”, Marco Polo. Obras Maestras, Talleres Gráficos Agustín Nuñez, Barcelona 1957.

"La Tierra de Papel, Historia de la Cartografía", organizada por José Aguilar, Edl Codex S.A. Buenos Aires 1967.

"Manual de Navegación Astronómica" Autor: Wolf Nebe, libros Cúpula, Grupo Editorial Ceac, S. A. 1998.

 

 
 
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