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miércoles 01 de octubre de 2014 
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 EL MESÓN DE FIERRO, Un misterio de más de dos siglos que apasionó a exploradores y científicos


Edgardo Ronald Minniti-Santiango Paolantonio*

 

 

La Asociación Argentina de Astronomía (AAA) realizó los días 29 y 30 de Mayo de 2008, un workshop en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de La Plata (FCAGLP) dedicado a la "Historia de la Astronomía Argentina", con el fin de rescatar la memoria histórica de esta ciencia en nuestro país a cincuenta años de su fundación. En el mismo presentamos el poster 6 “El Mesón de Fierro”, que es una síntesis de este trabajo:

Resumen:

El trabajo detalla la historia de un misterio de más de dos siglos, que apasionó a científicos y exploradores: el Mesón de Fierro, el segundo en tamaño de los meteoritos caídos en la Tierra, perdido en la actualidad; las expediciones realizadas al sitio de ubicación del “Fierro del Tucumán”, también históricamente denominado “Meteorita”, “Fierro del Chaco”, etc.; tanto en el periodo de la colonia, como las modernas efectuadas por el coronel Obligado y las expediciones del norteamericano Dr. William Cassidy, del Instituto Lamont de la Universidad de Columbia (E.U.), conjuntamente con un grupo de profesionales santafesinos.

En base a una exhaustiva investigación, se ofrecen los datos precisos documentados, de sus características, ubicación y posibles causas de la extraña y hasta hoy inexplicable desaparición. Se incluyen trabajos inéditos sobre la estructura de un meteoro de Campo del Cielo que se halla en el Museo de Ciencias Naturales de Santa Fe y de una zona provincial de posibles paleocráteres, no explorada aún.

Introducción

Imagen superior: Mapa de 1772 de la región del Chaco Gualamba. Denota la poca información cartográfica existente sobre la misma y las imperfecciones en las determinaciones geográficas de la época. Nótese el registro de un cauce antiguo del río Salado a unas 2,5 leguas ( 11,75 Km) del actual.(Era la referencia de arranque de las distintas expediciones).

Este trabajo comenzó tímidamente durante el año 1970, con una investigación en el Archivo General de la Provincia de Santa Fe, facilitada por la entonces señorita Liliana Montenegro y el Profesor Andrés Roverano y propiciada por la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil de Rosario, uno de cuyos equipos de investigación el primer autor integraba. Los años y la información se fueron acumulando, permitiendo en la actualidad cerrar con una hipótesis plausible, un misterio de más de dos siglos.

En pleno chaco austral, que comprende la zona de “Campo del Cielo” hacia el Sur, en un área que cubre una faja de más de 200 km de largo por algo más de tres de ancho, se halla una franca dispersión meteórica de la que se extrajeron meteoritos cuyos pesos oscilan entre los 135 kg y los 18.500 kg, como “ El Taco”; “El Toba”; “El Mocoví”; el meteorito “de Silva”; “El Patio”; el meteorito “de Franco”, “de Mansilla”; “La Víboras”, etc.; con promesas ciertas de continuar aportando nuevos proyectiles celestes a medida que la actividad humana intensifica su accionar. Incluido uno desconocido de propiedad particular, hallado en el norte santafesino, extremo sur de la misma, que fuera expuesto en el local del Centro de Observadotres del Espacio - CODE – Santa Fe, en la década de 1980.

También fueron muchos y de diversa índole los esfuerzos realizados para reencontrar el mítico meteorito “Mesón de Fierro”, ícono de la región desde hace más de dos siglos; desvelo de muchos exploradores y científicos de los siglos XIX y XX; como así de aquellos ansiosos por iniciar la explotación de los supuestos recursos metalíferos directos y derivados del Gran Chaco Gualamba (O Hualamba) que a los inicios de nuestra crónica, comprendía el territorio situado inmediatamente más allá de la frontera norte interior, entonces una línea imaginaria que unía Santa Rosa de Calchines, Cayastacito, El Sauce, hacia Córdoba, en territorio santafesino. Lo demás era “el desierto”. Línea que se fue desplazando con el correr de los años a medida que la colonización avanzaba como una imparable mancha de aceite, hasta superar ampliamente los límites históricos de la provincia de Santa Fe; cubriendo el sector centro este de Santiago del Estero y todo el Chaco actual, coronel Obligado mediante.

Una de las primeras razones de exploraciones y campañas tanto oficiales como privadas, tendía no solo al hallazgo del gran meteorito perdido, sino también a usufructuar de las riquezas que se ofrecían directa o potencialmente, con la explotación minera, por la supuesta existencia de la mítica veta del “Fierro del Tucumán”, o las minas de plata, chaco adentro, en esa zona de “Campo del Cielo”; sitio de ubicación del hoy perdido “Mesón de Fierro”, cuya historia apasionante no podemos olvidar, máxime cuando pretendemos con este trabajo tratar de explicar el misterio de su desaparición. Hecho que aún hoy quita el sueño y los cabellos a muchos aventureros que desean perpetuarse redescubriendo su paradero.

Imagen superior: Elio Jourdan.

Los autores tienen noticias por boca de su propio protagonista – a quienes facilitó información - de las exploraciones del santafesino señor Elio Jourdan a la región mencionada, en las postrimerías del siglo XX, con apoyo informal y logístico de un grupo de militares y resultados infructuosos otra vez.

Imagen superior: El “Mesón de Fierro” – Dibujo de la expedición de Rubín de Celis- 1783.

El Mesón de Fierro constituye el segundo en tamaño de los meteoritos conocidos del mundo, que se encuentra –o se encontraba – en el sureste de Santiago del Estero, en la zona de paleocráteres y gran dispersión meteorítica denominada “Campo del Cielo” o “Hatum Pampa” por los indígenas. Muy superior en peso al descrito por Pallas y propiedad del gobierno ruso, expuesto en la Exposición de París en 1867, o el de Bahía, Brasil, de más de 7000 kg.

El mayor meteorito hoy conocido pesa aproximadamente 55 toneladas y se encuentra en Hoba West, cerca de Grootfontein, Namibia. El tercero pesa cerca de 31 toneladas; se trata del Ahnighito (Tienda) y lo descubrió, junto con otros dos meteoritos más pequeños en 1894, cerca de Cape York, Groenlandia, el explorador estadounidense Robert Edwin Peary.
El punto de ubicación del Mesón de Fierro servía en algún tiempo como referencia para fijar los límite entre Santiago del Estero y el Chaco, ¡aún cuando se desconocía el paradero del mismo!

Por orden del Capitán General Gonzalo Abreu y Figueroa, gobernador del Tucumán, fechada 3 de Julio de 1576, Hernán Mexía de Miraval organizó una expedición y llegó hasta el “Fierro del Tucumán”, también históricamente denominado “Meteorita”, “Fierro del Chaco” o “Mesón de Fierro”, nombre este último dado por Rubín de Celis en razón de su apariencia y por el cual es conocido en la actualidad. En el mandamiento emitido se dice entre otros:


“..ynbiar a buscar el metal de hierro de que se tiene noticia delante del Río Salado y buscarlo y descubrir caminos y aguadas para el beneficio del dicho yerro y enbiar persona que con toda diligencia cuidado y solicitud haga lo suso dicho y lo demás que por mi le fuera mandado y conviniere a la execusion de lo suso dicho y confiado de vos Hernan Mexia de Miraval vesino desta ciudad de Santiago del Estero que sois tal persona qual conviene para suso dicho por la presente en nombre de su magestad e por virtud de sus reales provisiones y poder que para ello tengo que por su notoriedad no ba aquí inserto os cometo y mando que luego que este mi mandamiento vos sea entregado con las personas y soldados que para el dicho effeto vos estan señalados vais ynquiriays y sepays la parte y lugar donde se cria y esta el dicho metal de hierro y en cavallos o yndios procurareys de traer y traigais todo el hierro que se pudiere traer...” (Trascripto por Antenor Álvarez del Archivo General de Indias – Estante 1 – Cajón 6 – Legajo 39.2 y reproducido “in extenso” en su obra, de donde se ha tomado este fragmento).


Después de diversas dificultades, el explorador arribó al sitio del mismo en 1576, extrayendo muestras y fijando su derrotero en función de referencias locales y/ o circunstanciales, imposibles de restituir con posterioridad por falta de hitos permanentes.

“..y ansi el dicho governador gonçalo de abreu embio al dicho capitán hernán mexia a descubrir un minero de hierro donde en el camino topo una nazion de yndios chiriguanales que comian carne humana e mataban a los yndios que servían a los españoles y estavan debaxo del amparo de la justicia Real haziendo les grande daño y el dicho capitan hernan mexia dio en ellos con ocho soldados de suerte que los prendio a todos o a la mayor parte dellos e a otros mato peleando en la guerra que con ellos tuvo y los castigo e traxo ante su governador tomandoles muchos pellejos sobados de cueros de yndios manos y cabeças que ellos avian muerto por cuyo Respeto muchos dellos an dado la paz y estan en servidumbre y en el dicho viaje descubrio un grandisimo pedaço de hierro limpio en lo cual y el dicho viaje sirvio mucho a su magestad digan los que saven.” (Información de los méritos y servicios del Capitán Hernan Mexia de Miraval – 1584 – Archivo General de Indias – Tomado de Antenor Alvarez).

Hernán Mexia de Miraval no era un aventurero corriente. Fue Teniente Gobernador de Santiago del Estero; Primer Alcalde Ordinario; Regidor y capitán de Córdoba; Teniente General de la Gobernación; Maese de Campo; Sargento Mayor y Procurador General. Permaneció en esta tierras hasta 1591, en que volvió a España.
A su vez, el Virrey de Chile y Perú ordenó una expedición al lugar, que efectuó Francisco de Maguna en 1774. Tuvo éxito y también extrajo muestras del meteorito al que definió como “una gran barra o planchón de metal”, calculando su peso en 500 quintales (Casi 23000 kg). Conforme los análisis efectuados en España, la muestra dio “una quinta parte de plata y el resto fierro de extraordinaria puresa” .

En 1776 repitió la expedición al lugar, trayendo consigo varias muestras. Levantó un plano “de la situación, circunstancia, anexidades y figura del expresado planchón.” Dicho plano y dibujos de la masa de metal, se han perdido, es posible que se encuentren en los archivos de Chile. El autor no los pudo encontrar allí por falta de referencias adecuadas para el acceso en el Archivo Nacional. Es un reto pendiente.
En 1779 por orden del Virrey Pedro Ceballos, el sargento mayor Francisco de Ibarra efectuó una nueva expedición, trayendo consigo muestras del metal. ¡Ya van varias las extracciones!

La misma partió de Matará el 20 de Julio de 1779 y llegó el 26 de Julio al lugar “del fierro”, lo que denota una expedición racionalmente programada, por las condiciones ambientales favorables del invierno y en cuarto creciente, lo que aseguraba el plenilunio avanzada la experiencia, o sea, iluminación nocturna permanente. Regreso a ese lugar el 1 de Agosto, con luna recién menguando.

“...serian las cuatro de la tarde, que salimos a un campo llano, por el cual caminamos como cosa de cuatro leguas, llegando a un bajo que también caminamos cosa de una legua, á donde dejando el camino subimos a un alto que se halla hacia el Sur, y llegamos en donde estaba dicho fierro, distancia de dicho camino cosa de una cuadra.”

El capitán Melchor Miguel Costa efectuó la medición correspondiente de la masa de hierro, estableciendo una longitud de Este a Oeste de 4,5 varas (3.76 m); altura del lado Este 1,5 varas (1,25 m); 1 vara del lado Oeste y Sur (0,84 m),tomando 1 vara = 0.8359 m.

De dicha expedición se levantó plano y se confeccionó una suerte de diario con detalles de las circunstancias, accidentes y referencias destacadas de los distintos lugares atravesados hasta llegar al meteorito.

La última incursión que avistara el Mesón de Fierro, fue llevada a cabo por el Teniente de Fragata Miguel Rubin de Celis por orden del Virrey Vértiz, que a su vez seguía mandatos de la corona española, en 1783.

Partió a comienzos de Febrero de 1783, con luna en cuarto creciente, lo que aseguraba avanzada la experiencia, plenilunio, o sea, iluminación nocturna permanente, aunque no condiciones ambientales favorables por lo entrado del verano, particularmente adverso a toda actividad humana en la región.

Imagen superior: Reproducción sectorizada del plano original del itinerario de la expedición de Rubín de Celis – 1783.

Fijó la “posición de mina” en la latitud sur 27º 28´. Cabe aclarar que esta posición en las traducciones usuales de las Royal Traslation, se habla de “latitud mínima”, correspondiente al informe que el explorador presentara sobre su campaña en la Royal Society inglesa, años después de su informe a la corte española. En esa oportunidad, cavó debajo de la mole metálica para determinar su naturaleza y la volcó por medio de palancas. Estimó el peso en 41.000 Kg (900 quintales), brindando sus dimensiones: 2,89 m x 1,28 m x 1,37 m. La dibujó y describió como “una inmensa mesa de fierro que sobresalía de la llanura” (De ahí su nombre último y definitivo: “Mesón de Fierro”).

Imagen superior: Vista E del Mesón-Expedición de Rubín de Celis - 1783.

Respecto de esta posición geográfica, debemos efectuar una salvedad: las determinaciones geográficas, de mucha importancia para entonces y tal vez las únicas en muchos momentos, adolecían de graves errores emergentes de la natural incapacidad para establecer con cierta precisión las posiciones estelares en la culminación, o pasaje por el meridiano del lugar de las estrellas de referencia con mayor propiedad; imprescindibles para la fijación de la hora con relativa exactitud; o peor, la falta de catálogos estelares australes adecuados, que llevaban a los topógrafos a cometer errores groseros, fundamentalmente en establecer tiempos precisos para fijar la longitud, ya que la latitud es fácil de obtenerse con solo determinar la altura del polo celeste sobre el horizonte sur. Situación general imperante, que afectó a todo el hemisferio austral hasta el advenimiento de la Uranometría Argentina y el Catálogo General Argentino del Observatorio Nacional Argentino bajo la dirección de Benjamin Apthor Gould, habilitado en Córdoba por el presidente Sarmiento, durante 1871.

Para tener una idea cabal de la situación de época, vienen a cuento las palabras del geógrafo jesuita Jesús Pedro Murillo Velarde, que en 1752 expresaba:

"El Padre Ricciolo con repetidas observaciones(astronómicas) en 12 años, midiendo la cantidad de tierra que había en la diferencia de un grado de norte a sur halló que un grado tiene ochenta millas, con poca diferencia, cada una de mil pasos geométricos; de suerte que cada grado tiene quince leguas alemanas de cuatro millas, veinte francesas de a tres y diez i siete i media españolas.”

¡Con ese lenguaje ya más preciso, que reemplazaba al de los “navegantes de estima”, se escribieron aquellas cartas geográficas!; no eran ajenas en las misma las determinaciones emergentes del tiempo caminado, o andado a caballo o en mula, que tenían establecidos sus promedios en distancias.

Eso ha determinado que la frondosa documentación producida en más de dos siglos, con gran esfuerzo y despliegue artístico de guardas barrocas y ornamentación varia que corona estelas con escenas casi familiares, representando indígenas departiendo con sacerdotes, animales, plantas y sembradíos, incluyendo hombres con cola, se conviertan en la actualidad más que en piezas cartográficas, por el necesario escorzamiento resultante – ese “encogimiento este - oeste” para tornarlo claro – en destacadas piezas artísticas. Así, la Tabla Geográfica del Reino de Chile de Alfonse D´Ovalle – considerado el primer historiador de Chile – emitida en 1846 en dos versiones, una castellana y otra italiana, nos muestra una vista aérea de la parte sur del país rodeada de un calmo mar, recorrido por grandes navíos y monstruos marinos muy a la usanza de la época.

Ello sin desconocer además los cambios que se fueron produciendo en la documentación citada, con las transcripciones de que fueron objeto y las traducciones de sus textos que las iluminaron con ojos más modernos, tratando de disimular sus equívocos; llegando inclusive a quitar ilustraciones, como sucedió con la Tabla Geographica del Reyno de Chile de Diego Rosales en sus varias ediciones, o modificar groseramente vocablos, en particular topónimos, como pasó con el libro y mapa de Lozano “Descripción Chorográfica del Gran Chaco Gualamba”, que cuidó de publicar Antonio Machoni en Córdoba durante 1733 y sus posteriores reediciones, en particular la del mapa de Biedma efectuada en Buenos Aires en 1910, grabado en Londres con notables alteraciones.

Un hecho concreto claro de tal indeterminación resultante, pese a contar los jesuitas con medios adecuados a la época, lo constituye el mapa trazado de Campo del Cielo para fijar la posición del ya famoso “Mesón de Fierro”, elaborado en base a las determinaciones establecidas por cartógrafos de campo durante la incursión de Rubín de Celis, imposible de restituir en la actualidad por tales errores e inexistencia actual de las referencias accesorias en el terreno. consignadas en el mapa. Causa que en un comienzo, tomaba el autor de este trabajo como responsable del fracaso de todos los intentos realizados hasta el momento para ubicar tamaña masa metálica.

Todo ello sin contar con las indeterminaciones resultantes de las divagaciones del curso del río Salado del Norte en el período histórico, principal referencia de origen de la mayoría de las dejadas por las distintas expediciones. Así, en el mapa trazado por Rubín de Celis, se marca un cauce seco (paleocauce) de dicho río que cruzaba a unos 30 o 40 Km al NO de Tintina, llevando un rumbo SE, cruza la laguna salada de Los Cisnes y atraviesa en proximidades de la estación ferroviaria de El Toba.

Imagen superior: Ingeniero Pedro Antonio Cerviño, acompañó a Rubín de Celis en su expedición, levantó el croquis del viaje y efectuó los dibujos del Mesón de Fierro arriba reproducidos.

Imagen superior: Copia para Anjel Justiniano Carranza del dibujo del “Mesón de Fierro” de Julio de 1866, efectuada por el Dr. María Gutiérrez, tomada de los papeles de Arenales (Cedidos por Doña Bárbara Barquin, viuda de Cerviño) y reproducida en el libro de Anjel J. Carranza “Expedición al Chaco Austral” – Buenos Aires 1884.

De las imágenes reproducidas y de los análisis efectuados en distintos momentos surge una diversidad de criterios con la natural dificultad para afirmar que se trata de muestras correspondientes a un mismo ejemplar, las citadas y encontradas históricamente. Pues mientras algunos hablan de excelente “fierro de forja”, otros encuentran alto tenor de plata; hecho factible dada la alta proporción de níquel en algunas muestras posteriores, que ennoblecía el hierro; hecho corroborado por el autor en un análisis realizado en el Departamento de Metalurgia de la UNL, efectuado por el técnico señor Enrique Alarcón sobre una muestra obtenida en “Campo del Cielo” por la expedición del Instituto Lamont, que participaran el Dr. William A. Cassidy – del Instituto Lamont de la Universidad de Columbia (E.U.), la profesora Blanca María Stoffel, integrante recomendada por el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas y el Ing. Juan R. Báscolo con el Arq. Marcos Severín, por la Asociación “Amigos de Urania”, los tres de Rafaela (Arg.); que le fuera facilitada por el señor Eduardo Przybyl al autor, quien la cedió al Museo de Historia Natural “Florentino Ameghino” de Santa Fe, donde hoy se exhibe.

Este grupo realizó intensas investigaciones en el lugar en reiteradas oportunidades entre los años 1963 y 1972, levantando mapas topográficos, buscando meteoritos con magnetómetros de muy alta sensibilidad y efectuando aerofotografías antes y después de precipitaciones pluviales, para trazar las curvas de nivel del terreno en pleno monte gracias a la evaporación y absorción progresiva del agua superficial, que les permitieran descubrir cráteres meteóricos, uno de los objetivos de la campaña. No olvidemos que el país del norte estaba comprometido en los viajes a la Luna y necesitaba reunir información sobre las características y mecánica de formación de los cráteres. Se cartografiaron varios bautizados como: “La Cañada”; “Rubin de Celis”; “Laguna Negra”; “La Negra”; “Luis Salas”; cráter doble “Carmen Sosa”; “Laguna Seca”; “La Perdida” y “ Rafael Gómez”.

De la zona se han extraído con posterioridad a la expedición de Rubín de Celis – entre otros múltiples menores – el meteoro de Runa Pocito, en 1803, por la expedición de Bravo de Rueda y Miguel Castellanos. Originalmente con un peso aproximado a los l000 Kg, un fragmento de 634 kg se donó en 1825 al cónsul inglés Mr. Woodbine Parish, para su remisión al British Museum. El mismo se hallaba entonces en la fábrica nacional de armas y le fueron extraídas varias muestras para la fabricación de fusiles y pistolas de arzón por Esteban de Luca. Un par le fue obsequiado al general Belgrano y otro al presidente Jackson de Estados Unidos. También se realizó una imagen de Santiago Apóstol conservada por la familia Bravo de Rueda hasta su remisión a Córdoba para la Gran Exposición Nacional, donde se extravió. El autor carece de noticias respecto de la actual ubicación de esas armas tan peculiares, como así de la citada imagen, resultando inútil la investigación que efectuara para dar con esta última. ¡Otra deuda a saldar!

Imagen superior: Imagen del Meteoro de Runa Pocito.

Del análisis que realizaran Proust y Howard de muestras de este cuerpo, surge una proporción en la masa meteórica de 10% de Níquel.

En 1804, la expedición de Fernando de Rojas halló “un gran trozo de fierro semejante a un quebracho desmochado”(Significativamente esa descripción se corresponde con la imagen reproducida de los papeles de Arenales y no al Mesón). Herrero Ducloux lo denomina meteorito Otumpa y habría sido hallado en Runa Pocito (27º 46´S; 62º 33´O). Su masa se encuentra diseminada en muestras existentes en los museos de La Plata; Londres; París; Washington; Copenhague; Berlín; Chicago; Boston; Viena y Nueva York.

En Octubre de 1869 el general Conesa trajo consigo un fragmento del gran meteoro hallado en el Chaco en 1811. Enrique Herrero Ducloux, luego de analizar el mismo, estableció que no tenía parentesco químico con el resto de los meteoros del Chaco. Aún así, se lo incluye entre los mismos con el nombre de Meteorito del Parque.

Fueron también infructuosas las expediciones efectuadas por Mauro Carranza en 1849 y desde Reconquista, Santa Fe, por el coronel Manuel Obligado en 1870 – 1872.

Imagen superior: 1er. Sector del plano de Anjel Justiniano Carranza ( Expedición del Cnel. Bosch). (Indica con línea cortada la expedición de Ibarra 1779; línea entera la de Celis 1783 y de punto y guión la de Castellanos 1803 – Ver detalles al pie derecho del tercer sector reproducido del mapa).

Imagen superior: 2do. Sector del plano de Anjel Justiniano Carranza (Expedición del Cnel. Bosch).

Imagen superior: Tercer sector del plano de Anjel Justiniano Carranza (Expedición del Cnel. Bosch).

En 1873, por ley, Santiago del Estero instituyó un premio $f 2000.- y 10 leguas cuadradas de tierra, para quien encontrase al “Mesón de Fierro”.
Sin resultados, también se efectuó en 1873 la expedición del coronel Luis Jorge Fontana.

En 1883 se lleva a cabo con igual suerte la del coronel Nicolás Barros.

Lo mismo ocurrió ese año con la Expedición del coronel Francisco B. Bosch, de la que formaba parte como miembro de la Comisión Científica Exploratoria el señor Anjel (Sic) Justiniano Carranza; expedición ésta coordinada con la del coronel Obligado, que partió del Norte de Santa Fe. En Abril de 1883 la misma había ya alcanzado el llamado “Monte de la Viruela”.

Imagen superior: Campamento de la expedición del coronel F.B. Bosch - 1873.

En el plano reproducido en este trabajo por razones de diagramación en tres secciones, Anjel Justiniano Carranza volcó los itinerarios de las anteriores expediciones exitosas, para su guía. De nada valió el esfuerzo. Las referencias en el terreno y - peor aún – el propio meteoro, permanecieron ocultos.

En 1913 halló el meteorito de Pozo del Cielo Manuel Santillán Suárez; pesaba casi dos toneladas. Su extracción se produjo por pedazos en 1923. Un trozo del mismo de 1530 g, se halla en la Colección del Museo de la Plata.

Descubierto el 20 de Noviembre de 1923, por el hachero Manuel Castilla “El Toba”, con un peso de 4210 kg, pasó a poder del Dr. Bartolomé Vassallo. Fue posteriormente donado por el mismo al Museo Nacional de Historia Natural “Bernardino Rivadavia”. Esta pieza medía 1,76 m de largo, 1,07m de ancho y 0,80 m de alto; Se ubicó en el campo del Dr. Bartolomé Vasallo, a unos 3 km del límite entre Chaco y Santiago del Estero, a unos 21 km al SO de la estación de ferrocarril Gancedo. Los análisis dieron 93% de Fe, casi 6% de Ni, otros metales, con insignificantes residuos silíceos.
Otro fragmento de 2500 Kg fue hallado en 1924 y donado por el geólogo Enrique Carlés al mismo museo.

“El Mocoví” de 715 Kg se halló en 1925. Lo hizo un hachero llamado Arturo Medina. Pasó a poder del Dr. Luis E. Zuberbuhler, quien lo dono también a ese museo.

Con el título: El Fierro del Chaco, el diario de Córdoba “El Progreso”, con fecha 23 de Febrero 1869 reprodujo una información publicada por su par porteño “La República”, que dice:

23 2 1869 El Fierro del Chaco.

El señor Cabenago ha tenido la bondad de remitirnos los siguientes datos acerca del fierro nativo del Chaco en la Provincia de Santiago del Estero:

Señores redactores de La República:

Como he visto en los diarios que se ha perdido el derrotero de la situación geográfica del "trozo de fierro nativo" que se halla en el Gran Chaco, y tenía la idea de que había leído en algunos periódicos antiguos su situación; tengo el gusto de remitir a Ud. un ligero extracto de la descripción del mineral que fue leída en la Sesión de la Sociedad de Física Argentina, en Octubre de 1822 y que se halla inserta en el número 7 del periódico La Abeja Argentina que publicaba la Sociedad Literaria en el mismo año.”
“Quedo señores redactores S.S.S
”.

Ramón M. Cabenago

Afianzando la convicción de que el interés por el “Fierro del Tucumán” era elevado en la época, por razones tanto científicas cuanto económicas, surge otro suelto que aporta elementos de juicio sobre carácter y ejes en que actuaba la opinión de los comprometidos en esa acción tan apasionante:
7 3 1869 NOTICIAS SOBRE EL FIERRO DEL CHACO (De “El Eco de Córdoba”)

En estos últimos días se ha publicado algunos documentos oficiales sobre el FIERRO DEL CHACO, llenos de inexactitudes, causándonos extrañeza el ver que se ignora por personas nacidas en el país los hechos más conocidos de su tradición.
Diremos cuatro palabras sobre este fenómeno que tanto ha llamado la atención de los sabios y de los curiosos y del cual hablan los libros que andan en manos de todo el mundo.

El primer reconocimiento que se hizo de esta masa de fierro, arrojada en los desiertos del Chaco, no se sabe por qué fuerza o acción de la naturaleza, la practicaron dos ing. españoles muy distinguidos Ruben de Celis y Cerviño mandados por el Rey de España. Al efecto se trasladaron a Santiago del Estero el año 1783. Determinaron astronómicamente la latitud de esta ciudad, hoy capital de la Provincia de su nombre, y la hallaron de 27° 41’ 42”S. Emprendieron enseguida su viaje en busca de la masa de hierro que había sido hallada en sus correrías por los meleros o catadores de colmenas silvestres, y la hallaron efectivamente en un punto distante 70 leguas casi al Este de dicha ciudad de Santiago. La carta de Arrowsmith, redactada en conformidad con los datos comunicados a este eminente geógrafo por sir W. Parish, demarca la situación del Fierro del Chaco denominándole “Native Iron”, y de aquí lo han copiado casi todas las cartas posteriores de la República Argentina, que son muchas, sea dicho de paso, tanto francesas como inglesas y alemanas. Según estas cartas la masa de fierro se halla más inmediata a Corrientes que a Santiago mismo, y en caso de hacer una nueva exploración debería ésta partir desde esta última ciudad, tomando la latitud de 27° 28’ que es lo que señala Rubin de Celis en su Memoria que se encuentran en las Transacciones Filosóficas de Londres del año 1788 (Cinco años después del hallazgo – N. del A.). El hierro, tal cual lo encontraron los ingenieros españoles, constituye una masa aislada y compacta de forma irregular que evaluaron con las siguientes dimensiones: 3 1/4 varas de largo, 2 de ancho y 4 pies 6 pulgadas de profundidad, factores que dan un volumen de 9 y 3/4 varas cúbicas.

El Gobierno de Bs. As. dando cuenta a su coste del reconocimiento de Rubin de Celis, atribuye a la masa férrea el peso de 400 quintales. “El aspecto del país, dice el mismo ingeniero, es de una llanura. La masa se halla en los campos de Otumpa, casi enterrada en pura greda y cenizas. El trozo por la parte inferior tenía una capa de grueso de 4 a 6 pulgadas de escoria procedida de las humedades de la tierra. Por la superior estaba limpia. Construí dos hornillos que volé con cuidado, examiné la tierra más profunda y la hallé perfectamente semejante a la superior. A distancia como de dos leguas se halla una aguadita y en las inmediaciones de ésta una pequeña elevación única en el país que puede tener de diferencia de nivel con el resto del terreno de 4 a 6 pies”. Después de la revolución se trajo a Bs. As. un trozo de este fierro y se depositó en la fábrica de armas: pesaba ese fragmento como 25 quintales. En aquel entonces la fábrica de armas estaba bajo la dirección del meritorio Cnel. D. Esteban Luca, y allí se construyó con ese material un par de pistolas que el Sr. General Pueyrredón, Director Supremo del Estado, mandó de obsequio al presidente de los Estados Unidos de América. Luca escribió una memoria en que consignó los resultados de sus observaciones sobre las propiedades de aquel fierro y durante la construcción de las pistolas. Dice en ella que fue preciso caldearlo y batirlo con martillos grandes, que era fácil a la lima, que parecía formado de láminas que se desunían al golpe en frío del martillo y que esta desunión se observó también en el yunque cuando se le batía en él a las primeras caldas. La contextura química de este metal ha sido examinada por hombres afamados de la ciencia, por Palas, por Prourt, por Howard, etc, etc. y entre nos. por el Dr. D. Manuel Moreno, quien leyó sobre la materia un escrito sumamente sesudo e interesante el día 3 de Octubre de 1822 ante la Sociedad de Ciencias Fisicomatemáticas de Bs. As. - Moreno, de conformidad con los químicos nombrados, cuyos procederes describe, establece que el metal del Chaco contiene óxido de fierro y níquel, entrando esta substancia como por un 10 o/o.

En cuanto al origen de este fenómeno hay opiniones diversas y hasta ahora parece que la ciencia le ha hallado una procedencia fuera de toda contestación. Azara sin más guía que el sentido común, corta la dificultad diciendo que ha debido ser creado con todos los demás elementos geológicos que constituyen esta parte del globo. Walkernaier, ilustrando esta parte de la obra del naturalista español ha escrito una relación lacónica de las opiniones más atendibles sobre el origen del fierro del chaco y parece inclinado a adoptar el parecer del Dr. Cialdini de Wittenberg quien escribió en 1794 una obra sobre la formación del llamado Fierro Nativo en cuya categoría entra el nuestro. El Dr. Cialdini cuenta de esta clase de cuerpos en el número de aquellos que han ocupado la imaginación de los sabios con el nombre de bólidos, meteorolitos, piedras atmosféricas, etc.

Como quiera que sea dice Walkernaier, parece constante que no deben confundirse estas masas singulares con los pedazos de hierro nativo que se encuentran a veces en las mimas.

M. Parish en la última edición de la conocida obra Buenos Aires y las Provincias de la República Argentina, traducida por Maeso aquí y publicada por nuestras imprentas, habla detenidamente de este fenómeno, y de una lámina representando el trozo de ese metal que como una de las mejores joyas posee el Museo Británico, donado por el mismo Sr. Parish, quien lo recogió de un rincón de nuestro parque. (Que no es talabartería) (sic) y se lo llevó a su tierra. A nos. nos ha quedado el cuento y aún ése, como consta en documentos públicos, lo sabemos mal. Argos

Se desconoce quien es el informado cronista que utiliza ese seudónimo.

Lo cierto es que para fines de ese año, ya se daban noticias más concretas sobre la masa metálica y el mencionado interés que iba en aumento con el transcurso del tiempo:

22 10 1869 EL AEROLITO DEL CHACO

Parece que va a encontrarse por fin la masa de fierro que se encuentra en las soledades del Chaco, y que se supone sea un gran aerolito. La carta que damos más abajo así lo hace esperar; creemos que para obtener para la civilización ese fenómeno de la naturaleza, que tanto ha llamado otras veces la atención de los hombres científicos, no debe ahorrar medios el PE y que debe prestar todo su auxilio al Sr. Fontana. Difícilmente la Exposición de Córdoba podría presentar un objeto más atrayente para los curiosos. La carta que revela laboriosas investigaciones que hacen honor a su autor; dice así:

Señor
General D. Emilio Conesa

Mi estimado general y amigo:

Conociendo su amor al país y a las buenas relaciones que mantiene con el señor Presidente de la República, desearía le sondease sobre un tópico que paso a exponer ligeramente, reservando para más tarde darle la amplitud que merece.

Hace mucho que me preocupa la idea de la posibilidad de expedicionar con éxito al fierro meteórico que se encuentra en las soledades del Chaco. Los estudios que tengo hechos al respecto en cuanto se relacionan con mi carrera de naturalista, me han afirmado que en esa convicción, hasta lisonjearme que podría descubrirse de nuevo el misterioso metal del que sabemos por tradición que SE lo pone a la par de los más estimados.

Tengo en mi poder una copia exacta del derrotero que siguió don Jerónimo Castellano en la entrada que hizo al principio de este siglo y el mismo que (supongo) da por perdido el Gobierno de Santiago, en su carta del 29 de Diciembre último.

Cuento además con el itinerario de ida y vuelta del Oficial de Marina D. Miguel Rubin de Celis, del Ing. D. Pedro Cervigno, los que por orden del Rey en el verano de 1783 siguieron las huellas de D. Bartolomé Francisco Maguna y trajeron varios fragmentos del citado fierro. Cien hombres, dos carros más, tirados a cincha, algunos útiles para procurarse agua por el sistema de pozos instantáneos usado por los ingleses en Abisinia, en su reciente campaña y un ingeniero para fijar altura y hacer observaciones científicas, esos todos serían los elementos faltantes para llevar a cabo esta obra de patriotismo. Solicito una vez más se digne manifestar y ruego que se lleve este pensamiento ante el Sr. Presidente pues no me anima otro interés que el de que se realice durante su ilustrada administración un acontecimiento que hará hablar largo tiempo al mundo científico y para que en la próxima Exposición de Córdoba (*) pueda figurar esa huella perdida hasta hoy para la ciencia.

Estoy en la persuación de que una vez resuelta la expedición, no vendría con el cuento. Tenemos el ejemplo de Liloise y Franklin, que rindieron sus vidas en los confines del mundo habitado, por otra causa igualmente noble, legando su nombre y su fama a las bendiciones de la posteridad. Nada importaría que sucumbiéramos (cuando muy mal nos fuere) bajo la maza cruel del bárbaro, o a los rigores de la sed o del sol, si nuestro propósito y nuestra abnegación redundar pudiera en provecho de la República. A Ud. le consta con qué gusto me he expuesto en Cuevas, y en otros combates en que se tratado el honor de la bandera argentina. ¡Ah!, sería el día más glorioso de mi vida aquél en que lograse saludarla en la reluciente meseta de Otumpa, tanto tiempo disputada por el Chaco a los esfuerzos vivificantes de la civilización.

Quedo de Ud. afectísimo amigo y compatriota.

Luis Jorge Fontana

(*) (Faltaban dos años para la Gran Exposición Nacional organizada por el gobierno de Sarmiento en la ciudad de Córdoba, hecho duramente criticado desde Buenos Aires, por considerarse que eventos de esa importancia, ningún país civilizado los llevaba a cabo fuera del ámbito de sus capitales).

A su vez, también “El Progreso” de Córdoba; el 16 de Septiembre de 1870 publica con el título: “ Noticias de SANTIAGO DEL ESTERO - Riquezas Mineralógicas” lo siguiente:

La Comisión que el Gobierno ha enviado para recorrer los puntos señalados, a fin de recoger muestras de esos productos minerales para la Exposición, ha enviado algunos muy ricos, que hacen concebir mucha esperanza. Esta misma expedición va a explotar el Cerro Rico que según la tradición contiene mina de oro, antiguamente explotada por los españoles.
En efecto, se ven aún trazas muy marcadas de los trabajos abandonados por mucho tiempo y los vestigios de numerosos pueblos indios, sujetados a la mita.

El fierro metrorológico (sic) del Chaco va también a ser descubierto. Los $ 10.000 que la legislatura ha votado para que la provincia esté bien representada en la Exposición, no quedará improductiva.”

25 10 1869 (Fragmento de un artículo extenso de Luis Jorge Fontana, sobre el Chaco, de “El Progreso” de Córdoba):

"...tengo en mi poder una copia exacta del derrotero que siguió don Gerónimo Castellano en la entrada que hizo al principio de este siglo y el mismo que (supongo) da por perdido el gobierno de Santiago, en su carta del 25 de Diciembre último. Cuento además con el itinerario de ida y vuelta del oficial de marina don Miguel Rubin de Celis, Ing. Don Pedro Cerviño, los que por orden en 1783 siguieron la huella de don Bartolomé Francisco de Maguna y trajeron varios fragmentos del citado fierro...
"

Por otra parte, “El Eco de Córdoba” del 27 de Marzo de 1879, publica con el título
OTRA EXPEDICIÓN MILITAR Y CIENTÍFICA”, el siguiente despacho del épico Coronel Obligado que tenía su comandancia en Reconquista (Sta. Fe):

Goya, Marzo 19 de 1879 - Sr. Presidente de la República - Oficial – Urgente (Entonces Goya era la terminal del telégrafo más cercana a la comandancia con asiento en Reconquista – Santa Fe) :

Los señores Ruiz Gómez y Fernández Prieto quieren expedicionar al interior del Chaco para reconocer el fierro meteórico. El itinerario que estos señores se habían trazado es errado, pues tenían que recorrer más de ciento veinte leguas de más como puede VE comprobarlo con la vista de los planos para ir de este punto hasta la casa de Ruiz Gómez situada al norte de Matará tienen que andar más de ciento veinte leguas y de ella noventa de desierto, y a esto hay que agregar que todos los arroyos y ríos se encuentran desbordados. Para encontrarse al fierro meteórico tienen que recorrer desde la casa de Ruiz Gómez 770 leguas, que es la misma distancia que hay de aquí a dicho punto. En vista de esto es que molesto la atención de VE manifestándole que los expedicionarios en atención a mis observaciones y al conocimiento que van adquiriendo sobre estos territorios han decidido expedicionar directamente desde este punto hasta el meteorito si es que VE se digna ponerme en condiciones de poderlos auxiliar y acompañar en la expedición. Para ello necesito que VE ordene se me entreguen cuanto antes las 200 mulas que he pedido para cabalgar las fuerzas a mis órdenes. A unas cuatro carpas para jefes y veinte para tropas. Esa expedición no solo es de gran importancia para la ciencia, sino también bajo el punto de vista militar., pues podré batir al paso las tribus enemigas y levantar los planos de los territorios en que vamos a tener que operar más tarde. Me dirijo a VE por telégrafo por la urgencia del caso esperando se sirva contestarme al respecto a la brevedad posible. Pues los mencionados señores no pueden perder tiempo. Saludo a VE . Cnel. Manuel Obligado

Imagen superior: Microfotografía de una muestra de Campo del Cielo citada (1000 aumentos).

Eso sí, resulta sumamente interesante y hace a la tesis sostenida en este trabajo, el siguiente suelto aparecido en “El Progreso” de Córdoba, tanto como el posterior:

1 11 1879 MINA DE PLATA

Se ha presentado al Dpto. de Ingenieros el Sr. D. David Carreras, denunciando y solicitando una mina de plata que ha descubierto en el territorio del Chaco , en campos que fueran de los indios tobas. Solicita se le adjudique en propiedad la extensión de una legua cuadrada que braza en su centro la mencionada mina, así como la propiedad de ese terreno y nueve leguas cuadradas más contiguas, con condición de población e instalación de trabajos en el término de dos años.”

9 11 1879 OTRA MINA EN EL CHACO

Se ha presentado al Ministerio del Interior el Sr. D. Adolfo Giménez, denunciando una mina de plata que ha descubierto en el territorio del Chaco. La mina se encuentra como 50 leguas fuera de la línea de fronteras, y por consiguiente, en territorio habitado por los indios. Si quiera éste no pide como D. David Carreras, 9 leguas de campo y otras pequeñeces por el estilo.”

Tres años después informa sobre la publicación del mencionado Fontana, incansable explorador y estudioso de la zona:

El Eco de Córdoba” - 5 2 1882 EL GRAN CHACO

El Gran Chaco” por D. Luis Jorge Fontana. Se ha publicado con este título en un volumen de cerca de 300 páginas, con las minas, un libro que representa un nuevo y rico contingente para la ciencia y que hace honor a la inteligencia y el espíritu investigador de su autor el Sr. D. Luis Jorge Fontana.

El Sr. Fontana ha consagrado su vida al estudio del territorio del Chaco, sus habitantes indígenas y sus producciones, y su trabajo es bajo todo aspecto una verdadera revelación que proyecta luz sobre esa región tan misteriosa y desierta. (Autor denuncia mina plata).

Un año después, el coronel Obligado desde el Campamento de la laguna Las Encrucijadas originó el siguiente informe al Ministro de Guerra, despachado por chasqui y posteriormente por telégrafo desde Goya a Buenos Aires, el 5 de Junio de 1883, en el que evidencia no solo la voluntad, sino la acción directa para encontrar el meteorito por parte de las autoridades nacionales que hubieron dispuesto la expedición exploratoria a que alude:


"A SE el señor Ministro de Guerra

El comandante Host regresó de la exploración del aerolito sin haberlo podido encontrar, pero puedo asegurar a SE que el aerolito no se encuentra en la ubicación que le demarca la carta geográfica. Estos exploradores han sufrido mucho por falta de agua. Se han librado algunos combates más haciendo persecución de los indios mocovíes y quitándoles la caballada y alguna chusma causándoles muchas pérdidas, teniendo por nuestra parte la sensible del teniente del Regimiento 12 de Caballería don José Aguilar y un sargento del mismo Cuerpo. Todas las tribus bien armadas de fusiles y municiones. Hoy hago regresar los enfermos. Los campos llenos de lodo por las continuas garúas Saluda a VE – coronel Obligado.”

En Diciembre de 1884 la prensa nacional dio cuenta que el coronel Barros, Jefe de una de las columnas expedicionarias al gran Chaco, indicaba que “el fierro meteórico que se decía descubierto por el señor Carranza, ahora resulta existir como 100 leguas del punto que le asignó el primer descubridor. El coronel Barros no ha seguido ni seguirá el itinerario marcado a su columna porque los sabios que le debian acompañar llevaban los planos y él no les ha visto ni el color de la ropa. Con esta es la décima vez que se descubre el fierro meteórico”.

Otra expedición “ex profeso” y esta vez con “sabios”, como se divulgó; lo que indica no solo el interés denotado, sino el esfuerzo ingente concretado a lo largo de los tiempos por científicos y aventureros, con resultados relativamente infructuosos, ya que se recuperaron muchas piezas meteóricas importantes; sí total fracaso en lo relativo al “Mesón de Fierro”.

Imagen superior: El 8 de Julio de 1980 se extrajo del cráter Rafael Gómez en Campo del Cielo, el meteorito “CHACO”. Acusaba un peso de 37.000 Kg. (Imagen del “Boletín Meteorítico” nº 1 de la Asociación Hatum Pampa – Buenos Aires – Abril 1990). Dicen que no es el Mesón de Fierro.

El meteorito “Chaco”, conforme lo asevera la señorita Blanca María Stoffel, docente e investigadora rafaelina que participó de las campañas argentino-norteamericanas, fue descubierto en 1969 ( Diario La Opinión 19-8-1969 y diario El Territorio del 12-8-1979 por el geólogo norteamericano William Cassidy, del Instituto Lamont de la Universidad de Columbia (E.U.), a quien acompañaban en la oportunidad el ingeniero Juan R. Báscolo, el arquitecto Marcos A. Severín y ella misma, de la ciudad de Rafaela, Santa Fe, Argentina. (Diario “El Litoral” – 18-08-1980). El Arq. Severín facilitó al autor en conversaciones personales, muchos detalles y entretelones de la expedición que, por razones de espacio y falta de documentación probatoria, se omiten por no afectar la exposición.

Imagen superior: Arq. Marcos A. Severín

El cráter del mismo fue descubierto por casualidad por Rafael Gómez cuando se hallaba cazando. Observó que en medio del monte existía un pronunciado desnivel circular de unos cuarenta metros de diámtero, cubierto por árboles y malezas.

A su regreso avisó a los miembros de la campaña aludida del hallazgo. éstos, con magnetómetros determinaron que estaban frente a un cráter meteórico importante, por las sensibles anomalías magnéticas acusadas.

A pico y pala se cavó en el lugar una zanja de unos diez metros de largo por dos de ancho hasta los tres metros de profundidad, en que se dio con el metal. Stoffel refiere:

Estaba enteramente cubierto de una espesa capa arcillosa “brescia” de brillantes colores en los que predominaban el rojo y el amarillo. Podíamos observar también tonalidades azules, verdes y anaranjadas, producto de la sublimación del vapor de hierro que acompaña al meteorito en su caída, con los elementos componentes del mismo (magnesio, azufre, potasio, cobalto, cromo, fósforo, níquel, etc.”

La misma investigadora expresa más adelante:

La lluvia meteórica de Campo del Cielo por su longitud (150 km de largo por 2 km y medio de ancho) es quizás la más grande del mundo. Las características de esta caída la hacen diferente a cualquier otro fenómeno similar producido en nuestro planeta por cuanto según la teoría del profesor Cassidy, el meteoro efectuó un vuelo rasante sobre la superficie del globo, razón por la que produjo cráteres de poca profundidad y casi todos ellos con las características de “embudos de penetración” y no “cráteres de explosión” - como el de California USA – (En realidad Arizona -el Meteor Crater cercano a Flagstaff - es evidente un lapsus – N. del A.). Estos embudos de penetración han conservado las masas de hierro meteórico y están señalando ellas mismas la trayectoria que traía la caída (norte 60º este). Los cráteres de explosión en cambio son producidos por la onda expansiva del fenómeno y no quedan en ellos masas de hierro de cierta importancia, sino generalmente “iron shales” en sus albardones”. – de “El Litoral” – 18-8-1960.

Lo expuesto, explica cabalmente la razón por la cual el Mesón de Fierro se hallaba en superficie, sobresaliendo en el llanura como una gigantesca mesa metálica, haciendo casi imposible su desaparición, aún cuando cayera en el hueco cavado debajo por Rubin de Celis para descartar la existencia de una veta de hierro. Ello abona nuestra suposición.
Es más, todo el medio ambiente es semiárido y extremadamente llano, con altitudes muy por debajo de los cien metros; está cubierto de montes, con claros más o menos extensos, utilizados actualmente para la agricultura. La capa superficial, delgada, está constituida por sedimentos no consolidados y permeables, lo que justifica la inexistencia de agua superficial permanente. Pese a ofrecer poca resistencia, los cráteres son poco profundos con relación a su diámetro. Se encuentran actualmente muy erosionados sus bordes, necesariamente debieron ser mucho más altos en el pasado. Aún así, su cráter hospedador, dadas las dimensiones del meteorito, no pudo pasar desapercibida a las continuas exploraciones tanto aéreas como terrestres, efectuadas hasta el momento; particularmente aquellas hechas fotográficamente con frecuencia desde el avión de Severín, antes y después de las lluvias.

Imagen superior: Otra microfotografía que acusa los hexágonos de la estructura (hexahedrito) con una notable inclusión.

La posible solución del enigma

Es muy simple a esta altura de los acontecimientos y en virtud de que la técnica desarrollada para detección de metales utilizada en las últimas expediciones ha crecido enormemente, no escapándoseles pequeñas alteraciones del campo magnético terrestre producidas por masas menores, afirmar que el Mesón de Fierro, de cuarenta toneladas, ya no se encuentra en el tan rastrillado territorio de Campo del Cielo del entonces misterioso Chaco Gualamba, santiagueño o chaqueño, como quieran que sea. No se ha esfumado, simplemente circula por ahí disperso en miles de adornos de rastras, aperos, machetes, puñales, espuelas, bombillas y mates que orgullosos exhiben nuestros criollos en las fiestas domingueras.

Los diligentes plateros de la zona, reconocidos orfebres con artística técnica, hubieron de dar cuenta fácilmente con el correr del tiempo, de las cuarenta toneladas de metal que brindaba aquél mensajero celeste.

No es esta aseveración hipotética un capricho. A las conocidas incursiones contemporáneas que han obtenido diverso material meteórico en la zona, por todos conocidas, que dieron lugar a la recuperación de muestras para museos y paseos: meteoros tales como El Taco, Las Víboras, etc; que adornan ya el Parque Centenario en Rosario, o el parque Benjamín Gould en el ámbito del Planetario porteño, el Chaco en su zona de origen, muestran elocuentemente la continuidad e infructuosidad del rastrillaje palmo a palmo del territorio, en la búsqueda de esa excepcional masa de hierro-níquel.

Máxime, si no olvidamos las mencionadas exploraciones realizadas en dos oportunidades por el Dr. Cassidy en compañía del Arq. Severín de Rafaela, que utilizaron magnetómetros de muy alta sensibilidad para detección de masas metálicas, aún pequeñas; además del citado sobrevuelo de la zona en oportunidad de precipitaciones pluviales y con un repaso fotográfico de la misma por las mañanas y las tardes de los días subsiguientes para obtener las curvas de nivel en la zona de montes, gracias al escurrimiento y evaporación progresiva del agua de lluvia superficial, sin resultado alguno, excepto la localización del cráter sugestivamente vacío “Rubín de Celis”; hechos a los que se han referido en reiteradas oportunidades no solo sus protagonistas en “Science” o “Sky and Telescopes”; sino la profesora Clara Stoffel y Eduardo Przybyl en “El Litoral”, en fecha que lamentablemente no todas conservamos pero sí leímos sus respectivos artículos.

Imagen superior: Relevamiento topográfico del cráter nº 10 “Gómez”, efectuado por el arquitecto Marcos A. Severín.

No puede ser para menos lo aseverado en cuanto a la explotación directa del vénero, así lo evidencia la información llegada a nuestras manos.

Como se mencionara al transcribir las noticias periodísticas de 1879, hizo una formal presentación ante el Departamento de Ingenieros de la Nación, el señor David Carreras, denunciando una mina de plata que descubriera en pleno territorio de los indios tobas (Recordemos que el hierro meteórico de Campo del Cielo es rico en níquel, metal que lo ennoblece y que las denuncias habitualmente son efectuadas cuando ya se está explotando la mina reclamada).

Solicitó en la oportunidad que se le adjudique la licencia para explotarla y la propiedad de una legua cuadrada de tierras con centro en el sitio de la misma; como así nueve leguas cuadradas más contiguas, con la condición de poblarlas y efectuar las instalaciones necesarias para su explotación en el término de dos años.

Contemporáneamente y con igual objetivo, se presentó directamente ante el Ministerio de Interior el señor Adolfo Giménez, denunciando a su vez una mina de plata descubierta por él en el territorio del Chaco. Manifiesta que se halla a unas cincuenta leguas fuera de la línea de fronteras y en consecuencia, en pleno territorio ocupado por los indios.
Así tendríamos supuestamente, la historia completa de lo que fueron la exploración y explotación de las minas de plata que aún figuran en los catálogos de riquezas minerales de la región, desde Azara en adelante.

Aún así, los meteoros no se han terminado en el lugar y, con el correr de los años, la zona nos regalará con algún presente celeste, más arriba a o más abajo de aquella “posición de mina” de Rubin de Celis.

Esa convicción tienen quienes han dedicado su esfuerzo por años, a la exploración de búsqueda meteorítica en la región, como la gente de Rafaela.

Imagen superior: Mosaico de vistas aéreas de la zona de Huanqueros – Norte de Santa Fe con posibles paleocráteres. Fuente DPV – Direcc. de Proyectos -Santa Fe- 1980.

Imagen superior: Otro sector de la región con posibles paleocráteres (Imagen igual origen).

Imagen superior: Otro sector de la región con posibles paleocráteres (Imagen igual origen).

Imagen superior: Otro sector de la región con posibles paleocráteres (Imagen igual origen).

Imagen superior: Mapa del estudio que efectuara el Dr. Castellanos; Alfredo sobre “Desplazamientos Naturales en Abanico del Río Salado del Norte en la llanura Chaco-Santafesina” – Instituto de Fisiografía y Geología – Universidad Nacional del Litoral – Rosario 1968. – Documenta la imprecisión del cauce del río Salado.

Este documento es necesario si se quiere restituir el itinerario seguido por la expedición de Rubín de Celis, tomando como arranque alguno de los paleocauces hasta dar con el existente al momento de la partida. Debe tenerse en cuenta además que la legua vigente entonces, legua castellana, tenía una longitud de 4.700 metros, conforme lo estableció el ingeniero Victor F. Nicoli en su minucioso estudio “La Legua Geográfico-Marítima Española en los Siglos XVI y XVII” , presentado en el 1er.Congreso Nacional de Cartografía, realizado en Santa Fe en 1953.

Existe otro elemento de juicio hasta ahora no tenido en cuenta, a favor de la hipótesis sustentada, que surge de ponderar el error probable cometido por Rubín de Celis al medir la posición en latitud, en base al error cometido por el mismo al fijar contemporáneamente la latitud de la ciudad de Santiago del Estero en 27° 41’ 42”S comparada con la correcta 27º 47’ 22”S; lo que arroja una diferencia de 5’40” en la determinación. Ello permite al efectuar las correcciones necesarias a la posición que fijara para el Mesón de Fierro, establecer que el sitio se halla en las inmediaciones del cráter meteórico existente en proximidades del paraje “Las Víboras”, conforme puede apreciarse en el mapa del Atlas Mundial Microsoft Encarta 2001. A saber:

27° 41’ 42”S. Latitud fijada por Rubin de Celis de Santiago del Estero;

27º 47’ 22” S es la correcta

Diferencia (error) : 5’40”

Posición Rubin de Celis 27º 28’ (Sitio Mesón de Fierro)

Posición cráter actual 27º 37’53” S

Id. Mesón corregida 27º 33’40” (Agregando 5’ 40”)

diferencia 4’ 13”

La posición de Rubin de Celis (corregida) se encuentra a
7,8 km de la del cráter existente; o sea en las inmediaciones, zona muy explorada por cierto.

Sin corregir, se hallaría a 18 km.

El cráter se encuentra a 250 km al Este de Santiago del Estero; distancia concordante - dentro de las diferencias posibles por las estimas de tiempo de mulas o caballos utilizadas – con la dada por los distintos expedicionarios en sus respectivos informes.

¿Es el cráter actual el del Mesón de Fierro? Sí, es ciertamente posible, máxime teniendo en cuenta los errores comunes entonces, en función de la precariedad del instrumental de campo y la falta en la época, de referencias precisas de las posiciones estelares para establecer las alturas correspondientes. Hecho destacado en nuestro trabajo “Santa Fe en la Aventura del Espacio y el Tiempo” (Congreso Argentino de Inmigración – IV Congreso de Historia de los Pueblos) donde expresábamos “La latitud resulta de lectura directa, observando la elevación de estrellas cuya posición se conoce por tablas.”; todo ello dentro de los errores naturales emergentes de las circunstancias apuntadas. La longitud para el caso, a esta altura del conocimiento, carece de mayor importancia por lo angosta de la faja de territorio afectada por la dispersión meteórica, de solo 3 km conforme lo establecieron los investigadores. Así, como corolario, hoy podemos afirmar con escasa probabilidad de equívoco, que en ese cráter asentó sus reales el hoy extinguido Mesón de Fierro; así como recordar las palabras de Andrés Lamas en el artículo que publicara en la “Revista del Río de la Plata” en 1871, donde dice al final de su larga exposición:

Hacemos votos por que se conserve, en cuanto sea posible, la integridad de este magnífico aerolito, sin igual hasta ahora entre todos los que se conocen.

La autoridad debe dispensarle la más eficaz protección, con el fin de preservarlo de nuevas mutilaciones.” Poco puede agregarse en favor de nuestra hipótesis, después de esas palabras.

BIBLIOGRAFIA:
Alvarez Antenor – “El Mesón de Fierro” – Kraft – Buenos Aires – 1929.
Asociación Hatum Pampa – Boletín Meteorítico nº 1 – Buenos Aires – Abril de 1990.
AZARA; Félix de – Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata – Madrid – España 1847.
AZARA; Félix de – Viajes por la América Meriodional – Espasa Calpe – Buenos Aires – 1934.
Carranza; Anjel Justiniano – “Expedición al Chaco Austral” – Buenos Aires 1884.
Castellanos; Alfredo – “Desplazamientos Naturales en Abanico del Río Salado del Norte en la llanura Chaco-Santafesina” – Instituto de Fisiografía y Geología – U.N.L – Rosario 1968
Di Lullo – “Caminos y Derroteros Históricos” – Santiago del Estero (¿?)
El Litoral – Diario – 2da. Sección “Localización de un meteorito en Campo del Cielo” – 18 de Agosto de 1980.
FAZIO; Lorenzo – “Memoria Descriptiva de la Provincia de Santiago del Estero” – Buenos Aires – 1889.
Fontana; Luis Jorge – “El Chaco” – Boletín del Instituto Geográfico Argentino – Tomo IV - 1883
Herrero Ducloux; Enrique – Nota Sobre el Meteorito del Parque – Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires – Sesión del 19 de Junio de 1926.
Lamas; Andrés – “ Revista del Río de la Plata” – Tomo I – Buenos Aires 1871
Minniti; Edgardo R. – Colonia California– III Congreso de la Historia de los Pueblos -Santa Fe – 1998.
Minniti; Edgardo R. Y Paolantonio Santiago – “Infinito, Maravillas del Cielo Austral – I Congreso Internacional y II Nacional de Educación – Colegio Carbó – Córdoba 2002
Nicoli; Victor F. - La Legua Geográfico-Marítima Española en los Siglos XVI y XVII – Santa Fe 1953.
Paolantonio Santiago y Minniti Edgardo – Uranometría 2001 – UNC – Córdoba 2001.
Paolantonio Santiago y Minniti; Edgardo R. – Santa Fe en la Historia del Tiempo y el Espacio – Congreso Argentino de Inmigración –Esperanza-Santa Fe – 2005
Science – “Meteorites and Craters of Campo del Cielo, Argentina” – nº 3688 –1965.
Radice; María Magdalena – “Noticias sobre la Colección de Meteoritos del Museo de La Plata – U.N. de la Plata – Revista del Museo de La Plata – Tomo V – La Plata – 1959.
Revista del Río de la Plata – Periódico Mensual – Tomo I – Buenos Aires 1871.
Sociedad Literaria Argentina - Revista “La Abeja Argentina” – Ejemplar nº 7 – Buenos Aires – Octubre de 1822.

*Los autores :
Premios H.C. Pollock 2005
Integrantes del Grupo de Investigación en Enseñanza,
Difusión, e Historia de la Astronomía, del Observatorio de
Córdoba-UNC -erminniti@hotmail.com santiago@oac.uncor.edu

 

 
 
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