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Astronomía desde el Hemisferio Sur para todos
miércoles 28 de febrero de 2024 

Tiempo de lectura: 3:38 min.

Crónica de un policial mal anunciado

por Sebastián Musso, CEA/Cielo Sur (Argentina)

 

Imagen: NASA

Esta semana (5 al 9 de febrero de 2007), en todos los medios, pudimos enterarnos del caso de la astronauta de la NASA, Lisa Nowak, que integró la tripulación del transbordador Discovery, de la misión STS-121, en julio de 2006, acusada de agresión física, intento de robo y destrucción de pruebas, en un episodio con ribetes amorosos, de celos e infidelidades.

La astronauta en cuestión fue arrestada el lunes pasado después de viajar desde Houston (Texas) hasta el Aeropuerto Internacional de Orlando para “conversar”, según dijo después, con Colleen Shipman, supuestamente relacionada amorosamente con otro astronauta, William Oefelein, con quien la primera mantenía o mantuvo una relación amorosa que no estaba dispuesta a perder.

Nos llamó la atención a todos, cuando desde los noticieros de todo el mundo repetían la noticia mezclando a la NASA con una crónica digna de un programa de “chimentos” de la tarde. No podíamos creer los pormenores. De acuerdo con la versión policial, Nowak llegó al aeropuerto disfrazada con una peluca y un impermeable para esperar un vuelo desde Houston en el que debía llegar Shipman. La astronauta siguió a la mujer hasta el estacionamiento armada con un cuchillo plegable, una pistola de aire comprimido, guantes de goma, bolsas de plástico y gas pimienta. Incluso algunas versiones dicen que tenía puesto pañales, como los que usan los astronautas, para evitar perder el tiempo en su viaje con innecesarias paradas para ir al baño.

Y la confusión estaba precisamente en los títulos que recibimos. Esos tales como “escándalo en la NASA” o “astronauta celosa”. Realmente, creo que no debería mezclarse a una Agencia Espacial, dedicada al estudio y exploración del espacio, con los impulsos personales de cada uno de sus miembros, estén estos expuestos públicamente por su notoria actividad o sean (debe existir el caso) personal de maestranza o administrativos en la misma situación.

No creo que tenga que llamarnos la atención que una astronauta protagonice un hecho de estos. Quien lo protagoniza es una mujer, como cualquier otra, que reacciona (aún de forma equivocada y desmedida) ante la posibilidad de perder una relación que le es importante. Son, en todo caso, los celos de una mujer, independientemente de cual sea su profesión.

Algunos suponen que los test psicológicos a los que se enfrentan los astronautas no son lo suficientemente buenos por no haber podido prever un hecho como este. Estos test, tratan de evaluar la adaptación que pueden tener los individuos al ambiente nuevo en el que trabajarán (el espacio), a cómo se enfrentarán en su vida cotidiana a la posibilidad de realizar una tarea que conlleva un riesgo de vida, a trabajar en ambientes reducidos con un grupo de gente reducido, bajo presión y con una hiper-especialización en sus funciones. Ningún test podrá decirnos qué hará una o un astronauta ante una situación donde lo que se juegan son los sentimientos, las pasiones, si, aunque usted no lo crea (y lo niegue algún presentador de noticiero) los astronautas son personas normales, que deben ser evaluados por sus funciones profesionales, pero que también aman, sufren, odian, celan, sienten, se frustran, tanto como un ama de casa o el telefonista de la empresa de taxi que llamamos en un día lluvioso.

¿Alguien querrá medir cómo se comportarán en un viaje a Marte de dos años? ¿Alguien tendrá la respuesta si las tripulaciones deberán ser mixtas o no? ¿Y si las parejas se rompieran en pleno viaje? Más aún. ¿Si los afectos cambiaran de destinatario en medio de la travesía? Deberemos saber que la ciencia puede modelar sobre la colisión de dos galaxias, pero no puede prever qué pasará cuando dos personas se atraigan, se amen, o dejen de hacerlo.

La noticia conmocionó al mundo. Por fin supimos, en medio de un hecho bochornoso y condenable por su violencia premeditada, que las personas que se dedican a la ciencia también se equivocan y créalo o no… sienten.

 

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