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Astronomía desde el Hemisferio Sur para todos
miércoles 28 de febrero de 2024 

Tiempo de lectura: 12:20 min

Ciencia vs Pseudociencia en los medios: “De la Era de Acuario al Big Bang”

Sebastián Musso, CEA, Mar del Plata, Argentina

Un estudio de Gallup, realizada en junio de 1990, sobre una muestra de 1.236 adultos de Estados Unidos arroja los siguientes datos:

  • Uno de cada cuatro norteamericanos cree en fantasmas.
  • Uno de cada cuatro norteamericanos cree haberse comunicado con otras personas mediante algún tipo de experiencia extrasensoria.
  • Uno de cada seis cree haberse comunicado con alguien fallecido.
  • Más de la mitad cree en el demonio y uno de cada diez asegura haber hablado con él.
  • Uno de cada siete cree haber visto un OVNI.
  • Tres de cada cuatro estadounidenses leen con regularidad el horóscopo y uno de ellos actúa en concordancia con las predicciones que de este se desprenden.

Carl Sagan expresaba en su serie televisiva Cosmos (1982) su fastidio ante las pocas columnas dedicadas, en los mayores periódicos de los Estados Unidos, a los temas científicos en contrario del casi ineludible horóscopo que ubicamos en las últimas páginas de todas las publicaciones “serias”.

Los medios aducen que no tienen, dentro de sus tiempos, la capacidad de contrastar la información de un pseudo profesional que se acerque a su redacción con un tema aparentemente serio y ciertamente interesante. Sin embargo, esta justificación no sirve para prácticas como la astrología, el tarot, los fenómenos paranormales y una lista tristemente interminable de farsas probadas y repudiadas por la comunidad científica. En septiembre de 1975, la revista The Humanist publicó un importante manifiesto contra la astrología firmado por 186 científicos de primera línea, de todo el mundo, entre los cuales se cuentan 19 premios Nobel.

Si alguien dice ser esposo de una famosa actriz en una oficina de producción de un programa de chimentos, ninguno de sus miembros sacarán la noticia al aire sin antes “chequearla”, constatar los datos que pueden resultar conflictivos es una de las tareas básicas del periodismo, de las primeras que se aprenden en cualquier curso sobre el tema. Sin embargo, en la ciudad de Mar del Plata, me es conocido el antecedente de uno de sus principales diarios promocionado una nota a un personaje de la ciudad como si este fuera profesor, es más, asegurando que era representante en el Hemisferio Sur de una de las más famosas y prestigiosas entidades de la ciencia mundial, de hecho, esta persona, no tiene siquiera sus estudios secundarios completos. Sus dichos fueron tomados como altamente autorizados cuando en realidad estaban totalmente fuera de contexto.

Thomas H. Huxley dijo, en 1850: “si la superstición es la religión de los espíritus débiles (Edmund Burke, 1790), el nacimiento de la ciencia fue la muerte de la superstición”. Por desgracia, esto no es así aunque debiera.

Un canal universitario de televisión en Chile mantuvo, durante mucho tiempo, un programa matinal de una astróloga colombiana. Y sin ir a un ejemplo lejano, muchas prestigiosas universidades del mundo dictan cursos de astrología, aún cuando sus científicos más destacados combaten, a diario, con sus investigaciones, los males de la superstición que esta disciplina propaga.

¿Por qué ocurre esto? Yo lo definiría como la terrible necesidad de ser parte que la ciencia hoy, alejada de la tarea de compartir sus conocimientos con la sociedad, no satisface. Alexis de Tocqueville ya había observado, en el siglo XIX, que la mayoría de las personas prefiere creer en una falsedad simple que no obligue a razonar y estudiar una verdad complicada. La gente busca lo mágico pero, cuánto más mágica es la verdad. Si todos supieran que los compuestos químicos de los que estamos hechos se sintetizaron en las estrellas a miles de millones de años no necesitaríamos suponer que Marte (bautizado como el dios de la guerra, en la cultura greco-romana, por el color sangre de su superficie) condiciona nuestra agresividad y nos contentaríamos con saber que la ciencia ha descubierto que su suelo es de hierro oxidado como los terrenos de la provincia de Misiones.

Un ejemplo que podría ser gracioso en estas páginas pero que sería una vergüenza en un periódico es el siguiente: “La historia astrológica del Titanic es una concatenación de mala suerte. En el momento en que fue botado, Marte estaba en oposición con el ascendente (lo que indica daño corporal), Mercurio en conjunción con Saturno y ambos opuestos a Júpiter. Cuando comenzó el viaje el 10 de abril de 1912 a mediodía el ascendente (que representa el barco) estaba opuesto a Urano (catástrofe) y a la Luna (los pasajeros). Neptuno, el dios del mar se situaba en la casa doce (desgracias) formando cuadratura con el Sol (un aspecto peligroso). En la carta natal del capitán Smith, Neptuno se situaba en la casa de la muerte y Urano (catástrofe) en la novena casa (viajes largos)”. Este texto corresponde a D. J. Parker, Nuevo gran libro de la astrología (edit. Debate, Madrid, 1988) la misma editorial que publica ensayos de científicos prestigiosos.

¿De qué signo sos?

Para introducirnos en el tema dos frases duras pero con las que coincido plenamente marcarán el camino del tratamiento. Jean Rostand dice que “es escandaloso que no se pueda abrir un gran diario sin encontrar esta lepra deshonrosa que se llama astrología”. Una aseveración dura pero no más que la que sigue que por más que esté teñida con una ironía graciosa no deja de ser lapidaria: “Si de dos países vecinos, igualados por las riquezas naturales, uno cree en la astrología y el otro no, el segundo colonizará al primero”, lo dice la declaración de la Asociación de Escritores Científicos de Francia.

Si bien la astronomía y la astrología nacieron juntas en las riberas de los ríos Eúfrates y Tigris, hace más de 6.000 años un momento de ruptura simbólico puede ser cuando el ministro de Estado de Luis XIV, Colbert, prohibió a los astrónomos en 1666 ocuparse de la astrología. Miguel Ángel Sabadell y Javier E. Armentia, del Departamento de Astrofísica de la Universidad Complutense de Madrid, publicaron en la revista “Tribuna de la Astronomía” un artículo donde dan cuatro razones principales por las que debería combatirse a la astrología:

  1. Los astrónomos no son astrólogos y no desean que se les confundan con embaucadores.
  2. La astrología no es creíble. Tiene más que ver con la magia que con la ciencia.
  3. La astrología no funciona. Los signos zodiacales no tienen nada que ver con la futura ocupación de la persona.
  4. La astrología es un fraude y ni siquiera sirve para confortar a cierto tipo de personas.

Quien se ha dedicado, como es mi caso, más de diez años a la divulgación de la astronomía, estará habituado a este tipo de diálogos que se reproducen con frustración en repetidas explicaciones de astrónomos aficionados y profesionales de por qué la astrología no tiene ningún fundamento:

-¿Vos que estudiás?
- Astronomía
- ¡Ah! Yo soy de Tauro, que me podés decir
- ¡No! Yo estudio ASTRONOMÍA
- ¿Y qué es eso?
- Eeeh, bueno... Es el estudio de los astros, pero de otra manera.

Según el periodista científico de la ciudad de Buenos Aires, Pablo Wahnon si fuera posible un análisis astronómico de la astrología implicaría que la astrología forma parte del dominio de investigación de un astrónomo y, de manera más general, de un científico. Esto tiene varias consecuencias y la más evidente y errónea es que estaríamos hablando de algo supuestamente serio y ordenado.

La astrología puede ser definida como el estudio de las presuntas influencias de los cuerpos celestes en la personalidad y destino del hombre, más que clasificarla como pseudociencia, la clasificaríamos como un arte de remotos orígenes ya que sus modelos y concepciones originales la remiten a Caldea, 30 siglos antes de nuestra era. En sus comienzos la observación del cielo estuvo ligada a la religión y las creencias por lo que se entrelazaban la astrología con la astronomía, no existiendo límites claros, entre una y la otra. Si quisiéramos citar algunos de sus antecedentes sacaríamos a colación a Berosus, sacerdote caldeo que, establecido en Grecia, escribió, en el año 280 a.C., el libro BABYLONIACA, donde establecía ciertos principios astrológicos que fueron tomados por la escuela hipocrática de medicina. En el 140 d.C. Claudio Ptolomeo plasmó, en el “Tetrabiblos”, los principios de la moderna astrología. Con la desintegración del Imperio Romano, la astrología perdió adeptos y fue rebajada a la categoría de superstición, siendo los astrólogos criticados y perseguidos.

Uno de los primeros tratados fue traducido en España, se trató del “introdutorium in astronomium” escrito por Albumansur (805-885) donde asociaban los planetas con las cualidades curativas de algunas plantas. En la antigüedad, muchos pueblos tenían al Sol y la Luna como divinidades, ya que naturalmente los asociaban con hechos de la vida cotidiana (el día y la noche, la menstruación y gestación, crecimiento de las plantas). Pero esto también tiene su explicación, las influencias que aquí son observables son de carácter gravitatorio pero como bien decía Carl Sagan, en su serie COSMOS: “la única influencia que le debemos a los cuerpos celestes es la gravitatoria, al nacer Marte es mucho más grande pero la partera está mucho más cerca”.

Alrededor del año 3000 a.C. fueron definidas posiblemente las primeras constelaciones (Toro, Cáncer, Virgen, Escorpión, Capricornio y Piscis). Con la constatación de la ocurrencia de doce (o trece) Lunas Llenas en el año, cada constelación fue dividida en dos partes, estableciéndose así el número de doce constelaciones, para hacerlas coincidir con las lunaciones del año.

Los nombres de las constelaciones no fueron elegidos al azar, ya que por ejemplo, Cáncer y Capricornio, indican la retrogradación de los Solsticios, mientras que Libra indica la igualdad de los días y las noches. Fue Aristóteles quien por el año 400 a.C. bautizó al grupo de constelaciones donde se observan los planetas como Zodíaco (del griego, círculo de animales).

La presesión de los equinoccios es una lenta oscilación que sufre el eje de la Tierra, causada por los efectos gravitacionales del Sol y la Luna. Diremos entonces que esta presesión hace que cambie en el cielo la posición de los polos y por consiguiente la posición de las estrellas en el cielo, entonces el Sol no se encontraría todos los años, el día 21 de marzo en el mismo punto del cielo, sino que aparecería ligeramente desplazado, esto no se nota en períodos cortos de tiempo pero si en el transcurso de miles de años, ya que la presesión completa una vuelta en aproximadamente 26.000 años; esto hace que cuando se establecieron los principios astrológicos, el Sol se encontraba en la constelación de Aries el 21 de Marzo pero hoy en día se encuentra en la constelación de Piscis y la famosa era de Acuario, no comenzará en poco tiempo sino en el año 2.599 y por otra parte no creemos que tenga nada de catastrófica. Debemos tener en cuenta sucesivos errores en el cómputo del tiempo y las reformas sucesivas del calendario han complicado aún más el panorama, al punto de no tener la humanidad la absoluta certeza acerca del año en el que vivimos.

Sucede que las divisiones que emplean los astrólogos para las constelaciones son fijas (30 grados cada una) y además no concuerdan con las fijadas por la Unión Astronómica Internacional, sin contar la existencia de una decimotercera constelación (Ofiuco) donde se encuentra el Sol buena parte del mes de diciembre (deberían reclamar a los periódicos los nacidos entre el 29 de noviembre hasta el 16 de diciembre ya que el Sol desaparece de los horóscopos que pueblan los diarios capitalinos.

¿Más en contra de la astrología? Todavía se puede. Los planetas que cumplen órbitas alrededor del sol, no lo hacen en el mismo plano, por lo que recorren un número mayor de constelaciones que las doce del “horóscopo”. La luna recorre en total 19 constelaciones, Mercurio 21, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno recorren 15 constelaciones y Plutón (por suerte para los astrólogos ya no se considera un planeta) un total de 42, entonces muchas veces, un Planeta no estará en el lugar que los astrólogos manejan.

Hace ya algunos años, en un ciclo de conferencias de verano del Centro de Estudios Astronómicos propusimos el tema de la Astronomía vs. la Astrología. La charla estuvo más o menos teatralizada y la llevé adelante con la entonces estudiante de astronomía de la Facultad de La Plata y amiga personal Karina Amado. A mí me tocó el papel de una persona totalmente creyente de la astrología mientras mi compañera de tarea me refutaba constantemente mis dichos. La sala estaba repleta de astrólogos, algunos muy renombrados a nivel local, luego de la charla se abrió el debate y ni siquiera ellos estaban tan convencidos del método en el que basaban sus estudios, a su favor, y por desinformación principalmente, aún tienen el interés de la gente y el espacio de los medios. Terminaré este título con otro diálogo que resume no sólo lo expuesto sino también lo vivido en más de una oportunidad:

-¿Usted hace horóscopos?
-Tengo los conocimientos para hacerlos pero no creo en ellos
-¿Por qué?
-Principalmente porque el cielo que usa la astrología está desactualizado.
-¿Y por qué más?
-Porque los planetas no son dioses sino rocas como la Tierra y en nada influyen.
-¿Algo más?
-Por el fenómeno de presesión de los equinoccios y los planetas descubiertos en la modernidad y las diferencias en las distancias…
-¿Podría hacerle otra pregunta?
-Sí.
-¿Cuánto me cobraría Usted por hacerme una carta natal?

 

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