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Astronomía desde el Hemisferio Sur para todos
miércoles 28 de febrero de 2024 

Tiempo de lectura: 4:23 min

¿La ciencia es buena o mala?

por Sebastián Musso* (Argentina)

Hace algunas semanas estuve en un Encuentro sobre periodismo científico, entre otros temas tratamos uno muy repetitivo, si la divulgación científica debe estar en manos de periodistas o en manos de científicos. Mi respuesta en el grupo fue contundente, intenté darla en un formato, digamos, de slogan: “periodista y científicos, ninguno sin el otro”.

Yo mismo sabía estaba haciendo trampa, conozco científicos que realizan trabajos de divulgación impecables y ellos tienen facultades innatas que los hacen especialmente didácticos y atrayentes para sus públicos con lo que llegan a compartir de modo muy eficaz los principales conceptos de aquella ciencia que protagonizan. También existen periodistas que sin haber tenido una educación formal en ciencia divulgan de una manera clara, respetuosa con las verdades aceptadas en cada momento en cada campo de la ciencia y que pueden ser, a su vez, críticos de la ciencia en el buen sentido.

De esto quería escribir hoy (y espero que quieran leer Ustedes del mismo tema). De saber analizar la ciencia. La ciencia hoy en el siglo XXI quizás tenga influencias sobre nuestras vidas como ninguna otra cosa de forma tan contundente, la tecnología cambió radicalmente nuestras vidas (y quedará para otro día el debate sobre si las hizo sustancialmente mejores o peores), nos cambió nuestra imagen sobre el lugar que ocupamos en nuestro entorno, con nuestros pares, con nuestro futuro y sobre las prolongaciones de nuestro pasado en el hoy, la ciencia cambió el lugar que creemos ocupamos en el Universo y cambió la forma en que explicamos como ese mismo Universo funciona. Hasta aquí todos de acuerdo.

¿Pero es la ciencia siempre buena? Deberíamos decir que la ciencia no es buena ni mala, el conocimiento no es bueno ni malo en sí mismo y deberíamos hablar del uso que damos a cada cosa nueva que descubrimos. Los procesos que hacen brillar a nuestra estrella, el Sol, y que permitieron y permiten la vida en la Tierra son muy similares a los que reprodujimos para hacer explotar dos bombas atómicas hace ya 60 años en el Japón de finales de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, sin irnos a extremos, la ciencia tiene presiones económicas, intereses políticos, competencias típicamente humanas entre sus miembros y solo poniéndola en su contexto podemos valorarla. No ahora como algo ideal y alejado del mundo cotidiano, sino como un escenario más de las relaciones humanas. Con hombres geniales en sus temas de estudio objetables en sus decisiones personales o viceversa.

Muchas noticias de ciencia que nos sorprenden responden a estas presiones y a estos elementos no tenidos en cuenta, que se envíe un telescopio miope al espacio es el resultado de intereses comerciales que no podían esperar más. Cuando vemos una nave en órbita marciana regalándonos imágenes de increíble resolución o bajamos de forma gratuita por internet programas satelitales para monitorear nuestro balcón, ¿cómo es que no nos preguntamos hasta donde somos observados nosotros? ¿Hasta cuando no se puede encontrar a un hombre prófugo? ¿Hasta qué punto podemos hablar enteramente de soberanías?

Noticias de meteoritos cercanos a la Tierra que acompañaron lanzamientos de películas de Hollywood, y alerta sobre naves en peligro de reingreso coincidentes con recortes presupuestarios son algunas de las cosas que recuerdo a la hora de escribir estas líneas. Mientras tanto, vuelvo a la pregunta. Si todos los hombres y mujeres de ciencia no son perfectos, si lo que se persigue no es solo el bien común y nada más que eso, si las noticias son manejadas para llevar nuestro interés y nuestros sentimientos según un plan mucho más grande que la sola información. ¿La ciencia es mala?

Mi respuesta es rotunda. No. La ciencia es humana, la ciencia se hace todos los días, nos involucra y nos concierne, nos afecta y nos llama a participar, nos tiene de protagonistas más que nunca, independientemente de cuál sea nuestra ocupación. A las noticias de ciencia, esas que escribe (en la mayoría de los casos) no el hombre más popular de las redacciones de los periódicos, se les aplican los mismos principios que a las deportivas, de economía, política, sociales o de espectáculos. Debe tener un poco de cada una de ellas pues sus actores lo tienen.

Ahora tengo que dejarlos, este mes me toca pagar los impuestos en casa, con ellos seguramente se hará alguna reforma en la ciudad tendiente a la Cumbre de las Américas que en pocos meses tendrá como sede a mi ciudad, Mar del Plata, y algún porcentaje de ellos, ira a un sueldo de un señor del CONICET, quizás, para curar definitivamente ese dolor de espaldas que me está matando.

(*) Sebastián Musso es fundador del Centro de Estudios Astronómicos de Mar del Plata. Periodista Científico. Miembro de la Agrupación Cielo Sur

 

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