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Astronomía desde el Hemisferio Sur para todos |
jueves 02 de septiembre de 2010 | ||||||||||
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Tiempo de Lectura: 4:25 min 30 de marzo de 2009 Equipo de la NASA encuentra riquezas meteoríticas en una búsqueda del tesoro
Justo antes del amanecer del 7 de octubre de 2008, un asteroide del tamaño de un auto mediano entró en la atmosfera terrestre y explotó sin causar daño sobre el desierto de Nubia, al norte de Sudán. Los científicos esperaban que este asteroide, llamado 2008 TC3, se convirtiera en polvo y diera como resultado un meteoro muy brillante o 'bólido' a gran altura. Lo que pasó posteriormente emocionó a la comunidad científica: Peter Jenniskens, un astrónomo de meteoros que trabaja en el Instituto SETI en Mountain View, California, y, además, en el Centro de Investigación Ames de la NASA, en Moffett Field, California, junto con Muawia Shaddad de la Universidad Khartoum en Sudan, se unieron para la búsqueda de posibles remanentes extraterrestres del asteroide. En un trabajo que se publica en la edición del 26 de marzo de 2009 de la revista Nature se detallan sus hallazgos.
Ahora, por primera vez en la historia, los científicos están estudiando meteoritos recuperados que podrían tener una conexión definitiva con un asteroide proveniente del espacio. Esto presenta a la comunidad científica una oportunidad sin precedentes para interpretar los datos del asteroide y aprender más acerca de sus orígenes y diferencias entre los asteroides y podría, a su vez, plantear mejores respuestas acerca de la formación del Sistema Solar.
El asteroide fue descubierto por un telescopio del relevamiento del cielo Catalina, patrocinado por la NASA. Astrónomos y científicos alrededor del mundo pudieron dar seguimiento y escanear a TC3 por lo menos 20 horas antes de que se perdiera. Esto marcó la primera vez en la historia que un objeto celeste fue localizado previamente a su ingreso a la atmósfera terrestre. El asteroide tenía una velocidad de 44.600 kilómetros por hora cuando ingresó a la atmósfera. Creó una estela de 80 kilómetros de largo antes de explotar a una altura de 36.880 metros sobre el nivel del suelo.
"Cuando el Dr. Shaddad y yo llegamos por primera vez y comenzamos a entrevistar testigos oculares, las cosas parecían muy sombrías" señala Jenniskens. "Todos ellos describieron una inmensa explosión en el cielo, pero ninguno vio algún material desprendiéndose del bólido".
La localización y la subsecuente recuperación resultaron como buscar una aguja en un pajar. Los científicos usaron lo que ellos llaman un mapa del tesoro para localizar los meteoritos. El Laboratorio de Propulsión a Reacción (JLP) de la NASA, en Pasadena, California, produjo una carta que se le dio al equipo de recuperación la grilla de búsqueda y un área objetivo.
"Mi trabajo usualmente comienza y termina con las trayectorias de los objetos en el espacio", señala Steve Chesley, científico de la Oficina de Programa de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOs), en el JLP. "Pudimos predecir cuándo y cómo TC3 podría entrar sobre el cielo de Sudán. Jenniskens, estuvo buscando un mapa del lugar donde podrían haber caído y sobrevivido fragmentos del bólido. Esto fue una novedad para esta oficina".
Armados con el mapa del tesoro, Jenniskens, Shaddad y estudiantes y miembros de la Universidad de Khartoum iniciaron su caminata en la tarde del 6 de diciembre de 2008. Después de 3 días de búsqueda, el equipo había revisado 29 kilómetros del paso del asteroide de Chesley y había recuperado 15 muestras con una masa total de 0,56 kilogramos. Los científicos observaron que los meteoritos eran porosos, de material rocoso, redondeados como una piedra, con una cara rota y de color muy negro. Jenniskens y el equipo de Khartoum visitaron el sitio en dos ocasiones más y recolectaron 280 meteoritos con una masa total de 5 kilogramos. Las muestras fueron enviadas para su análisis a Ames; al Centro Espacial Johnson, de la NASA, en Houston; a la Institución Carnegie de Washington y a la Universidad Fordham, en Nueva York.
"Hemos encontrado realmente un tesoro", señala Michael Zolensky, un mineralogista cósmico del Johnson. "Nunca habíamos visto un meteorito exactamente como éste en la Tierra, porque son tan frágiles que explotan en las partes altas de la atmósfera. Las muestras parecen ser originadas en la superficie del asteroide original, lo que lo hace de un valor especial para planetólogos para explicar la historia geológica de los cuerpos primitivos y planear así misiones con naves hacia estos asteroides". Por las mediciones realizadas a 2008TC3 al reflejar la luz solar en el espacio y comparándolo con los meteoritos encontrados en el suelo y que reflejan la luz solar, el equipo concluyó que los meteoritos provienen de la superficie de un asteroide clase-F del cinturón de asteroides del Sistema Solar. Además, el equipo determinó que el meteorito es lo que los astrónomos refieren como una polymic ureilite, en otras palabras es una roca oscura muy rara e inusualmente frágil.
(saa) (mg)
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