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Astronomía desde el Hemisferio Sur para todos |
viernes 30 de julio de 2010 | ||||||||||
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Tiempo de Lectura: 3:56 min 15 de diciembre de 2008 El lugar de Marte donde está Phoenix puede estar en una fase seca del ciclo climático
El suelo ártico marciano que excavó la sonda de la NASA Phoenix Mars Lander, durante este año, es frío y muy seco. Sin embargo, cuando ciclos largos de cambios climáticos hicieron este sitio caliente, el suelo podría haber sido húmedo y con esto modificar la química, produciendo efectos que persistieron a través de tiempos fríos.
La misión Phoenix encontró pistas que incrementan la confianza en los modelos predictivos acerca de cómo el vapor de agua se movió a través del suelo entre la atmosfera y el hielo de agua del subsuelo. Los modelos predicen que el vapor fluyó y humedeció el suelo cuando la inclinación del eje de Marte, su oblicuidad, fue mayor que la actual.
El robot trabajó en Marte por 3 meses como misión primaria y, además, otros dos meses de excedente, después de su amartizaje, el 25 de mayo de 2008. El equipo de científicos de Phoenix estará analizando y comparando experimentos durante los próximos meses. Con algunas de las principales preguntas pendientes de resolver, el equipo de miembros reporta sus progresos en la reunión de otoño boreal de la Unión Americana de Geofísica, en San Francisco.
"Tenemos presencia de nieve proveniente de nubes y una superficie congelada, con hielo a sólo unos centímetros por debajo y un suelo seco entre ambos" señala Peter Smith, investigador principal de Phoenix, en la Universidad de Arizona, en Tucson. "Durante un clima calido hace millones de años, el hielo pudo estar más profundo, pero congelado en la superficie pudo fundirse y humedecer el suelo".
Sin un gran satélite natural, como tiene la Tierra, Marte pasó por ciclos periódicos conocidos cuando su inclinación se hizo más grande que la de la Tierra. Durante esos períodos de gran inclinación, el Sol se levantó más alto en el cielo por encima de los polos marcianos de lo que hace actualmente y, con eso, las planicies árticas donde Phoenix trabajó, experimentaron veranos más templados.
"El hielo bajo el suelo alrededor de Phoenix, no tiene depósitos de sales provenientes de algún antiguo océano", señala Ray Arvidson, de la Universidad Washington en St. Louis, científico líder del brazo robótico de Phoenix. "Está en equilibrio con el ambiente y éste cambia con los ciclos de oblicuidad en escalas de centenas de miles de años a pocos millones de años. Esto pudo haber ocurrido docenas de veces en los pasados 10 millones de años cuando delgadas capas de agua estuvieron activas en el suelo, y probablemente docenas de veces más, en los 10 millones de años siguientes".
La textura de terrones del suelo excavado por Phoenix es una pista de los efectos del agua. El examen microscópico del suelo realizado por la misión muestra partículas individuales, características de efectos del viento polvoroso y arena, pero los terrones de suelo se vieron más cohesionados que lo esperado para arena y polvo no alterado. Dice Arvidson, "no están firmemente pegados, pues se pueden quebrar con la mano, pero su consistencia nos habla de algo que desparramó el material y lo cementó".
El efecto de consolidación podría ser resultado de las moléculas de agua que se adhirieron a la superficie de las partículas del suelo. O bien podría ser el agua movilizándose y redepositando sales y que la Phoenix identificó en el suelo, como son el perclorato de magnesio y el carbonato de calcio.
La sonda térmica y de conductividad eléctrica de Phoenix, detectó cambios en la propiedad eléctrica consistente con la acumulación de moléculas de agua en la superficie de los granos del suelo durante ciclos diarios del vapor de agua moviéndose a través del suelo, reportó Aaron Zent del Centro de Investigación Ames en Moffett Field, California, líder científico de la sonda.
"Hay intercambio entre la atmosfera y el subsuelo de hielo", señala Zent. "Una capa de moléculas de hielo se acumuló en la superficie de partículas minerales. No es suficiente actualmente para transformar la química, pero las mediciones están proveyendo una verificación de que esas capas moleculares podrían haber ocurrido cuando se lo esperaba, y esto nos daría más confianza en las predicciones de cómo se comportaron entre los ciclos de oblicuidad".
(saa) (mg)
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