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jueves 30 de octubre de 2014 
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 LAS CULTURAS ANTIGUAS Y EL MISTERIO DEL COSMOS


Lic. Luis C. Martorelli

( Astrónomo Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de La Plata)

El Principio de los Tiempos


Imagen superior: El Principio de los Tiempos según la visión del pueblo Aymará. (crédito imagen Silvia Smith©).

Introducción

Desde siempre el hombre ha contemplado, y observado el Universo que lo rodea con asombro e inquietud, sensaciones que hoy experimentamos cada vez que estamos solos frente a la inmensidad del cosmos que nos rodea.

Desde chico tuve la suerte de vivir en las afueras de la ciudad de la Plata ( Pcia de Buenos Aires, R. Argentina) sin luces molestas y con escasa contaminación ambiental, lo que me permitía contemplar el Cosmos en su plenitud, con una claridad que aun hoy después de tantos años aun recuerdo vivamente.

Eran momentos en que el hombre ya preparaba el salto al espacio, las misiones Apolo estaban asombrándonos con sus viajes a la Luna, se hablaba mucho de vida extraterrestre, se creía que Marte podría albergar alguna forma de vida, faltaba mucho para que el cometa Halley pasara por segunda vez en este siglo, se hablaba de mandar emisiones de radio para comunicarse con seres de otros mundos y se construían miles de cabezas nucleares.

Leía todo lo que a mi alcance estaba sobre las cuestiones de vuelos espaciales, astronomía, arqueología y porque no, algo de ovnis también,
Constantemente le preguntaba a mi abuelo ahí donde estábamos en medio de la naturaleza, qué eran esos pequeños puntos de luz, ¿Qué había mas allá en el espacio? ¿Podríamos viajar algún día a Marte? ¿Cómo serian los marcianos???, solo recuerdo que él me miraba y trataba de entender incluso qué le preguntaba...

Por aquel entonces me imaginaba figuras extrañas, fantásticas uniendo las estrellas, dibujaba en el cielo objetos conocidos, cohetes, aviones o barcos, tuve la suerte de leer un viejo libro de astronomía que mi abuelo me trajo, ahí comencé a entender lo que eran las constelaciones y como a lo largo de toda la historia, de toda la evolución de la humanidad, el hombre desarrolló su imaginación uniendo puntos brillantes en el cielo dando nombre a imágenes inventadas por el, de acuerdo a su situación local, religiosa, mística, así comprendí qué eran las constelaciones del zodiaco. Ahí comencé a entender que habrían visto aquellas antiguas civilizaciones que apenas conocíamos, hace mas de 4000 años, que construyeron pirámides, obeliscos, terrazas, observatorios para contemplar y entender el cielo que los rodeaba. Así se desarrolló en mi una profunda necesidad de contemplar el cielo y comprender el cosmos, el universo, el infinito y poder entender que habían sentido, que habían observado, que habían experimentado aquellos antiguos observadores en la prehistoria de la humanidad.

Cosmovisión Antigua

Hoy, con la posibilidad de estudiar profesionalmente el Universo, he tratado en los últimos años de analizar, investigar la historia de la astronomía en las antiguas civilizaciones y, en especial en aquellas que están mas ligadas al lugar de nuestros orígenes y que están a sus vez poco estudiadas, es decir aquellas culturas de la América del Sur, desde el Perú hasta el sur de la Argentina.

Quienes habitan las llanuras, o las sierras, las planicies o las mesetas, tiene la posibilidad de contemplar el universo que se extiende sobre sus cabezas de la misma manera, bajo las mismas condiciones físicas que lo hacían sus antepasados que habitaban en esos lugares.

Hoy a pesar de la tecnología y los medios de transportes rápidos, recorrer las grandes extensiones de territorio entre los distintos países al sur del Ecuador, en especial las regiones comprendidas entre el sur del Perú, Bolivia, el norte de Chile y Argentina, es penoso y agotador. En estas amplias regiones donde la altiplanicie supera los 3000 metros, observamos cielos limpios y noches estrelladas perfectas, la contaminación ambiental y lumínica aun hoy no ha llegado a dañar la atmósfera, de tal forma que contemplamos los astros, la esfera celeste como la veían nuestros antepasados en esas regiones.

La zona comprendida por el actual territorio que ocupa Bolivia, estuvo habitada por diferentes culturas, civilizaciones o pueblos que de una forma u otra, se relacionaron, se fusionaron y completaron un esquema celeste, un mapa del firmamento que se extendía sobre sus cabezas muy distinto al concepto que nos han transmitido y que nos ha llegado de los pueblos de la antigua Europa.


Imagen superior: Mapa de la región ocupada por el pueblo Aymará.

En esas alturas y latitudes, evolucionó un pueblo llamado Aymará que mantuvo una cosmovisión estrechamente ligada a los fenómenos de la naturaleza, del medio de vida y del entorno social donde habitaba. Al igual que las culturas de Medio Oriente, griega y romana, trasladaron al firmamento en forma de constelaciones figuras mitológicas e imaginarias entrelazadas con la vida diaria, la realidad de la visión cosmogónica que los envolvía les permitía tener un firme contacto con los fenómenos celestes que observaba. La sistemática observación, la medición de fenómenos exactos de los ciclos lunares y la observación de los planetas les permitió desarrollar un calendario basado en el año solar, detectar los movimientos del Sol y la Luna y definir en la observación diaria días más largos y días mas cortos, lo que coincidía con la realidad de la naturaleza que los envolvía, siembras, cosechas, lluvias, nevadas, gestaciones etc., que hacían a la realidad de la vida cotidiana.

Dentro de la cosmovisión del pueblo aymará, debemos tener en cuenta las constelaciones que de una u otra manera lograban contemplar desde esas latitudes, la ciudad de la Paz se encuentra en 16º de latitud sur, lo que hace que sean visibles muchas estrellas del hemisferio norte ciertas noches al año.

Esto permitió a los antiguos historiadores y cronistas así como a escritores modernos, hacer referencia a formas de objetos que se observaban en los cielos, que de acuerdo a la versión moderna de nuestras constelaciones casi no coinciden con las del pueblo aymará.


Imagen superior: Puerta del Sol. Cada año se celebra el regreso del Sol (Wilkakuti) en las ruinas de Tiahuanaco (Tiwanaku).


Los sabios observadores del cosmos en este pueblo llamados amautas o yatiris, definían el origen del cosmos, el nacimiento del universo como proveniente de las partículas, los elementos que dispersó un gigantesco huracán, un soplo divino así como cuando el sembrador en el campo esparce las semillas por el aire y sus lentos movimientos son los de las cosas, calmas, lentas luego de pasar la tormenta.

Lograron definir y conocer los movimientos de los "cinco errantes" ( planetas que lentamente circulan por la senda del cielo conocida por ellos como la Huayra- thaki, o camino de los vientos, para nosotros, el zodiaco), lugar sagrado donde los elementos, las cosas quedaron después de la tormenta moviéndose lenta y parsimoniosamente.

Los habitantes del Kollasuyu mantienen de generación en generación las leyendas de los orígenes, días sin luz, noches eternas, oscuridad absoluta, devastaciones posteriores, glaciaciones y diluvios extraordinarios que más tarde dieron forma a lo conocido. Fuertes rayos que según ellos dieron origen al Comienzo, al Viento Cósmico.

Constelaciones Aymaras

Las constelaciones igual que todos los cuerpos celestes se levantan por el este, para el pueblo aymará la aparición en determinada época del año de ciertas constelaciones estaba igual que en muchas civilizaciones ligada directamente a la los fenómenos naturales o sociales que los rodeaba, una siembra, una cosecha, lluvias o nevadas.

La hermosa constelación del Toro o Taurus definida así antiguamente con las famosas Hyades en su interior y la roja estrella Aldebarán conformaban para el pueblo Aymará la constelación de Kotu sankha que significa gran puñado de brasas, desde la cosmogonía de este pueblo lo que se veía eran las brasas dentro de un brasero encendidas y refulgentes, marcando una época de su calendario central.


Imagen superior: Las constelaciones aymará del Brasero y el Puente vistas desde el altiplano en el año 1500 para el mes de diciembre al anochecer. (dibujo y composición Silvia Smith©)

La constelación de Orión bien estudiada y conocida por la astronomía moderna, conformada por las estrellas Rigel, Betelgeuse, Bellatrix y Saiph, con las estrellas centrales reconocidas por nosotros como las Tres Marías; El gigante Orión representado así por la mitología occidental, era para este pueblo del altiplano, el warawar kjaua, que representa un fino poncho o palio, del rey o señor poderoso del lugar. Si bien el aymará describe la constelación con tres estrellas centrales a estas las llama Chaca cilithu que significa el puente que enlaza los dos cielos. ¿Es posible que los amautas de este pueblo tuvieran el conocimiento que la constelación de Orión está ubicada en el ecuador celeste? ¿Es posible que hayan observado que el centro de este poncho, es decir nuestras Tres Marías (el Cinturón del gigante cazador Orión para la mitología greco-romana) están en la mitad de los dos hemisferios? Si es así, estamos en presencia de una fuerte observación sistemática, aunque es probable que solo sea una casualidad en la representación de la cosmogonía andina.

Volvemos a internarnos en la cosmovisión del entorno que rodeaba al aymará y sin duda los elementos naturales tenían una enorme influencia en sus decisiones y movimientos, el puma como animal principal de esas latitudes, está perfectamente representado en ruinas, monumentos dibujos y pictografías, la puerta del puma en la ciudadela de Tiwanacu es un vivo ejemplo de esto, es por eso que no podía faltar en la esfera celeste, y la constelación que conocemos como Geminis, se denomina en aymará, puma yunta que significa yunta de pumas, o par de pumas, guardianes de los cielos.

Una de las constelaciones más grandes que existen y que de alguna manera llamó la atención del hombre antiguo es la que conocemos como el navío Argo, si bien está dividida en Carina, Popa y Vela para la cultura aymará que tenia una visión perfecta en el cielo de las estrellas que hoy la conforman era una, figura que representaba una visión cosmogónica de las grandes y misteriosas montañas que los rodean. La entrada a ellas a través de cuevas , pasadizos naturales representaba en la tradición aymará el gran misterio del averno, de las profundidades negras y lúgubres de lo profundo de la tierra, por ello parte de las estrellas que representan para nuestro moderno concepto de la Nave de los Argonautas, conforman la llamada lanjha manta que significa negra entrada a los infiernos, parte de la tradición mitológica y legendaria del porque de este nombre, se ha perdido para siempre, hoy los escasos y difíciles de encontrar registros de la cosmovisión andina, permiten suponer que ésta constelación ha de haber tenido una leyenda con correlatos de una lejana historia del pueblo aymará. La segunda estrella más brillante del cielo Canopus, es conocida por los aymaras como laram ururu, es decir la estrella guía de las vicuñas en su lento peregrinar por los cielos.

Si tenemos en cuenta la hermosa relación de ideas, conceptos y vivencias que el hombre contempla y siente en esas solitarias alturas, todos aquellos elementos que en definitiva son compañeros de su largo peregrinar y han sido vitales para su subsistencia, de ahí que un animal domesticado y utilizado tan prácticamente como la vicuña, esté representada en los cielos con las débiles estrellas que la astronomía moderna hoy define como el Camaleón, circumpolar en nuestras latitudes, pero que para el aymará era justamente Wari o la vicuña, representación que fue definida y relacionada en sus ojos que miran atentamente a la estrella guía antes expresada, es decir a laran ururu ( Canopus), su guía.

Otra hermosa constelación y perfectamente observable desde nuestras latitudes, en especial desde el altiplano boliviano, es la zodiacal constelación el Escorpión, constelación que bajo este nombre, se pierde en la oscuridad de los tiempos, la mitología greco-romana cuenta que el Escorpión pica a Orión, antes de que este alcanzara a Diana. Pero para el pueblo aymará contemplando esa rica región del cielo y el conjunto de estrellas que forma la constelación, corresponde a un instrumento utilizado en la vida cotidiana, por el hombre de esas alturas; Warawar-korahua es decir la honda, de cuero, representando además a la brillante y roja estrella Antares- kori-kala como la piedra refulgente a punto de ser lanzada.

Pero el origen de esta constelación esta basada en una antigua leyenda que se ha mantenido dentro de la tradición y la historia de este pueblo a pesar de las sucesivas y nefastas invasiones sufridas. Varias zonas del cielo definidas en constelaciones del pueblo aymará se basan en leyendas y supersticiones, la formación de nevados cordones cordilleranos y lagos, están directamente relacionados con estas historias que fueron inmortalizadas en los nombres de los distintos objetos celestes que observamos. Muchas culturas, muchas civilizaciones lo hacen y lo han hecho a lo largo de la historia de la humanidad. Por desgracia estos relatos nos han llegado a veces entrecortados y otras veces ambientados de acuerdo a la influencia de uno u otro invasor.

Cuando expresamos que en el cielo estrellado el hombre coloca sus miedos, fantasías y supersticiones un claro ejemplo se da en la constelación austral hoy conocida como Corona Austral, que es un típico conjunto de estrellas de magnitud no superior a 3, el aymará representó la misma forma de corona pero de una Laika es decir de una bruja, el que es muy respetuoso de sus tradiciones, en el cielo nocturno y en el misterio de las noches, ha expuesto el espíritu maligno que ronda en los montes, lo ve en los cielos, en las estrellas como la Laika pillu es decir la Corona de la Bruja.

Una de las constelaciones mas famosos del Hemisferio Norte, es la Osa Mayor, constelación que con cuatro estrellas en forma de cuadrado y sus estrellas distribuidas oblicuamente ha sido representada como un gran cucharón , Una cacerola, los siete bueyes de los egipcios, y otras interesantes representaciones. En las alturas del altiplano, el aymará ha visto en esta sucesión de estrellas , el manto brillante y reluciente de una anciana abuela india, protectora de la Pacha, es decir la Tierra , la madre de todas las cuestiones, por eso se denomina como junthhall-pakeri, retazo reluciente de tela con que la madre india se cubre la cabeza. Dentro de esta constelación se halla una estrella muy particular llamada Algol, la extraña estrella doble ya vista por los antiguos, en la cultura aymará esta estrella tambien era conocida, como palika wara, que es la definición de estrella doble o dos estrellas juntas.

Como ya hemos descripto la influencia de determinadas invasiones ha hecho que gran parte de los nombres, las historias , las leyendas se fusionaran y se perdieran, ha pasado el tiempo y dentro de esas fusiones hemos corroborado que la llamada Corona Boreal, una sucesión de estrellas de segunda magnitud ,es denominada como Chapi-pillo que en definitiva no es más que la denominación de la corona de espinas de Cristo en la Cruz, solo reminiscencias de un pasado cercano, ligado a los conquistadores españoles.

Desde estas latitudes, pequeñas constelaciones como la del Delfín con estrellas debiles y apenas visibles, representaban en esta cultura ya no la misma conformación de estrellas que nos ha quedado con ese nombre sino, un ser legendario llamado Cheuseqa, que en definitiva representaba a una lechuza con una flecha en el pico marcando la inmortalidad de los dioses en el camino al mas allá.

La constelación llamada Cabellera de Berenice , se compone de mas o menos unas 15 estrellas de magnitud 3, muy parejas, para esta cultura el campo estelar de esta constelación, representa un trapo o manta, por eso se la denomina a esta zona del cielo, Wiphala ttaqata que según la etimologia regional puede considerarse como un gran trapo deshecho por los vientos.

Al Sur del Centauro y debajo de la Cruz se encuentra otra región del cielo muy pareja en estrellas , muy poblada como campo estelar, conocida en la astronomia moderna como Lobo o Lupus, los aymará veían en esa región que abarcaba algunas estrellas de otras constelaciones actuales, un gran campo cultivado de trigo, por eso esa zona del cielo se denomina Apthapi orage es decir zona sembrada o cultivada.

La historia de estos pueblos, nos va marcando un camino de increíbles figuras de estrellas finamente ligadas, que no es la que nuestros padres o abuelos importaron de allende los mares, es una historia diferente, una historia fascinante.

 

 
 
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