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lunes 25 de septiembre de 2017 
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 CORDOBA, SARMIENTO, GOULD Y EL MUNDO

Santiago Paolantonio1*
spaolantonio@argentina.com
Edgardo Ronald Minniti
2*

CORDOBA, SARMIENTO, GOULD Y EL MUNDO 1
Dos visiones, dos aventuras y dos beneficiarios: Córdoba y el mundo

 

1. Basado en el trabajo presentado en las V Jornadas de Historia de Córdoba, Semana de Córdoba 2004, Córdoba y su Historia siglos XVI al XX, 1 al 3 de Julio de 2004, con la inclusión de imágenes.
2. Premios H. C. Pollock 2005, Grupo de Investigación en Enseñaza, Difusión e Historia de la Astronomía, Observatorio Astronómico, Universidad Nacional de Córdoba.

A fines del siglo XIX, cuando en los ámbitos universitarios o intelectuales europeos se hablaba de Argentina, automáticamente se pensaba en Córdoba. Era para entonces la ciudad, expresión de lo más avanzado en ciencias en Latinoamérica y los investigadores europeos, tanto de los cielos, como de la tierra, se apoyaban en las obras realizadas por el Observatorio Nacional Argentino (ONA), La Academia Nacional de Ciencias (ANC) o la Oficina Meteorológica Nacional (OMA), toda vez que se remitieran al conocimiento sistemático de la distintas disciplinas. Esta singular situación fue producto de una serie de coincidencias peculiares que se fueron dando a lo largo de los años, en los que mucho tuvieron que ver Sarmiento, Gould y el mundo de entonces, sensibilizado por la euforia progresista ilustrada, por supuesto.

Así también, Córdoba fue marco de referencia e interlocutor obligado, de cuanta acción se desarrolló en América al sur del Río Grande, para encausar en los respectivos países, centros de investigación de distinto nivel, aún en aquellos que contaban con los mismos antes del emplazamiento de los cordobeses, como ocurrió con Brasil, Méjico y Chile, que no alcanzaron el grado de desarrollo y producción logrado en esta ciudad de Córdoba, en solo medio siglo.

Si bien el embrión comenzó con la creación del Museo Nacional en Paraná, cuando la Confederación inicia las acciones tendientes al desarrollo organizado del acontecer científico en el país (Muestra cabal lo constituye el material expuesto con éxito en la Exposición Universal de París de 1855 y premio en la Sociedad Científica de Londres. Contribuyeron con su esfuerzo, entre otros, Alfredo M. Du Graty, Martín de Moussy, Augusto Bravard), cesa la acción con la caída de la Confederación y el éxodo a Buenos Aires de “los hombres del Paraná”. Pero el proceso renovador de la sociedad argentina, comienza realmente con la creación en Córdoba de esas instituciones rectoras, durante la presidencia del doctor y general Domingo Faustino Sarmiento.

El modesto autodidacta sanjuanino, por esos extraños vericuetos históricos, se convirtió en el artífice de ese cambio, con el apoyo incondicional y efectivo de Avellaneda y con la natural participación de un grupo de científicos destacados y aventureros intelectuales norteamericanos y europeos.

En sus mocedades, Sarmiento, ávido de conocimientos, después de agotar las posibilidades de las aulas en la Escuela de la Patria de San Juan, se trasladó en 1820 a Córdoba e ingresó al Colegio Monserrat, donde lamentándolo profundamente permaneció muy poco tiempo, debiendo retornar a su terruño, por razones de salud, como lo confiesa, aunque bien pudieron ser económicas realmente, dada la situación que lo afectaba.

En sus quince años, fue ayudante del topógrafo francés Barreau en San Juan, jefe de una suerte de oficina de ingenieros, comprometido en el mejoramiento del trazado de sus calles. Con él habría aprendido geometría, rudimentos del cálculo necesario y del manejo de instrumental topográfico. Quien los usa, no puede dejar de dirigir los anteojos de los mismos, por la noche, hacia la luna y los planetas brillantes. Por razones políticas, el nombrado es desterrado a Mendoza, quedando Domingo Faustino a cargo de las tareas de relevar el terreno, siendo desafectado de ello por las autoridades por no creerlo capaz de llevar adelante las mismas.

Cuando el exilio de Sarmiento en Chile, durante 1840, se hace muy amigo de Gilliss, el militar astrónomo estadounidense que permitiera la creación del Observatorio Nacional de ese país. Curiosamente, quien redujo las observaciones de la expedición austral de Gilliss y efectuó los intrincados cálculos necesarios, fue el joven astrónomo Benjamin Apthorp Gould.

Figura 1. El joven Benjamin A. Gould sin barba.

Este marino comisionado en 1844 por el Observatorio Naval de los EE.UU., con asiento en Washington, se trasladó a Santiago con un grupo de colaboradores e instrumental, para montar en el Cerro Santa Lucía, entonces un sitio de extramuros, un observatorio astronómico transitorio destinado a la observación de Venus cerca de su período estacionario y oposición de 1849. La expedición estaba primariamente destinada a instalarse en Chiloé, pero en base a las experiencias recogidas durante la expedición del Beagle respecto del clima imperante en el sur, se decide finalmente por un emplazamiento ubicado más de mil kilómetros al norte del sitio previsto originariamente, con mejores condiciones de infraestructura y logística. El gobierno de Bulnes apoya decididamente su emplazamiento. Montt, su sucesor, inicia las acciones tendientes a la adquisición del instrumental por parte del gobierno chileno, para la creación del Observatorio Nacional de Santiago. Íntimamente vinculado con la campaña que lo llevara al poder y con las primeras acciones de gobierno de Montt, se hallaba Sarmiento, no solo su amigo, sino también responsable de la acción publicitaria que facilitó su acceso al poder.

Figura 2. El observatorio sobre el Cerro Santa Lucía en Santiago de Chile.

Fue Montt quien comisionó al sanjuanino para estudiar los sistemas educativos imperantes en Europa. Hacia Francia parte el mismo y pasea sus reales por ese país, el norte de África y Estados Unidos, país al que viaja especialmente para conocer a Horace Mann, pedagogo de gran prestigio por sus ideas avanzadas para la época. Pero resulta que a quien llega a admirar más es a su señora Mary Peabody, con quien mantendrá una relación profunda hasta el fin de sus días.


Figura 3. Horace Mann y su esposa Mary Peabody Mann.

Retorna a Chile agobiado por las necesidades económicas y desarrolla en ese país sus actividades docentes que le darán prestigio. De su mano surgen los primeros maestros chilenos.

Asumido Mitre a la presidencia de la nación, lo designa Ministro Plenipotenciario Argentino ante el gobierno de Estados Unidos, país en el que la opinión pública no está de parte de la Argentina como consecuencia de la guerra de la Triple Alianza. Es Sarmiento quien con una publicación desde Nueva York y campañas sistemáticas de propagandas periodísticas muy bien elaboradas, consigue modificar esta situación. Todo, sin perjuicio de las gestiones para la obtención de armamentos necesarios al país. Retoma y vuelve íntima la vinculación con Mary Peabody, ya viuda de Mann. Ella no solo traduce al inglés “Civilización y Barbarie”, haciéndola conocer allí y en Europa (El 4 de Abril de 1868, el Eco de Córdoba publica: Este libro del señor Domingo Faustino Sarmiento ha sido traducido al inglés por la señora María Mann y pronto deberán llegar a Buenos Aires algunos ejemplares de la obra. Hablando de Sarmiento dice la señora Mann: “Es el hombre más maravilloso que he conocido; él y su esperanza son inmortales porque nada lo abate ni desconsuela.” Para valorar estas palabras es preciso tener en vista que la señora Mann conoce y trata a los hombres más eminentes de Nueva Inglaterra y es ella misma viuda del eminente Horacio Mann. Dicha dama lo vincula con Emerson, el poeta filósofo; con Longfellow, el prestigioso poeta de la época y diversas personalidades, en particular, el astrónomo Benjamin Apthorp Gould, a quien ayudaba a superar la profunda depresión que lo aquejaba, tanto como su sueño de realizar una expedición al sur para registrar el cielo austral. El astrónomo venía superando apenas las derivaciones del conflicto que mantuviese como consecuencia de la creación y dirección por su parte del Observatorio de Dudley, al que debió renunciar muy en su contra, dado un muy duro enfrentamiento mantenido con la junta administradora del mismo, por diferencias en la política astronómica, de la que el sabio era inflexible. Tal fue la situación que, en momentos del descubrimiento de un asteroide por parte de George Searle, cuando se le pidió a Blandina Dudley, la viuda del mecenas que financiara la creación y funcionamiento del instituto, que nominara el nuevo cuerpo celeste, no dudó ácidamente, en proponer que fuere Pandora su nombre. ¡Ácida elección!



Figura 4. El primer edificio del Observatorio Dudley en la ciudad de Albano.

Gould venía para entonces de concluir su formación con los más destacados astrónomos del mundo. En contrario a lo aseverado frecuentemente por los historiadores, no fue el embajador Sarmiento quien lo interesó por su traslado a la ciudad de Córdoba, sino el propio Gould quien le solicitó formalmente el apoyo del gobierno argentino para permitirle su instalación en esa ciudad mediterránea, con miras a concretar el plan de observaciones de las estrellas australes, por considerar dicha ciudad el lugar más adecuado con ese fin, dada la calidad de su cielo y ausencia de movimientos sísmicos. Este criterio habría sido adoptado en función de los comentarios que a él llegaran por medio de Gilliss, en base al viaje que realizara su ayudante desde Chile a Estados Unidos. Juicio del que se arrepentiría muchos años después, al sufrir desde el ONA las consecuencias de los períodos ventosos que desmejoraban con frecuencia la calidad de la transparencia atmosférica característica en esa ciudad.

No eran épocas fáciles. Imperaba la mediocridad en el ambiente y los intereses políticos del común, no eran precisamente el progreso intelectual o científico, sino el meramente económico.

No en vano Sarmiento comentó a Vélez, director del Eco de Córdoba, mediante carta fechada en Nueva York el 20 de Noviembre de 1865: Cuando estuvimos en Santa Fe, un vecino recordó con entusiasmo la fiesta de las escuelas que había visto en Buenos Aires. Era acomodado e inteligente. Manos a la obra, le contesté. Fundemos una escuela en memoria de la Convención Nacional. Preparen ustedes el entablado de un salón y yo les mando un maestro de la Escuela Normal de Versalles, bancos, mapas, libros, etc. Corremos una suscripción y como están presentes setenta convencionales y los Ministros del Paraná, con $50.0 que cada uno de ellos contribuya tenemos el capital necesario. No paró allí; vi al gobernador quien me dijo: yo le tengo la sala que necesita, vamos a verla; y me llevó al mercado o carnicería, un vasto salón con alas en forma extraña, pero que revocado y entablado sería el local más adecuado. Todo estaba hecho; pero el vecino entusiasta y cuatro más que vi, no quisieron tomarse la molestia de extender la mano para recoger los dones que se les brindaba... Era el espíritu natural de una sociedad donde la vida dura y la lucha continua por contingencias diversas, la mayoría naturales, de las cuales hoy estamos protegidos, canalizaba en otra dirección el esfuerzo, excepto en aquellos pocos hombres y mujeres lúcidas, que veían un poco más allá.

Sarmiento visitó especialmente Córdoba en oportunidad de: la realización de la relevante Exposición Nacional en la ciudad, hecho duramente criticado desde Buenos Aires, por considerarse que eventos de esa importancia, ningún país civilizado los llevaba a cabo fuera del ámbito de sus capitales; la colocación de la  piedra fundamental del ferrocarril a La Calera; la inauguración del hotel "La Calera" de esa localidad, perteneciente al norteamericano William Wheelwrigth, cónsul y gestor de créditos internacionales, conocido del presidente y de Gould; y la inauguración del ONA. Hechos singulares en un país constituido por islas de civilización prácticamente inconexas, dada la falta de seguridad en los extensos territorios que se interponían entre ellas, que el ferrocarril iría paulatinamente anexando con celeridad. No resulta ocioso destacar que en ese viaje a Córdoba, el propio Foreing Oficce inglés hizo trasladar a su representante desde Buenos Aires a la ciudad mediterránea, para plantear la falta de seguridad existente, como consecuencia de la muerte en manos de los indios de Weguellin y Powis, dos súbditos ingleses pertenecientes a la Alexandra Colony (Hoy Alejandra), recientemente fundada en terrenos santafesinos de la región del Pájaro Blanco por Thompson, Bonar and Co. Hecho significativo planteado a su vez por otras naciones en varias oportunidades, como Francia e Italia. Un suelto del Foreing Office inglés difundido por la prensa de ese país, trataba de desalentar la inmigración a la Argentina de los connacionales, insistiendo en la inseguridad imperante.

Figura 5. William Wheelwrigth

Gould, utilizando las relaciones familiares en el Viejo Mundo, en julio de 1845 a los 21 años de edad, se traslada al otro lado del Atlántico con planes para un prolongado período de viajes y estudios.

Recorrió Irlanda, Escocia e Inglaterra por unos meses. Visitó desde Londres el Royal Observatory de Greenwich en seis oportunidades; allí estableció relación con George Biddell Airy.

Viajó posteriormente a Francia. Conoció y estudió con Arago y Biot en el Observatorio de París donde permaneció cuatro meses, siendo compañero de estudio de Faye.

Luego se trasladó a Alemania. En ella permaneció por más tiempo. Sin dudas allí logró el mayor provecho. Estuvo un año en el Observatorio de Berlín con Johann Franz Encke discípulo de Carl F. Gauss y secretario de la Academia de Ciencias. Conoció a Alexander von Humboldt, por entonces de 77 años, con quien estableció una amistad que le sería muy útil. En octubre de 1846 el astrónomo Johann Gottfried Galle de ese observatorio, descubrió Neptuno en base a los cálculos realizados por el francés Urbain Jean Joseph Leverrier, a instancias de F. Arago. Gould escribió la historia de este descubrimiento en el Smithsonian Report, 1850, p.56, 8vo, "Report on the history of the discovery of Neptune.". Estudió además con Struve, Peters y Hansen, y se hace amigo del matemático F. G. Eisenstein.

Figura 6. Carl Friedrich Gauss y el Observatorio en Göttingen

El 23 de marzo de 1847 envió una carta solicitando ser alumno del eximio matemático Carl Friedrich Gauss en Göttingen. Es aceptado gracias a la amistad y estima de A. Humboldt, quién lo recomendó especialmente. Se trasladó a aquella ciudad donde permaneció un año, que él calificó como mucho mejor que Berlín. En 1848 se doctoró, siendo el primer americano en obtener ese título en Astronomía. El trabajo se tituló: "Untersuchungen über die Gesenseitige Lage der Bahnen der zwischen Mars and Jupiter sich bewegende Planeten". Según algunos investigadores no hay registros de este título.

. En ese período estudió la problemática de los movimientos planetarios, incluyendo al asteroide Flora con el que más tarde en Córdoba, trabajaría para la determinación de la paralaje solar.

Gauss era muy conocido en Estados Unidos (como en casi todo el mundo), y llegó a tener más de 12 alumnos de esa nacionalidad. Uno de estos alumnos fue Edward Everett profesor en Harvard y luego párroco de la Iglesia Unitaria, a la cual Gould también pertenecía. Everett fue gobernador de Massachusetts, época en que el hijo de Gauss fue recibido en ese estado. Gauss fue miembro de la American Academy of Arts and Sciences en 1822, y su diploma fue firmado por el abuelo de la futura mujer de Gould, el Hon. J. Quincy. Finalmente Alexander Bache, que sería más tarde jefe de Gould, mantenía correspondencia con él.

Gould visitó además el observatorio de Altona, Hamburgo, durante cuatro meses, donde trabajó con H. C. Schumacher - Director de la Astronomische Nachrichten -, y el de Gotha durante un mes. También viajó a Italia, Hungría, Bohemia y Rusia.

En esta época germinó la idea de un periódico científico para su país, semejante al Astronomische Nachrichten, creado por H.C. Schumacher en 1821. Intención concretada a su regreso con The Astronomical Journal.

Ese viaje le sería inapreciable por las ventajas derivadas de los conocimientos que aportara y vínculos establecidos, de gran incidencia para su futuro desarrollo profesional y consecuente gravitación en el Observatorio Nacional Argentino con sede en Córdoba.

De regreso a su hogar, los conocimientos y amistades ganadas en Europa facilitan la concreción de sus planes. En los siguientes 20 años, desarrolla una gran diversidad de actividad profesional en su patria, hasta que el sur lo llama.

La realidad científica que encuentra en Massachusetts es muy distinta a la que deja en Europa, generando un sentimiento que se ve resumido en una carta que le dirige a Humboldt en 1850, en la cual expresa las ideas para su futuro: Esto que yo supe antes de volver a casa, lo comprendo ahora por primera vez en su verdadera magnitud. Por consiguiente, yo dedicaré todos mis esfuerzos, no al logro de cualquier reputación para mí, sino para servir con el máximo de mi habilidad científica a mi país o mejor, como mi amigo. En septiembre de 1851, Gauss le ofrece el puesto de Profesor de Astronomía en la Universidad de Göttingen, y poco más tarde la dirección de su Observatorio, puesto que el mismo Gauss ocupaba. Esto muestra la alta valoración por Gould en Alemania. El Dr. Gould acepta en primera instancia, pero luego declina el honor, a pesar de la presión de algunos amigos. Es un aspecto hasta cierto punto misterioso, pues se trataba de un puesto codiciado por muchos, en especial teniendo en cuenta las precarias condiciones de la astronomía en Estados Unidos en aquella época. Pero, su norte, ¡estaba en el sur!; en Córdoba, precisamente.

En el segundo meeting de la American Association for the Advancement of Science, el 14 de agosto de 1849, realizado en Cambridge, Massachusetts, se incorporan Gould y su padre a la entidad. En esta asociación el Dr. Gould es miembro activo largo tiempo. En 1856 es Secretario General del 10mo meeting, Vice Presidente en el 14vo en 1860, y Presidente en 1868 del 17vo realizado en la ciudad de Chicago. Trabaja en varios comités especiales, entre los que se puede mencionar el Report in Relation to Uniform Standards in Weights, Measures, and Coinage, relacionado con lo que más tarde realizará en este sentido en Córdoba y en Europa como delegado argentino.

Para la época de la fundación del Observatorio Nacional Argentino, con el objeto de ayudar a justificar públicamente su instalación, se difundió el siguiente listado de 110 observatorios distribuidos en distintos puntos del globo, a instancias del gobierno de Sarmiento, en la prensa local:

El más distante de Córdoba era el de Pekín, con una diferencia horaria de 11 horas 59 minutos. El más próximo, el de Chile, con una diferencia de solo 36 minutos.

Se hace evidente que entonces la mayor parte de los observatorios se hallaban en el hemisferio boreal, y habla elocuentemente de la importancia asignada a la Astronomía por los países más avanzados, determinando un factor de progreso ya entonces, independiente de sus causas, que prácticamente se han mantenido hasta el presente sin modificaciones, inclusive en la integración de los poderosos consorcios internacionales que gobiernan la práctica astronómica en el primer nivel a escala mundial, de los cuales tampoco es ajena la Argentina.
Con excepción de Brasil y Chile, en el listado se omitió, tal vez por ignorancia, otras instituciones ubicadas al sur del ecuador.

En su reunión del 14 de febrero de 1862, el Consejo de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra, recomendó que se extendieran al hemisferio austral los trabajos realizados por Argelander en el Observatorio de Bonn.

Con ese fin designó un Comité que en enero de 1863 presentó su informe, destacando la gran utilidad para el desarrollo de la Astronomía, una descripción de los cielos australes, recomendando que esa Sociedad impulsara empresas con ese objetivo. Con tal fin se dividió el hemisferio austral en zonas de 20° de ancho, a distribuir entre los más importantes observatorios existentes, con acceso a esa región celeste, que no eran pocos por cierto y se hallaban convenientemente distribuidos.

Estos Observatorios eran:

1.- Cabo de Buena Esperanza Cape Town (Sudáfrica). Fundado en 1820 y habilitado en 1829 por Falows, primer director. En la época del Catálogo de Zonas se hallaba dirigido por David Gill.
2.- Sidney (Australia). Fundado en 1855 en esa capital de Nueva Gales del Sur. Habilitado en 1858 por William Scott, fue el mayor de todos en la época.
3.- Paramatta (Australia). Situado a casi 30 km de Sidney, fue fundado en 1821.
4.- Adelaida (Australia). Inaugurado en 1861 con la dirección de Charles Todd.
5.- Windsor (Australia). Observatorio privado dirigido por su dueño, Mr. Tebbutt, de destacada actuación desde 1861.
6.- Melbourne (Australia). Fundado en julio 1863, en reemplazo del de Williamstown que cerró en junio de 1863, tuvo como primer director a M. Ellery.
7.- Hobart Town (Tasmania, Australia). Fundado en 1843 bajo la dirección del Teniente de Marina inglés Mr. Kay.
8.- Santa Elena (Isla, posesión de Gran Bretaña). Fundado por la Compañía de las Indias Orientales, fue el inglés Jonhson su primero director en 1829. En él trabajó Halley. Entre 1829 y 1833 efectuó un catálogo de 666 estrellas australes, premiado con medalla de oro en 1835 por la Sociedad Astronómica de Londres.
9.- Batavia (Java). Entonces colonia holandesa. Habilitado en 1858 bajo la dirección de Oudemans.
10.- Río de Janeiro (Brasil). Fundado por astrónomos portugueses en 1780, tuvo largos períodos de inactividad. En la época del arribo de Gould (1870), era dirigido por el astrónomo francés Liais, a quien sucedió Crulls en la década de 1880.

Otro de los observatorios que merece ser mencionado, es el de Madras, India, que a pesar de no estar en el hemisferio sur, su posición (latitud +13°) posibilitó el estudio del cielo austral, por Thomas C. Taylor entre 1830 y 1843.

Hubo algunos intentos de otras instalaciones en América del Sur que fracasaron o permanecieron en la etapa germinal hasta después de 1870, como el caso de Perú, donde en 1866 el Jefe Supremo Provisorio de la República - Mariano I. Prado - dispuso por decreto la erección de un observatorio en Lima con una inversión de 20.000 soles. El texto de esa disposición remarca la importancia práctica de tales observatorios, al decir que es necesario contar con una oficina para las observaciones astronómicas que ayude a la ciencia y preste servicios prácticos a la marina nacional y extranjera. Esta circunstancia es objeto de comentarios diversos a lo largo de esta obra. O del Brasil que, conforme los propios comentarios del Emperador Don Pedro II a Sarmiento en oportunidad de su regreso de EE.UU. como Presidente, no puede contar con un observatorio organizado, pese a sus esfuerzos. Tampoco Ecuador habría sido ajeno a medidas similares. "El Independiente" publica el febrero de 1871 que el Presidente del Ecuador ha hecho venir de Europa sabios y renombrados profesores, para fundar en Quito una Universidad y establecer un Observatorio Astronómico. Cita que el famoso P. Secchi, Director del Observatorio Romano dirigirá su instalación.

Ya designado Gould por Sarmiento, el Eco de Córdoba del 11 de enero de 1870 anuncia que el Gobierno de la Nación ha recibido noticias de que el astrónomo norteamericano esta ya listo y pronto a partir hacia la Argentina.

El 28 de mayo de ese año, Gould se embarca en Nueva York con destino a Europa, con el fin de concretar en aquel continente la compra de los instrumentos y útiles para su labor. Once días más tarde arriba a Inglaterra. Lo acompañan en este viaje su infatigable esposa Mary A. Quincy, sus hijas Susan, con 8 años prontos a ser cumplidos, Lucretia de 5 años de edad, y su pequeño hijo Benjamín, de solo tres meses. Queda Alice, su tercera hija, de 2 años, en casa de los abuelos maternos, los Quincy. Viaja con ellos la joven institutriz Albina Fountain de 21 años.

En las seis semanas que dispone para concretar sus propósitos, visita Londres, París y algunas ciudades de Alemania.

Cumplida su misión en Europa continental, que el mismo Gould describe como tranquila y feliz, regresa a Inglaterra para volver a embarcarse el 20 de julio desde Liverpool, con destino al puerto de Buenos Aires, en el vapor cuyo "auspicioso nombre" era Tycho Brahe. Las paradas normales para estos trayectos eran Southampton en Inglaterra, Le Havre en Francia, Bahía y Río de Janeiro en Brasil, y Montevideo en Uruguay antes de tocar la ciudad de destino.

En la escala de Río de Janeiro, a mediados de agosto, es invitado y se entrevista con Pedro II, aficionado a la astronomía, el que por su intermedio manda abrazos a Sarmiento.

Llega a Buenos Aires el 23 de agosto de 1870, casi tres meses después de su partida. Cuando el vapor fondea en el puerto, es recibido con gran pompa. El Capitán del puerto, en traje de gala, lo saluda y lo conduce en el paquebote presidencial, que le envía Sarmiento, para su acercamiento a tierra. Lo escoltan una docena de marinos a los carruajes de enormes ruedas, que habrán de llevarlos hasta la costa. ¡Buenos Aires no tenía calado!

Al día siguiente, Avellaneda anuncia su llegada en el Congreso, durante la sesión en que se aprueba la ley de presupuesto. Gould y su familia se alojan en un hotel regenteado por una francesa. Es recibido durante su estadía por Sarmiento y su gabinete. Lo visitan además diversas personalidades, entre las que se encuentra el que sería su amigo y protector, el diputado Dr. Santiago Cáceres, y su compatriota Wheelwright.



Figura 7. Dr. Santiago Cáceres

El 7 de septiembre, muy temprano, la familia Gould parte a Rosario en barco por el Paraná demandando el viaje 20 horas; lo hace acompañado por el inspector de escuelas Don José M. De la Torre. En esta ciudad se aloja en la casa de Wheelwright, y al día siguiente al de su arribo, a las 6 de la mañana parte a Córdoba por el Ferrocarril Central Argentino, del cual su anfitrión dirigió la construcción.

Figura 8. Locomotora del Ferrocarril Central Argentino

Pasó el tiempo, pleno de ardua labor. Luego de las trágicas muertes de sus hijas mayores en Córdoba, Gould toma por primera vez un descanso en procura de reponerse de tan duro golpe.

El 31 de marzo 1874 solicita la licencia al por entonces Ministro Juan Albarracín, la que fue inmediatamente concedida el 14 abril siguiente.
A pesar del dolor por los acontecimientos ocurridos, y probablemente para en algo olvidar, Gould continúa observando con el Círculo Meridiano hasta el 13 de abril.

Parte a fines de ese mes dejando a cargo del Observatorio al primer ayudante John M. Thome, y de la Oficina Meteorológica al secretario de la misma, el señor Luciano J. Correa.
En junio llega a Boston con toda su familia, luego de un viaje de 65 días, partiendo desde Rosario en el buque J. S. Winslow, y es recibido con honores en su tierra natal.

El 16 de ese mes, un notable grupo de conciudadanos le envía una carta invitándole a que relate sus experiencias en una conferencia pública, a la que Dr. Gould con agradecimientos acepta el 17. La reunión se concreta el lunes 22 de junio, en el Wesleyan Hall, a la que concurren amigos y grandes personalidades. Entre otros se encuentran el poeta Henry W. Longfellow, el sabio Alexander Agassiz, el ex gobernador Emerey Warhburn, James Walker, Charles W. Eliot, George T. Bigelow, su pariente Richard H. Dana Jr. y T.W. Parson
El hijo del ex presidente John Quincy Adams, Charles Francis Adams (1807-1886), pariente político de Gould, a pesar de ser el presidente de la comisión de bienvenida no puede concurrir por estar en campaña electoral. La reunión la abre R. Dana y el discurso de Gould relata sus vivencias y trabajo en tierras para ellos desconocidas.

El Dr. Gould fue comisionado por el Gobierno Argentino para devolver los instrumentos prestados por las instituciones norteamericanas. A la Superintendencia del Coast Survey el péndulo, el cronógrafo y el instrumento de tránsitos. Al Instituto Smithsoniano, el telescopio cenital. Estos instrumentos ya no eran necesarios en Córdoba; algunos por haber sido reemplazados con ventaja por los adquiridos para el Observatorio. Todos fueron entregados con expreso agradecimiento del Gobierno argentino a través del ministro del ramo.

De regreso trajo consigo otros instrumentos prestados por ambas instituciones. Entre ellos se destacan los solicitados al Coast Survey, para la medición de constantes magnéticas. También compró un telescopio portátil de gran poder óptico producido por Jolles, un cronómetro eléctrico de la casa Bond e hijo, dos interruptores telegráficos para el péndulo normal, y un conmutador para el mismo reloj. Todos estos elementos ocuparon 12 bultos, que entraron libre de derechos por el puerto de Rosario. Su señora fue portadora de una poesía de Longfellow, que el poeta dedicara especialmente a su amigo Sarmiento.

Figura 9. Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882)

Otro de los grandes problemas subsistente en el mundo, que afectaba particularmente los intereses de las grandes potencias comerciales, que pugnaban por ampliar el ámbito de sus respectivas influencias, radicaba en la falta de uniformidad de las unidades de medida; hecho base de no pocos conflictos y abusos reiterados.

Europa, entendiendo perfectamente que la cuestión vulneraba sus intereses, convocó internacionalmente a otra reunión para fijar los respectivos patrones, conforme se indicara. Argentina fue participe necesaria de la iniciativa y para el Congreso de París de 1880, designó representante a Benjamin A. Gould, que demostrara vasta experiencia en el tema, por el manejo del problema en el propio territorio nacional.
Con ese fin viajó a Francia. Aprovechó la circunstancia para visitar en Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, los observatorios de: Greenwich, París, Berlín, Cambridge y Oxford. Regresó el 11 de enero de 1881.

A pesar de las diferencias entre el Dr. Gould y algunos de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias, en 1878 fue nombrado en Córdoba, Académico Honorario, junto a reconocidas personalidades: D. F. Sarmiento, Santiago Cáceres, Manuel Lucero y Charles Darwin entre otros. Al año siguiente, en 1879, es admitido como Académico Titular.

Afianzando lo expuesto, es dable destacar los títulos que ostentaba el sabio, enumerados en 1878 en los Anales de la Oficina Meteorológica: PhD, Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos; Socio Extrangero (sic) de la Sociedad Real Astronómica de Londres; Corresponsal de la Academia Imperial de San Petersburgo; Sociedad Científica de Gotinga; de la Sociedad Filosófica de París; de la Universidad de Chile; Socio de las Academias de Austria, Cherburg, Filadelfia; Socio Honorario de la Sociedad Científica de Buenos Aires.

La Real Sociedad Británica le otorga una medalla de oro al Dr. Benjamin Apthorp Gould en 1883, por el importante trabajo realizado en Córdoba con la Uranometría Argentina. En 1885, antes de alejarse definitivamente de Argentina, fue también premiado con una medalla de oro por la Sociedad Geográfica Argentina, de la que era socio honorario y correspondiente, en reconocimiento a su contribución a las determinaciones de las longitudes geográficas de las principales ciudades del país.

Inmediatamente después de su retorno a Estados Unidos recibe el LL.D. en Harvard, y en 1887 se le otorga similar título en la Columbia College.
Ese mismo año la National Academy of Science le otorga la medalla James Craig Watson. Esta fue la primera vez que la Academia entregó esta medalla destinada a las importantes contribuciones a la astronomía .

Por otra parte, la National Academy of Sciences, a instancia de Alice B. Gould, el 17 de noviembre de 1897en la ciudad de Boston, poco más de un año después del fallecimiento del sabio, crea la "Fundación Benjamin Apthorp Gould" con una base de 20.000 dólares. El premio se entregaba a aquellos astrónomos que se destacaban por sus contribuciones significativas a la Astrometría, preferentemente norteamericanos. En 1981 la Academia aprobó el uso de los fondos para la promoción de modestas investigaciones en este campo de la ciencia, por lo que actualmente no se otorga la Medalla B. A. Gould.

Figura 10. Alice Gould, tercera hija de Gould. Historiadora de los viajes de Colón.

Claro indicador del reconocimiento de la comunidad científica fue su membresía en las más importantes instituciones de todo el mundo, en especial la Royal Society y la Royal Meteorological Society de Londres, las Academias de Ciencia de Francia, San Petersburgo, Berlín, Viena y Göttingen, el Bureau des Longitudes de París y la American Philosophical Society. Fue también uno de los pocos extranjeros que recibió la Orden del mérito del Imperio Alemán.

En 1935 la Unión Astronómica Internacional asignó con el nombre Gould, a un cráter de la Luna de 34 km de diámetro.

Figura 11. Ubicación del cráter lunar Gould

En la ciudad de Córdoba en su honor se nombra Pasaje Benjamin Gould a una de las calles laterales al Observatorio, y el Museo del actual Observatorio Meteorológico toma su nombre.

A pocos kilómetros al este de la localidad de Canals, un pueblo del sur de la provincia de Córdoba, honra su nombre.
En la ciudad de Buenos Aires la plaza lindante al Planetario Galileo Galilei es denomina Benjamin Gould.

Su obra y su nombre no fueron olvidados, en el hoy Observatorio Astronómico de Córdoba, sucesor del ONA, se lo recuerda junto a su gran amigo todos los 24 de octubre, aniversario de la fundación, con la Conferencia llamada Sarmiento-Gould, socios en la gran aventura humana convocada.

Recorrer hoy la senda difícil entonces de la apertura de los cielos del Sur desde Córdoba, es abrir las puertas del futuro; afianzar el presente; mantener esa esquiva llama que tiene mucho que ver con la sabiduría y el genio, ejemplo para las generaciones futuras.

Por esas puertas que están a pocas cuadras de aquí, el país traspuso el umbral de la época moderna y se integró de igual a igual, a una humanidad de lucha en la avanzada positiva.


1 También el Museo Astronómico se denomina Pte D. F. Sarmiento – Dr. B. A. Gould en su honor


*Ing. Santiago Paolantonio, Grupo de Investigación en Enseñanza, Difusión e Historia de la Astronomía
Museo Astronómico B. A. Gould D. F. Sarmiento
Observatorio Astronómico Córdoba



 

 
 
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