Realmente nunca fui bueno para la cocina, debería decir incluso que no se más que lo meramente indispensable para no morir de hambre un día de soledad en casa, sin embargo, el otro día mientras prendía un fósforo para calentar el café (no gran cosa) se me ocurrió que ese fósforo tenía mucho que ver con la evolución de las estrellas.
La parte más baja de la llama (la más caliente) era azul como las estrellas jóvenes y de mayor temperatura en el Cosmos.
Por la mitad la llama se tornaba anaranjada, como el Sol, una estrella de mediana edad y temperatura media entre los astros luminosos del cielo.
Por último la punta de la llama se me presentó roja, de baja temperatura, como las estrellas viejas.
Me quedé observando, me asombró lo cotid¡ano que puede resultar un tema aparentemente alejado de nosotros..., y me quemé.