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Los cometas, mensajeros del cielo
...Desde la más remota antigüedad se han atribuido a los cometas influencias nefastas sobre la Tierra. La aparición de un gran cometa ha sido para los pueblos primitivos un motivo de preocupación, y cualquier suceso desagradable que ocurriera simultáneamente, o poco después, le era atribuido al inofensivo cometa, completamente indiferente a cuanto ocurre en nuestro mundo. Y como sucesos desagradables suceden en todas las épocas, siempre es posible señalar coincidencias. Por lo demás, la tendencia de la masa humana ha sido, en todas las épocas, la de suponer la existencia de relaciones milagrosas entre los fenómenos celestes y los acontecimientos terrestres. Desde este puno de vista, los cometas han jugado un papel histórico importante.
El gran cometa del año 837 produjo enorme sensación. Apareció precisamente durante la Semana Santa, y se asegura que, espantado, Luis el Piadoso de Francia, llamó a un astrólogo y le dijo: “Sube enseguida a la azotea de palacio y dime lo que observas, porque ha aparecido una estrella que ayer no estaba y tú tampoco me la señalaste. Pero yo sé que esta aparición es un cometa que anuncia un cambio de reino y la muerte de un príncipe”. El rey consultó el caso con los obispos, pergeñanado así la idea que era un aviso celeste dirigido a él, por cuyo motivo pasó muchas noches dedicado a la oración y entregó grandes cantidades de dinero a los monasterios. Este cometa era el Halley, que en sucesivas apariciones tantos disgustos proporcionó a la humanidad.
Los cometas eran los signos más eficaces de los acontecimientos más importantes. Estaban encargados de anunciar las guerras, las sediciones, los movimientos intestinos de las repúblicas; presagiaban el hambre, las pestes, las enfermedades epidémicas. Estaba prohibido a los príncipes y a las personas revestidas de dignidad pagar el tributo a la naturaleza sin la previa aparición de un cometa, oráculo universal. En esta forma, ningún acontecimiento futuro podía sorprender a nadie; el porvenir se leía en el cielo tan fácilmente como el pasado en las historias. Su efecto dependía del lugar del cielo en que había brillado, del país de la tierra que dominaba directamente, de los signos del Zodíaco que medían su longitud, de las constelaciones que atravesaba, de la figura y longitud de sus colas, del lugar en que se apagaban, de infinidad de circunstancias. También se anunciaban habitualmente guerras, muertes de príncipes o de algún gran ministro, y generalmente ocurría que no pasaban muchos años sin que sucediera algún hecho parecido. Los astrólogos devotos, de los cuales había muchos, pasaban menos peligros que los demás. Según ellos, el cometa amenazaba tal desgracia; si esta desgracia no tenía lugar, era señal que las lágrimas de la penitencia habían aplacado la cólera de Dios. Pero se imaginó un procedimiento que puso a los astrólogos a cubierto de todo peligro: se llevó a cabo el acuerdo de decir que el acontecimiento anunciado por la aparición de un cometa podía ocurrir dentro de uno o de varios períodos de cuarenta años, o de tantos años como días había sido visible el cometa; de manera que un cometa que permanecía visible durante seis meses podía no producir ningún efecto hasta 180 años después.
También para la medicina tenía gran importancia los efectos perniciosos de los cometas. Si el astro presentaba una tonalidad pálida, producía letargias, pleuresías y perineumonías; si su color era rojizo, daba lugar a las calenturas ardientes, el sarampión y otras enfermedades eruptivas; si era azul, constituía un signo de peste, de gangrena, de escrófulas, etc.; si su color era amarillo de oro, producía las manías, la melancolía, etc. Los cometas como vemos, han sido los mensajeros del cielo más populares a través de la historia de la humanidad.

Imagen superior: Grabado en cobre de Alberto Durero representando La Melancolía (siglo XV y XVI, Germanisches Nationalmuseum. Nuremberg Alemania). |
Como astrónomo, es un "animal" (recopilado por Sebastián Musso)
...Muchos imagina que los animales tienen profesiones y oficios, algo que se deriva de las fábulas y tantas otras veces de su comportamiento. Al hornero le dicen "arquitecto", mozo al pingüino, y cartero a la paloma.
Hay en América un ave a la cual le gusta caminar de noche mirando siempre para arriba, es un primo hermano del búho, llamado ñacurutú. Este bichito es el pájaro astrónomo, sin telescopio se las ingenia para observar las estrellas pareciera.

Imagen superior: El ñacurutú o pájaro astrónomo. |